domingo, 30 de abril de 2017

Joyero

Me quedé en la acera al lado de la moto con el casco en la mano, Ana cruzó la calle y esperó su turno para usar el cajero. Mire las camisas exhibidas en la vitrina del almacén que estaba al lado de la moto mientras esperaba. Un poco más atrás un señor también esperaba en su moto a un muchacho que usaría el cajero después de Ana, tenía el casco puesto y no se bajaba de la moto.A su lado había un local de puertas blancas cerradas en las que se leía grande “joyería Jaramillo” arriba de la puerta un letrero de los que alumbra decía lo mismo. 

El señor tenía la vista puesta en su celular cuando se le arrimó un tipo flaco y bigotudo que le preguntó si esperaba al joyero, por la calle pasaban pocos carros en ese momento, el señor miró a quién le hablaba y antes de responder guardó el celular. Le dijo que no, que estaba esperando a su hijo. Es que el joyero no abrió hoy porque se mató, cómo le parece eso, y estaba joven, dizque tomó cianuro, cómo es de bravo eso que le destroza a uno todo por dentro. El señor en la moto le dijo que sí que muy horrible en un tono cortante, no le interesaba la noticia o ya la conocía. El flaco le dijo que lo estaban velando en San Agustín y luego siguió caminando. 

Ana me preguntó si se había demorado y le dije que no, se montó en la moto y la encendió, me puse el casco y me monté, las piernas me quedaban cortas. Ana me dijo que a todo el mundo le causaba dificultad montarse y yo le dije que no todos éramos grandes como ella. pensé en contarle lo del joyero pero se me pasó. 







viernes, 28 de abril de 2017

Libro

Ángel rechazó las tres propuestas de portada que le entregaron los diseñadores, estaba buscando otra cosa. La primera propuesta era una ilustración en la que un hombre con el torso desnudo y el rostro borroso salía de entre las llamas. La segunda propuesta era una fotografía de una vieja edificación en llamas que parecía ser un castillo. La tercera propuesta era una ilustración del ave fénix. Los diseñadores le preguntaron a Ángel si le disgustaba el fuego, si le parecía que se había excedido con las llamas, sí lo que quería era algo más sombrío. Ángel les dijo que estaba esperando algo más personal. Los diseñadores que no había sido capaces de terminar de leer el libro, acostumbrados a lidiar con los caprichos de los clientes prestaron atención a las sugerencias de Ángel. La portada final del libro autopublicado era la ilustración del ave fénix pero con la fotografía de Ángel en plano medio a todo color justo al lado del fénix pero mucho más grande que el ave despojada de toda imponencia. Ángel vio la propuesta y los felicitó les dijo que era justo eso lo que él quería. 

jueves, 27 de abril de 2017

Dulce

  
A la tía josefina le gustaba mucho el dulce de auyama le gustaba prepararlo, servirlo, compartirlo. Parecía que disfrutaba más compartirlo que comerlo y no había visita que se fuera de su casa sin haberse comido antes una taza considerable de dulce de auyama con leche de vaca. Acá no nos pueden faltar un buen par de vacas lecheras, yo creo que Pina las quiere más a ellas que a mí, decía Josué el esposo de la tía.

Por la casa de la tía josefina pasaba mucha gente y ella le ofrecía dulce a todo el que llegaba, un día le sirvió dulce a un estudiante de agronomía que estaba haciendo su semestre de práctica en las veredas del municipio con el comité de cafeteros, el muchacho se llamaba Jaime Andrés y ese día iba con una compañera que le dejó servido el dulce a la tía porque dizque no le gustaba la auyama. Jaime Andrés se lo comió todo y se despidió agradecido de Josefina que le respondió entre dientes mirando muy mal a la muchacha.

Jaime Andrés volvió arrimar la casa de la tía josefina esa semana y las dos que siguieron y Pina era amable con él pero no le ofrecía dulce, a cambio le ofrecía agua panela. Jaime veía a otra gente llegar y sentarse en el corredor a comer dulce y se antojaba, más cuando lo estaba acosando el hambre pero igual no le ofrecían.

