sábado, 1 de abril de 2017

Feas

En la fila para entrar a cine que estaba larga y se enroscaba vi a una concejala que habla mucho y muy feo que no sé cómo se llama pero que tengo presente porque la voz le va perfecta con la cara delgada, filosa, aguda. La he oído en radio dando unas entrevistas aburridoras sobre su gestión, pero lo importante no es ella sino la hija que estaba ahí en la fila acompañándola, una muchacha alta con el pelo morado y los ojos negros. La gente hablaba animada y yo también estaba hablando con Carlos de la película que íbamos a ver que era una secuela, él me contaba cómo había terminado la anterior porque yo no me acordaba. Cuando me fije en la muchacha no le preste más atención a Carlos porque vi que abría los labios y yo necesitaba oírla y saber si la voz era como la de la mamá y no, no era como la de la mamá, era peor. Seguí hablando con Carlos y luego en la sala gracias a él que eligió los lugares nos sentamos justo al lado de ellas de la mamá y la hija. Carlos me dijo que lo bueno era que viendo la película iban a estar calladas. No estuve tranquilo ni un solo minuto dentro de la sala temiendo oírlas, a fuera le dije a Carlos que peor que las voces feas son las voces feas susurradas.  

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