jueves, 28 de septiembre de 2023

Irse, quedando -85

Lo que pasó después de que mi hermana y mi cuñado y los niños se fueran de la casa para vivir en las Canarias fue que a mi papá y mi mamá les pareció que la casa ya resultaba muy grande y que no necesitábamos tanto espacio y también les pareció que Tuluá ya no tenía mucha gracia y que no existía ninguna razón para seguir ahí. Hablaron del asunto una vez y otra vez y otra más, hasta que dijeron que ya estaba vendida la casa y que se iban a vivir a un pueblo cafetero. Yo vería si me iba con ellos o me quedaba. Y el trabajo, yo no podía dejar tirado un trabajo sin tener agarrado otro mejor y así de un momento para otro ya era yo un tipo independiente con casi cuarenta años viviendo en un apartaestudio con libros por todas partes y unos cuantos electrodomésticos cedidos por mi mamá. En el trabajo me dijo una compañera que tan bueno que ya tenía a donde ir a pasar vacaciones y me gusto ese apunte tan de nuestra generación.

Irse, quedando -84

Cuando hablo con los familiares de otras personas que también se han ido de Suramérica buscando ser los colonizados que conquistan al colonizador, me doy cuenta de que existen muchos cocos en los que creemos. 

El primer coco es que al que llega al aeropuerto de Barajas le piden el celular y que si encuentran conversaciones que indiquen que esa persona no va de paseo, sino a quedarse a cuidar viejitos o pegar ladrillos, entonces la devuelven para la casa. Por eso, mientras mi hermanita iba en el avión con su teléfono muerto, mi mamá les escribía a los familiares y amigos que por favor no le enviaran buenos deseos ni se despidieran ni nada de eso, incluso les pidió a varios que eliminaran las notas de voz en la que encomendaban a mi hermana y a mis sobrinos a la virgen para que les fuera bien. 

Otro coco en el que creemos muchos es que los que acompañan a los que dejan el país hasta el aeropuerto no se pueden despedir de manera muy afectuosa ni se pueden poner a llorar, porque es muy sospechoso que despidan a una persona que va de paseo a Europa como si la estuvieran enviando a una guerra o limpiar desechos nucleares. Por eso uno se despide afuera del aeropuerto y llora antes o después. 

Con cada persona que devuelven desde el aeropuerto y el talento que tenga para narrar su vivencia, los cocos crecen y todos los que se van a ir yendo, después empiezan por prudencia a creer en lo que dicen y los que no nos vamos también creemos y celebramos cuando nuestros familiares y amigos nos informan pegándose al Wifi del aeropuerto que están a punto de tirarse con sus maletas a las calles de Madrid a tantear esa nueva realidad y la posibilidad de que esos sueños que llevan al hombro se puedan cumplir. 

Irse, quedando -83

Las tierras públicas que se pierden para siempre, decía una arquitecta a la que entrevistaban en la radio, ella hablaba de los programas de vivienda de interés social que no se estaban desarrollando en la ciudad y de la falta de conexión de los proyectos urbanísticos con el río al que se le estaba dando la espalda. 

Acá quieren especular con la urbanización y construir edificios para alquilárselos por días a extranjeros, ponen la prioridad en los propietarios que se quieren enriquecer con el turismo y se dedican a ignorar a las personas que no tienen vivienda. Decía todo eso porque estaba convencida de que un gran terreno que le pertenecía a la ciudad iba a parar en las manos de los privados. 

El taxista cambió de estación porque la señora estaba hablando mucha mierda y yo no dije nada, el taxi es suyo y yo ya iba a llegar. Busque en mi celular la emisora después de bajarme del taxi para seguir oyendo esa entrevista y ya se había terminado, hablan de otra cosa. 

Me quedé pensando en lo dicho por la arquitecta, las tierras públicas que se pierden, se pierden para siempre; y pensando en todos los que vivimos acá y en los muchos que nos indignamos por las decisiones del gobierno que reducen los espacios públicos y en los muchos que se van, que se suben a un avión porque acá no tienen nada y porque no siente que eso que es público les pertenezca.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Irse, quedando -82