Recorriendo unos tajos mejorados que habían trazado juntos porque según Jaime Andrés el café que sembraba Josué quedaba muy separado y desperdiciaba espacio y perdida utilidades el muchacho se animó a preguntarle a Josué si él sabía porque doña Josefina estaba disgustada y ya no le ofrecía dulce de auyama. A Josué la pregunta la causó gracia y riendo le dijo que a Pina no se le podía dejar servido el dulce nunca. Jaime Andrés le dijo que al él le había encantado que se lo había comido todo. Pero su novia ni lo probó, le dijo Josué. Ella no es mi novia, le dijo Jaime Andrés y si sigue así ni se gradúa. Lo único que yo le digo es que a Pina no se le deja el dulce servido a mí me ha echado de la casa dos veces por eso. 

miércoles, 26 de abril de 2017

Útil


El trabajo le llegó a la casa un jueves por la tarde después de que su odontólogo lo llamará a pedirle ayuda para borrar de la bandeja de mensajes de Facebook unas conversaciones que había sostenido con una de sus amantes.

Su esposa lo había descubierto y en ese mismo momento las estaba leyendo y le estaba llenando el celular de pantallazos con las partes más calientes de la conversación y él necesitaba que David lo ayudara a borrar lo que ella aún no había leído, lo que era caliente de verdad.

David abrió el computador y escribió el correo y la contraseña que su odontólogo le dictó y empezó a borrar sin leer, no tenían tiempo para chisme. El odontólogo le dijo que tenía a la secretaría desde hacía diez minutos borrando conversaciones y que no daba abasto. Él estaba atendiendo a un paciente y no lo podía dejar esperando mientras se ponía a borrar.  

Era la primera vez que David hacia algo así, le habían pedido ayuda para botar perros muertos, entrar a casas sin dueños a desvalijar baños, envenenar gatos, a eso se negó porque no le gustaba trasnochar. Le habían pedido ayuda con trasteos, eso era lo más común y hasta lo había dejado a cargo de niños pequeños pero era la primera vez que borraba las conversaciones privadas de alguien.


Cuando terminó de borrar los mensajes llamó al odontólogo y le dijo que nunca se hubiera imaginado que él lo iba a poner en esas. El odontólogo se disculpó con David diciéndole que lo había llamado porque le tenía confianza y porque en consultas anteriores habían hablado de temas relacionados. David le dijo al odontólogo que cuando lo necesitara bien pudiera. El odontólogo lo recomendó entre sus amigos y esa misma noche David estaba haciendo algo parecido para una abogada amiga de la secretaría del odontólogo. no pasa un día sin que alguien lo contacte. 

martes, 25 de abril de 2017

Rechazar el hecho

El gremio de rechazadores de hechos trabaja duro y sin descanso. Inician labores a las seis de la mañana con aromática caliente, el tinto les alborota la acidez y les mancha los dientes. La actividad de Fernando allí es siempre la misma, rechazar el hecho. Tiene un teléfono a la mano y revisa los periódicos mientras llama a los noticieros radiales y dice que es aterrador y que rechazan el hecho. Sus compañeros hacen lo mismo. Rechazan hechos todo el día y toda la noche. El día nacional del rechazador de hechos es el 25 de abril y los noticieros lo celebran por lo alto. Ningún periodista radial se imagina el horror de informar sin la existencia de los rechazadores de hechos. Muchos dicen que gracias a los rechazadores de hechos se puede contar con una frase tan precisa para finalizar algunas notas, "los" o "las", "ellos" o "ellas", rechazan el hecho. 

lunes, 24 de abril de 2017

Pañales

Cuando un camión cargado de pañales queda volcado en la vía no hacen falta bebés para que la gente se acerque al lugar del accidente y se lleve todos los paquetes que el cuerpo le permita cargar. La romería del pueblo al camión y del camión al pueblo se puede comparar solo con la del año pasado cuando una avioneta se cayó en un cañaduzal cercano a la salida sur. Del piloto no quedó nada, pero el conductor del camión sí, quedó algo que se salvó cuando los pañales se acabaron; sí hubiera sido un camión más grande lo hubieran dejado morir. Por la noche en el parque de la plaza dos viejos toman aguardiente sentados en paquetes de pañales. Si Dios quisiera este pueblo el camión volcado hubiera estado cargado de brandy o ron, dijo uno. Mejor de aguardiente que el ron no me gusta tanto le dijo el otro. 

viernes, 21 de abril de 2017

Dirección

Una señora estaba perdida por el 20 de julio, buscaba la carrera24a. No se baja de la moto y miraba a lado y lado de la calle fijándose en las nomenclaturas de las casas, avanzando muy despacio. Me preguntó a mí y yo no le pude ayudar porque no tenía ni idea de lo que me preguntaba. La vi preguntarle a otra gente que caminaba por ahí sin encontrar una respuesta que la ayudara con la dirección. De haberse encontrado con otra gente que supiera ayudarla o haber dado con una calle vacía la señora hubiera vuelto a la casa contenta o menos frustrada. Mientras caminaba se me ocurrió creer que ese sería un programa de televisión que yo vería, seguro que mi empatía estaría con los que no ayudan porque no quieren o porque no saben y todavía más con los que saben pero mejor no dicen nada porque uno nunca sabe. Aunque ver como no ayudamos a la gente en directo es más entretenido. 

