En
la fila para entrar a cine que estaba larga y se enroscaba vi a una concejala
que habla mucho y muy feo que no sé cómo se llama pero que tengo presente
porque la voz le va perfecta con la cara delgada, filosa, aguda. La he oído en
radio dando unas entrevistas aburridoras sobre su gestión, pero lo importante
no es ella sino la hija que estaba ahí en la fila acompañándola, una muchacha
alta con el pelo morado y los ojos negros. La gente hablaba animada y yo también estaba
hablando con Carlos de la película que íbamos a ver que era una secuela, él me
contaba cómo había terminado la anterior porque yo no me acordaba. Cuando me
fije en la muchacha no le preste más atención a Carlos porque vi que abría los
labios y yo necesitaba oírla y saber si la voz era como la de la mamá y no, no
era como la de la mamá, era peor. Seguí hablando con Carlos y luego en la sala
gracias a él que eligió los lugares nos sentamos justo al lado de ellas de la
mamá y la hija. Carlos me dijo que lo bueno era que viendo la película iban a
estar calladas. No estuve tranquilo ni un solo minuto dentro de la sala temiendo oírlas, a fuera le dije a Carlos que peor que las voces feas son las voces feas susurradas.
sábado, 1 de abril de 2017
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