Un editor muy amable que siempre se toma el tiempo de leer mis propuestas, me dice que lo que hago es lo indicado. Nunca me ha dicho si le parece bueno o malo lo que escribo, aunque me explica por qué no lo puede publicar en la editorial para la que trabaja. Según él, me hace falta trabajar más las novelas y los cuentos, corregir, reescribir y madurar los proyectos. Autopublicar está mal visto en la academia y en la elite de los escritores reconocidos, pero lo que piensen los escritores no importa porque la mayoría de esos escritores son un invento de las editoriales. La diferencia entre los autopublicados y los escritores de editorial es que los autoeditados se inventan solos y no los respeta nadie. Cosas así dice el editor. Esta época está repleta de novelas escritas con receta, muchas las publicamos en la editorial para la que trabajo, son aclamadas y venden bien. Tenemos novelas correctas, bien escritas, pero no vamos a tener a un Saer o a un Levrero, a un Piglia o a un Pitol, a un Mutis o a un Bolaño y no es nostalgia mía ni ganas de permanecer en un tiempo pasado, me refiero a la originalidad de esas voces, eso cada vez se da menos. Eso agrega el editor. De pronto lo que necesita usted es hacer una maestría en escritura creativa, con eso tiene, de allá sale con una de estas novelas mejor lograda y de pronto hasta se gana a algún profesor y ahí si por fin consigue que lo publiquen. Con lo que pago una maestría le podría pagar a usted para que sea mi corrector y editor, le digo al editor y él se ríe y responde que sí, que es verdad eso, pero que la maestría ayuda. Le digo que lamparear un título ayuda y me responde que mucho. En mi generación la maestría se volvió tan imprescindible como el internet. Pocos quieren dedicarse a la investigación, pero no importa igual, la mayoría se esfuerzan por hacer su maestría, en el caso de los profesores el posgrado mejora el sueldo, pero con lo que uno paga la maestría se puede dedicar a engordar cerdos y seguro le va mejor, pero decir que uno es magíster suena mejor que decir que es marranero o que tiene sus negocios. Yo quiero ser novelista antes que magíster y si pudiera pagar ese estudio lo haría, un magíster en escritura creativa que engorda marranos en las goteras de la ciudad, me parece un personaje que podría escribir unos muy buenos diarios, género que también me recomienda el editor, según él sería mejor que yo escribiera diarios en vez de novelas. 

martes, 26 de septiembre de 2023

Irse, quedando -81

La preventa de mi tercer libro llegó a las 63 copias. Ni uno más. Después de mucho voltear y de compartir la fotografía de la tapa y la sinopsis en redes sociales y de comentarle a todo el que me encontrara que tenía una novela nueva, llegué a esa cifra y no pude pasar de ahí. El señor de la imprenta me dijo que manejáramos unas cifras redondas y entonces hice cuenta de los libros que se podían ir regalados, los que se les mandan a los periodistas, esperando alguna reseña. Conté también a los cuatro o cinco chichipatos que se hacen llamar gestores culturales, que por lo regular quieren hacerse con el libro, pero no se pueden gastar la plata del trago y las drogas en papel y comas mal puestas, para esos también su libro regalado y entonces mandé a imprimir 80 copias. Sacando números, ese libro, a diferencia del primero y el segundo, no dejaba deudas, ni perdidas, tampoco ganancias, porque yo no le ponía un precio al tiempo que me había llevado escribir la novela y a las horas con el culo y la espalda mal acomodada en la silla rimax que me había sostenido mientras avanzaba, para que las cuentas me dejaran contento. Lo maluco de autopublicarse es asumir ese rol de vendedor, no solo uno escribe, sino que además debe vender y vender no es algo que se le dé bien a todo el mundo y vender libros es algo que se le debe dar bien a muy pocos. Lo peor era que ya tenía listo lo que podría ser el cuarto libro. 

Irse, quedando -80

Doña Amparo me vende todas las semanas una rifa, nunca me he ganado ninguna, pero como siempre termina encontrándome, ella me echa sus cuentos, me persuade y me clava la rifa, dos mil o tres mil pesos, tampoco es más lo que me quita. 

Ella tiene un hijo que se fue a vivir a París, por allá se la rebuscó, no sé bien en qué porque la señora no sabe dar razón o no quiere hacerlo. Lo cierto es que, según el relato de doña Amparo, su muchacho se aburrió de París y encontró el modo de ir a parar a Zurich. Allá es como el oficio varios de un hotel y después de dos o tres años de estar por allá le mando los pasajes y plata para que ella fuera a visitarlo. 

Doña Amparo se fue y estuvo con él como dos semanas y volvió diciendo que ella nunca había estado en una ciudad que fuera tan silenciosa y tan ordenada. Que por allá no se veía a nadie por la calle vendiendo aguacates o gritando, juega le juega con chontico le juega, que era impresionante esa calma y que en ningún momento le había hecho falta la bulla y el ruido y el desorden y los carros pitando. 

Lo de doña Amparo me resultaba muy simpático, porque después de ese viaje se le metió que ella no quería estar más en una ciudad ruidosa y que ella tampoco iba a seguir haciendo bulla y dejó de vender las rifas y se dedicó a arreglar ropa con su máquina de cocer hasta que se decidió a vender la moto y los muebles y hasta la máquina y se fue para Suiza porque ella quería ser vieja en lugar así, ella quería vivir sus últimos años lejos de tanto ruido. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Irse, quedando -79