jueves, 20 de abril de 2017

Estrechos

Tres señoras en la cabina de un jeep y un conductor gordo que golpea con la palanca de cambios la rodilla de una de ellas y le dice que disculpe que es que van estrechos y ella le dice que tranquilo que ni se había dado cuenta. El conductor disgustado por el tono de la respuesta le dice a la señora que sí se siente muy incómoda se puede pasar para atrás que allá hay puesto. Las otras señoras no dicen nada. La señora afectada se acaricia la rodilla, y lamenta en silencio que se haya ensuciado el jean. Con cada brinco del carro pareciera que el ataúd se va salir y va caer en medio de la trocha. El conductor las ve preocupadas y les dice que se tranquilicen que el cajón va bien amarrado pero que si quieren se puede ir atrás teniéndolo para que se sientan más tranquilas que bien pueda que ahí están los puestos. Las señoras se miran entre ellas en silencio. Pasado un rato, unas cuantas curvas y uno que otro hueco el conductor les dice que él habla con lo muertos. La señora que va recostada a la puerta le dice que ella también. El conductor le dice que cada vez son más los que pueden y ella le dice que nunca había visto un muerto más callado. La señora que sigue acariciándose la rodilla les dice que seguro incomodos no hablan. El conductor mete el cambio con fuerza y le vuelve a golpear a la señora. 

martes, 18 de abril de 2017

Conejo



Sebas les dice a los amigos que llegó tarde porque cuando venía para la cancha se encontró a un conejo y le tocó perseguirlo para agarrarlo. Uno de ellos, el arquero, que siempre ha querido ser delantero sin que lo dejen sus compañeros porque es mejor tapando, le preguntó si se lo había encontrado o se lo había robado. Mientras el equipo hacia chistes con lo que acababa de decir el arquero Sebas sacó del maletín un conejo grande y gris. Les dijo que lo había tenido que perseguir porque era muy arisco. El arquero lo tomó en sus manos y lo acarició, luego lo puso en el suelo y el conejo empezó a morder el pasto, manso y tranquilo, apena si se movía en el área chica. Vean lo arisco que es, miren no más, dijo un defensa y otra vez volvieron las risas y los chistes. Quién sabe a qué niño habrá dejado sin mascota este guevón, dijo otro de los muchachos. Está mansito acá seguro porque estamos todos, dijo Sebas. Sí seguro le da pena, completó el arquero. No enserio allá estaba arisco, casi que no lo agarró, se metió por entre unos mangones ahí cerca de la autopista, dijo Sebas. Es más fácil encontrarse billetes o carteras dijo un volante, no hay que perseguirlas. Y le dijeron que eso que siguiera así, que le estaba haciendo mucho provecho la vitacerebrina que se estaba tomando. El arquero levantó al conejo y lo siguió acariciando, le preguntó a Sebas que él para qué una mascota y Sebas soltó una carcajada, que mascota la chimba, que no señor, que el conejo era para comer, apenas terminaran de jugar se iba para la casa a prepararlo. No le da pesar, preguntó el arquero. Pesar da no comérselo con lo rico que es, dijo Sebas. No le da asco, preguntó un defensa. Sebas dijo que asco por qué si eran animalitos muy limpios. El arquero dijo que mejor iban a la autopista por donde se lo había encontrado a buscar al dueño. Sebas dijo que ni por el putas que él ya se lo había encontrado. 

lunes, 17 de abril de 2017

Viajes



El final del viaje no es el viaje final le decía Elkin a Diana cada que regresaban, retirándole un mechón de pelo del rostro. Guardaban la moto en el garaje y ella le decía que no abusara de la bobada retirándole la mano. Él le decía que era enserio. Diana entraba a la casa y saluda a su marido que estaba en la sala viendo fútbol. Elkin encontraba a su esposa en la cocina sirviendo la comida y a los niños en la mesa. Todo parecía fijado de antemano, libreteado. Elkin no hablaba de Diana durante la comida y Diana no mencionaba a Elkin mientras metía la carne en el horno. Ambas parejas se habían conocido en una fiesta del trabajo. La esposa de Elkin le agrada a Diana y Elkin va con el esposo de Diana al estadio, son hinchas del mismo equipo. Elkin existe en la mente del esposo de Diana y Diana existe en la mente de la esposa Elkin. El viaje de Diana y Elkin sucede allí. 

viernes, 14 de abril de 2017

Florecer

Cada hombre tiene en sus manos un ramo de flores. Rosas, claveles, azucenas, hortensias, tulipanes, margaritas, anturios, begonias, dalias. Los hombres se parecen entre ellos, altos, atléticos, peinando con abundante cera, todos de traje y relucientes zapatos negros. Están en completo silencio uno tras otro en una fila que apenas se mueve. La diferencia notable entre unos y otros es el tipo de flores que llevan. La gente que pasa por allí desconoce el motivo de la fila pero disfruta mirarlos tan quietos, elegantes e indiferentes. La fila sigue creciendo con el pasar de las horas y no tiene razón de ser, está ahí para que la vean para que la recuerden. Para que la disuelvan o comercialicen, lo que pase primero. 

jueves, 13 de abril de 2017

El efecto trapo


El invitado central de la tercera convención nacional de buscadores de patentes era Manolo Gutiérrez Plaza director del programa radial “una vida para curarse” dedicado a promover la medicina alternativa, emitido en una emisora comunitaria de Cali. Reconocido por sus conferencias sobre el poder de las plantas para cuidar la vida y de cómo usar la vida cuidada haciendo parte del mejor trabajo del mundo donde cada quién puede ser su propio jefe en varias de las empresas multinivel que lo contrataban.

La asistencia al coliseo Victoria Rojas donde se desarrollaba el evento contaba con una discreta asistencia que esperaba inquieta la intervención de Manolo Gutiérrez que según rumores expondría los casos de curación absoluta de molestias como la migraña y los lumbagos usando correctamente el trapo de la cocina. 

Sectores más interesados en obtener patentes que les permitieran hacer dinero no confiaban en Gutiérrez y lo que se rumoreaba, sólo a un idiota se le ocurría compartir gratuitamente la cura para males menores, los más rentables. Creían o primero que el cuento del trapo de la cocina ocultaba algo más grande, algo por lo que pensaba cobrar, o segundo que Gutiérrez era en efecto un idiota. No se decidían por ninguna.

Manolo se subió a la tarima micrófono en mano, sonriente y seguro. Al igual que en todas sus conferencias inició contando detalles de su infancia, les habló de la huerta de su abuela y de las bebidas que le daba cuando le dolía el estómago y del barbasco con el que le lavaban la cabeza para matar los piojos. Los que lo escuchaban en radio sabían que de eso hablaba siempre. Poco después habló de lo que todos esperaban, el trapo de la cocina.

Las personas que usaban toallas desechables en sus cocinas se estaban privando de las posibilidades milagrosas de curación que les podía ofrecer un trapo húmedo y curtido, decía Manolo. Pero él no tenía mucho que decir porque los efectos positivos del trapo de la cocina hablaban por si solos y en se momento empezó el video con los testimonios de sus pacientes: María se había curado de la migraña, Juana de un espolón, Pablo del dolor en la nunca que le generaba el constante estrés, José incluso decía que el trapo de la cocina desaparecía verrugas y quitaba arrugas. Los testimonios estaban grabados por las personas desde sus casas con el celular, eran cortos, ágiles y convincentes. Los asistentes aplaudieron a Manolo cuando volvió a tomar la palabra.

El trapo de la cocina se toma del aparador tal y como esté sin importar que se haya limpiado con él y se lleva al lugar del dolor se deja puesto allí como un emplasto o una venda por un rato, es elemental usar el trapo sin lavar. La operación debe realizarse diariamente y si se puede hacer más de una vez al día mucho mejor.

Cuando Manolo terminó de hablar uno de los asistentes Edgar Herrera que en la convención pasada había conseguido la patente de las camisetas talla L y XL para hombres gordos y bajitos, espaldones y bajitos o mal armados y paticorticos, camisetas disponibles en distintos materiales más cortas y más anchas que las camisetas talla L y XL para hombres gordos y altos, espaldones y altos y mal armados y altos, le preguntó a Manolo cual era el objetivo de patentar algo que no se podía comercializar, algo que no se podía vender, para qué quería curar los males menores de la gente con algo que no les iba a costar nada.

Manolo le dijo que no todo se hacía por plata que algunas cosas se hacían para cambiar las vidas de la gente y ser recordados por eso, con el trapo de la cocina lo que él quería era rendir un homenaje a su abuela, guardó silencio y bajó la vista por un momento como si la palabra abuela incluyera la obligación inmediata del minuto de silencio después de ser dicha.

Pasado el minuto le dijo al asistente que para conseguir dinero y ascender en la escala social lo mejor era ser su propio jefe y hacer parte del negocio seguro e incluyente de las empresas multinivel, aprovechó para invitarlo a él y a los demás a la serie de conferencias para emprendedores que iba a dictar la próxima semana, una serie denominada “para qué soñar con el yate si lo grande es el mar, para qué soñar con el jet si lo grande es el cielo, para qué soñar con los otros si el grande es usted”.  

Otro asistente se preguntaba por la intensidad de los efectos del trapo, quería saber si el trapo de la cocina era más efectivo cuando más comida se preparaba, qué pasaba con las personas que vivían solas y cocinaban poco, servía usar el trapo de cualquier cocina o era necesario que el trapo fuera el de la cocina de uno. Manolo le pidió al participante tranquilidad y le recordó que la medicina alternativa necesitaba siempre una dosis de voluntad por parte del paciente y esa voluntad ese deseo de curarse eran tan importante como el trapo de la cocina, ninguno de los factores que él había enumerado influían en el proceso de curación mientras se combinaran ambos.

Manolo les avisó que respondería solo una pregunta más. Una señora de la primera fila le preguntó que sí los trapos con los que limpiaban las barras y las mesas de los bares tenían un efecto similar. Manolo sonriente le dijo que le encantaba esa pregunta, que era visionaria, ambiciosa. No podía afirmar aún cuales eran los efectos de los trapos de los bares cantinas y discotecas pero le podía asegurar que la investigación estaba muy adelantada.


Entre los asistentes más adinerados se comentaba con cierto desprecio que sí el trapo de la cocina era tan efectivo como decía Manolo por lo único que iba a ser recordado era por su culpabilidad de la quiebra de un importante sector de la industria. Antes de retirarse Manolo Gutiérrez los invitó a todos a usar el trapo de la cocina y comprobar los beneficios por sí mismos. Luego anunció a la siguiente ponente que además era también su esposa. Se bajó de la tarima y le entregó el micrófono a ella que saludó efusiva y agradeció que estuvieran allí acompañándola en la presentación de la marca “Milagro” especializada en toallas para cocina, “tan buena que limpia hasta el dolor”. 

lunes, 10 de abril de 2017

vigilante

El plan falló, el ruido del camión chocando contra un poste despertó al vigilante. Los tipos corrieron cuando lo vieron levantarse de la silla. Se escondieron tras el matorral. El vigilante alumbraba por todas partes con su linterna. Los tipos se arrastraron intentando evitar el ruido mientras buscaban salir a la carretera. El vigilante regresó a su silla, cansado de buscar, prendió el radio y buscó el termo con el tinto. Ojalá mañana no le dé a ningún hijueputa por chocarse justo por acá, dijo uno de los tipos. Pensé que sabotear vigilantes era más fácil, respondió el otro. 

domingo, 9 de abril de 2017

Origami

No consiguen ponerse de acuerdo en la separación del único bien común. Una vaca de origami que les regaló su ahijado de bautismo. Carlos dice que Benjamín es el hijo de su mejor amigo y que de no ser por ese lazo ella no hubiera tenido la oportunidad de ser la madrina del niño. Natalia dice que es evidente que Benjamín la quiere más a ella y que lo tiene sin cuidado que su padrino y su papá sean amigos desde niños. Carlos le dice que si ella pudiera tener hijos él no tendría que conformase con los sobrinos y los ahijados para sentirse papá por un rato. Natalia le pregunta que sí aún cree que los abortos fueron involuntarios. Carlos rompe la Vaca de origami. 

viernes, 7 de abril de 2017

Cómo saber en qué momento matar a la mascota del vecino


En el edificio Los eucaliptos cercano al centro el único que duerme hasta tarde es Pablo del apartamento 42ª los demás están antes de las siete de la mañana en el parque con sus perros, todos con bolsa lista para recoger el popo. Cuatro veces le han ofrecido cachorros de distintas razas, un labrador, una salchicha, dos criollos pero Pablo se ha negado a recibirlos argumentando que no tiene tiempo para mascotas y no conoce a nadie que le cuide al animalito cuando viaje y, el trabajo lo obliga a pasar mucho tiempo en terminales y aeropuertos.

Al principio las disculpas de Pablo dejaban satisfechos a sus vecinos pero pasados lo meses viéndolo todas las semana sin salir empezaron a mirarlo con cierto desdén. Pablo trabajaba en su apartamento diseñando y actualizando páginas webs, eso decía él, lo que hacía era mucho más complicado pero lo angustiaba tener que explicarlo.

Cuando notó que sus vecinos ya no lo saludaban le dijo al vigilante que en el edificio le tenían envidia porque no tenía que madrugar. El vigilante le dijo que lo que él había oído era que estaban recogiendo firmas para echarlo del edificio porque su repudio por los perros era una amenaza. Pablo escuchó incrédulo y antes de volver a su apartamento le preguntó al vigilante cuantos de los que vivían en el edificio tenían perro y el vigilante le dijo que todos.

Compartió el ascensor con dos señoras que apenas había visto, ambas sujetaban las correas coloridas de sus perros. Pablo no se fijó en ellas, intentó mantener la mirada fija en sus tenis, las señoras muy serías dejaron de hablar cuando él entró. Pablo sintió que los perros lo miraban, levantó un poco la vista y ahí estaban los dos observándolo sentados quietos como si fueran de porcelana. Sin querer hizo contacto visual con uno de ellos, el más grande, un labrador, parecía tan triste que Pablo no pudo mirarlo más, levantó el rostro para mirar a la señoras y salió fastidiado del ascensor.

Entró al apartamento y se derrumbó en el sofá. En qué momento inventarse un cuento chimbo para evitar un encarte se había convertido en un desprecio desmedido y declarado por los perros. Cuándo sus vecinos se volvieron eso que eran, eso tan feo, cómo no se daban cuenta que los perritos estaban tristes. Eso y más se preguntaba Pablo con las manos inmóviles sobre su redonda panza.

Antes de las seis cuando Pablo volvía a su apartamento después de pasar la noche en un bar hablando con los conocidos de barra vio en el parque a muchos de sus vecinos paseando a sus mascotas. Tenía sueño y las cervezas le habían caído mal pero se quedó en una banca viendo a los perros ir y venir por ese parque, lentos como agotados, ni se olisqueaban el culo con gusto ni se veían colas arriba moviéndose con gracia. En los ojos de cada perro veía la misma tristeza que había visto días antes en el labrador. Pablo no sabía si los perros habían estado siempre así y él no se había dado cuenta porque no le interesaban, si eso era lo natural y él estaba aterrado porque apenas lo descubría, seguro los dueños de los perros ya se habían acostumbrado de tanto verlos.  Pablo le daba vueltas a sus dudas si dejar de mirar a los perros, no entendía cómo ellos no habían hecho nada al notar esa tristeza. Le dolió la cabeza, era el sol que le empezaba quemar la frente. Se encaminó al edificio y no pudo evitar sentir la sospecha con la que lo observaban sus vecinos, eran rostros acusadores.

Esas señoras y esos señores que no se daban cuenta de lo que pasaban con sus perros eran los mismos que lo querían echar del edificio. Trabajaba mal, equivocaba los códigos, no dejaba de darle vueltas a lo mismo. Sus vecinos habían decidido que él era el tipo que despreciaba a los perros cuando a quien de verdad detestaba era sus vecinos, se había negado a ir a cumpleaños y a matrimonios a reuniones comunales, había evitado navidad y año nuevo en el edificio, había pasado por mal educado a voluntad para no relacionarse con ellos, todo para que no volvieran a invitarlo todo para no estar en sus listas de vecino o amigo. Deseaba pasar inadvertido y nunca aceptó un cachorro porque eso lo hubiera comprometido de una manera familiar con quien se lo regalará y él no quería ser el compadre de ninguno de ellos.

En el escritorio de madera lacada y sin pintar donde estaban los equipos con los que Pablo trabajaba había una gaveta cerrada con llave en la que guardaba la única cosa que le había heredado su papá, un Smith Wesson calibre 38 largo sin funda con la cacha pelada. La primera y única arma que había empuñado en sus manos, con la que le había enseñado a disparar apuntándoles a las ardillas que se comían el maíz en la huerta de la casa donde se crío, con el que su papá mató al pastor alemán que se había vuelto gallinero y estaba dejándolos a ellos y a los vecinos sin huevos. El perro estaba amarrado a un carbonero entre el cafetal donde su papá hizo el hueco para enterrarlo, Pablo vio cuando le disparó, vio los ojos del perro en el último momento, eran ojos brillantes, saltones, felices.

Pablo sintió que tocaban la puerta y corrió abrir con el revólver en la mano, de eso se dio cuenta cuando vio las caras aterradas de sus vecinas. Se metió el revólver en la pretina del pantalón y le preguntó a sus vecinas qué era lo que necesitaban, lo dijo intentando poner un tono de voz intimidatoria, igual lo iban a echar. Las señoras venían acompañadas por sus perros. Ninguna podía ocultar la incomodidad de estar ahí, le entregaron a Pablo unas cuantas hojas y le explicaron lo que ya le había contado el vigilante. Pablo les dijo que de donde habían sacado ellas eso de que él despreciaba los perros y una de las señoras muy segura de sí le dijo que eso se notaba, que era obvio que así era y de eso todos en el edificio estaban convencidos. Pablo miró los perros y no pudo ver nada distinto de lo que ya venía viendo, animales acongojados como si fueran personas. Recibió la carta y no discutió con las señoras, les dio la espalda y cerró la puerta.


Pablo volvió al escritorio y siguió trabajando, cada cierto tiempo miraba las hojas que le entregaron las señoras, luego buscó en el banco de imágenes de google: “perros alegres” y las fotografías disponibles no le gustaron, lo que veía era gente maluca deseando animales y no animales deseando gente maluca. No podían gustarle los dueños de los perros y cuando Pablo dijo eso se asustó, en donde se iba a meter, a donde iba a vivir un tipo como él que estaba iniciando su enemistad con los dizque “propietarios” de los perros y con esa palabra horrible sentía que tenía razón que el equivocado no podía ser él, que los únicos que tenían que perderse del mundo eran los que decían sacando pecho “el perro es mío”.  Volvió a empuñar el revólver, a sentir el peso en la mano, salió del apartamento y entró al ascensor tenía las hojas en el bolsillo de la chaqueta y bajó al quinto piso a buscar el apartamento del primer vecino que aparecía como firmante en las hojas, tomó aire y tocó la puerta con la cacha. 

jueves, 6 de abril de 2017

Un monstruo

Esta semana hablé con un tipo malvado, desalmado y mezquino. Lo vi desde lejos preparándose para acabar con la armonía de la noche, sonriente, incluso se puede decir que le pone amor a lo que hace. El tipo se llama German y trabaja en el parque del barrio Villa Colombia. Hasta hace un año ese era un parque a secas y hoy es un parque biosaludable, o sea que instalaron un montón de fierros bien pintados que están al sol y al agua y que sirven para que la gente haga ejercicio y en efecto muchos gordos y otros no tan gordos pasan ahí la ultima hora de la tarde y la primera de la noche sudando la gota amarga. Ese es el entorno en el cual German se vuelve malo, enciende el horno a las 6.30pm y empieza preparar pizzas y la piña empieza a oler y las personas que se ejercitan no dejan de míralo y él amasa y manipula los ingredientes sonriente sabiendo que es la tentación, la amenaza de la dieta. German me dice que lleva dos semanas en el parque y que nunca había vendido tanto que es el mejor punto en el que ha estado y que espera que siga así. El tipo es un monstruo. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Dacia 1970

Tengo un amigo que empujaba carros cuando estaba triste y está triste porque cada vez hay menos carros que empujar. En la casa mi amigo tiene enmarcada una foto grande de una camioneta Mazda que había que empujar dos o tres días a la semana, el vecino vendió la camioneta y compró una Chevrolet nueva de última tecnología que ya no se vara, y como tuvo con qué comprar la camioneta también tuvo conque comprar casa en otro barrio. Anoche mi amigo me llamó a mí y a otros tantos para celebrar con nosotros la compra de un Dacia modelo 70 acabado y oxidado que vamos a empujar juntos y que él va a seguir empujando cada que la congoja lo acose. 

martes, 4 de abril de 2017

Atraco

Nunca me había dicho un atracador que trabajáramos juntos, nunca hasta hoy me había tocado un atracador tan simpático, sí hubiera llevado el teléfono me hubiera sacado una selfi con él pero igual la foto se la hubiera llevado él, es que si yo hubiera tenido algo encima que el tipo me pudiera quitar se nos hubiera perdido la posibilidad de conversar, una tristeza porque lo disfrutamos, hablar nos vino bien.  Me paró a las nueve de la noche por la transversal 12 yo venía caminando muy sudoroso con una pinta de perdedor que solo se me quita cuando estoy dormido. 

Y entonces papi qué es lo mío, me dijo el flaco y yo le dije cómo lo suyo pana, pues nada. Entonces me puedo ir me dijo. Claro parce cuando quiera, le dije yo. Pero no estábamos parados en medio de la calle hablando, no. Estábamos caminando, yo seguí, por miedo no me detuve cuando el flaco apareció, él siguió caminando a mi lado y yo recreando en mi cabeza el atraco esperaba que el flaco sacara el cuchillo y el tipo tremendo de esos que no decepcionan saca un chuzo y me dice que no está jugando que le pase lo que tenga. 

Ahí me cague de miedo y tembloroso y tartamudo le dije que no llevaba nada, que salía a caminar no más, que todas las noches caminaba una hora para no ponerme más gordo y cuando le dije eso el tipo bajo el chuzo y se rió. 

Pa eso lo que tiene que hacer es meter vicio, véame a mí ni un gramo de grasa, me dijo el flaco. Seguimos caminando y yo le dije que no podía volverme vicioso porque me echaban de la casa y que yo era mantenido y el flaco me dijo que se me notaba en lo gordo y yo me reí y el tipo se rió también y me dijo que ya había atracado a tres por esa misma calle y que yo era el gallo tapao de la noche, que siempre había uno como yo que estaba igual de vaciado que él pero que estaba bien vestido. Yo le dije que a uno mantenido no se le perdía la comida pero que siempre andaba en limpio y ahí fue donde me dijo el tipo cuando quiera atracamos juntos que usted como es gordo no genera sospecha porque los gamines no son gordos. Yo le dije que no, que era muy torpe para eso y el tipo me dijo que a él le iba bien porque era ágil, más lizo que un jabón. Yo le dije que bacano y él me dijo que sí y ahí me dijo que si me acompañaba y yo le dije que ya casi llegaba y él me dijo que entonces seguía a ver si cuadraba la noche. 

domingo, 2 de abril de 2017

Llaves

Dolores golpea la puerta tres veces y nadie le abre, vuelve a golpear más fuerte y nadie le abre, golpea de nuevo tiene los nudillos colorados y siguen sin abrirle. James ábrame. James. James. James. James abra esa maldita puerta. La luz encendida en el interior se deja ver por la ventana y bajo la puerta. Dolores es la abuela y James es el nieto, viven juntos desde el año pasado. El papá de James existe como referencia y la mamá que es la hija de Dolores trabaja lejos. James quiere llaves de la casa y Dolores le dice que no las necesita porque es un niño, James dice que no es excusa. James. James abra esa puerta James si no quiere que lo acabe a tiestazos. Dolores grita sin dejar de golpear la puerta. Nadie abre. Uno de tantos vecinos mirones le dice que rompa el vidrio de la ventana del segundo piso que seguro la casa está sola o a James le paso algo. Dolores entra por la ventana con la ayuda del vecino que le presta una escalera, le duelen las manos de golpear, le tiemblan los labios, se seca el sudor. Va al cuarto de James y lo ve en la cama bajo las sabanas que ella retira con fuerza dejándolo al descubierto. Dolores le pregunta que por qué no le abrió y James le dice que estaba dormido que seguro no golpeo fuerte. Dolores lo golpea con una sabana enrollada y James intenta protegerse. Le dice que no se haga el pendejo y James le dice que no le pegue que es enserio que estaba dormido. James le pregunta por las llaves y Dolores le dice que las botó, James le dice que si el tuviera llaves no las botaría.

sábado, 1 de abril de 2017

Feas

En la fila para entrar a cine que estaba larga y se enroscaba vi a una concejala que habla mucho y muy feo que no sé cómo se llama pero que tengo presente porque la voz le va perfecta con la cara delgada, filosa, aguda. La he oído en radio dando unas entrevistas aburridoras sobre su gestión, pero lo importante no es ella sino la hija que estaba ahí en la fila acompañándola, una muchacha alta con el pelo morado y los ojos negros. La gente hablaba animada y yo también estaba hablando con Carlos de la película que íbamos a ver que era una secuela, él me contaba cómo había terminado la anterior porque yo no me acordaba. Cuando me fije en la muchacha no le preste más atención a Carlos porque vi que abría los labios y yo necesitaba oírla y saber si la voz era como la de la mamá y no, no era como la de la mamá, era peor. Seguí hablando con Carlos y luego en la sala gracias a él que eligió los lugares nos sentamos justo al lado de ellas de la mamá y la hija. Carlos me dijo que lo bueno era que viendo la película iban a estar calladas. No estuve tranquilo ni un solo minuto dentro de la sala temiendo oírlas, a fuera le dije a Carlos que peor que las voces feas son las voces feas susurradas.  

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...