Gustavo me dijo que él ya se había jodido mucho en la vida, que había sudado mucho y metido el culo sin miedo para que a su mamá no le faltara nada durante la enfermedad, que cualquiera podía dar fe de su sacrificio y eran muchos los testigos de su lucha y ahora que su mamá estaba muerta y que el malparido cáncer ese se la había llevado él se iba a dedicar a una sola cosa, a culiar, a culiar hasta que se hastiara. Dijo que él sabía que un tipo viejo y sin plata como él no se podía dar esos gustos y que por eso se iba a trabajar en Estados Unidos, qué él pereza no manejaba y que era verraco como ninguno, que allá con esos gringos trabajaba tres o cuatro años bien juicioso y se volvía luego con los ahorros para gastárselos todos en putas de Medellín. Yo le dije que esa gente allá se la pasaba realizando campañas para quitarse ese estigma de la prostitución y Gustavo me preguntó que si yo tuviera 10 mil dólares para gastármelos en putas colombianas para que ciudad me iría y entonces mejor no le respondí y lo dejé hablar sin interrumpirlo. Me dijo que él no quería ni casa, ni carro, ni mujer, ni hijos, ni nada. Él iba a culiar, eso iba a hacer, culiar es lo que todos quieren, pero le da pena decir que esa es la meta, pero yo no, a mí no me da pena, me recojo esa plata y me la gasto toda en putas antes de que acá le den por prohibir ese trabajo y que él quería era culiar en Colombia y dejar esa plata en su país, porque él entendía como se movía la economía y que no le iba a dejar esa plata a ninguna gringa. Y se fue, como lo había dicho, dice que trabajo hay mucho, pero que para mí no hay ninguno que sirva, porque yo soy muy flojo, que yo ni pa culiar manejo ganas y que él va a trabajar para culiar porque cuando uno no tiene mamá no trabaja como mula para comprarle casa a la mamá.

jueves, 21 de septiembre de 2023

Irse, quedando -78

Daniel es el hijo de un señor que tiene una tienda cerca a uno de esos colegios en los que trabajé unos cuantos meses, un tipo amable y muy conversador. 

Estudiaba licenciatura en educación física y según el papá no ayudaba en la tienda porque le daba pena. Daniel decía que no le daba pena y que pasaba que la universidad no le dejaba tiempo. 

Ese señor de esa tienda le daba estudio a ese pelado y ya tenía una hija en Estados Unidos que se había graduado de arquitectura. Llevaba varios años en Atlanta y él ya había ido a visitarla dos veces. 

Mantenía una camioneta parqueada afuera del negocio y no se la prestaba a Daniel que quería ir en ella a la universidad, me enteré de eso y de una que otra cosa más de la cotidianidad debido a que afuera de esa tienda había un par de mesas y ahí me sentaba yo con mi computador tardes enteras a trabajar. 

El señor me decía que él no tenía problema en darle estudio a Daniel, pero que eso de la licenciatura en educación física no daba plata, es que vea, dizque salir a ser profesor, eso no sirve, con el perdón suyo y todo, aunque usted mismo se queja de lo poquito que pagan, pero la verdad es que estudiar para ser profesor es botar la plata, yo quería era que Daniel se montará un negocio también, pero no, al verraco no le gusta la tienda ni el supermercado ni nada, me decía el señor. 

Como los papás saben más que cualquiera y como no hace falta mucho talento para vaticinar el fracaso económico de un profesor, Daniel, que no quiso que su papá le montara una tienda, se ensayó de profesor y terminó migrando también, la última vez que supe de él me dijeron que está en Madrid y trabaja en un negocio que se llama Mercamadrid que viene a ser como una revuletería grandota.  


miércoles, 20 de septiembre de 2023

Irse, quedando -77

Uno de mis sobrinos, el menor, la tarde antes del viaje se dedicó a ver tutoriales de YouTube y a doblar cuadritos de papel, hizo aviones, barcos, ranas, estrellas ninjas, cuchillos, tortugas, pájaros, pescados y otras figuras que no sé muy bien que eran. Miraba la pantalla, atento a las explicaciones y luego pausaba y el video y doblaba. Sabía que no se iba a poder llevar ninguna de esas figuras, sabía que no iba a poder jugar con ellas horas más tarde porque se iba a tener que subir a un avión y pese a eso el niño seguía doblando papeles.  Me gustó eso y creo que de alguna manera encontré que había magia en ese acto.  La gente de mi generación habla de yoga y meditación y tai chi, pintan mandalas y se toman en serio el horoscopo, dizque porque todo eso los ayuda a vivir y a equilibrar sus emociones, pero ninguno habla de origami y me pareció que esa acción también tenía sus beneficios. Después, cuando ya se habían ido para el aeropuerto recogí las figuras sin saber si botarlas o guardarlas y me dio por desdoblar una de esas para armarla de nueva siguiendo los dobleces y admiré la paciencia que esa actividad requería y luego lloré, pensando en lo triste que debía ser para un niño irse lejos y no poderse llevar ninguno de sus juguetes así, idiota, como si la lógica de un tonto que quiere ser novelista y sigue viviendo con el papá y la mamá fuera la misma lógica de un niño que sin usar las palabras le puede dar forma al mundo con sus manos usando solo un cuadro de papel. 

lunes, 18 de septiembre de 2023

Irse, quedando -76

Mi hermana estuvo varias semanas antes de la fecha del viaje empacando las maletas. 

Las hacía y las deshacía todos los días. Las daba por terminadas y las cerraba, luego las pesaba y volvía a empezar de cero, una y otra vez doblando trapos. 

No podían pesar más de diez kilos decía ella. 

Tres maletas estaba bajo su responsabilidad, la de ella y la de los dos niños. 

Yo la veía todos los días con la cabeza metida entre las maletas y me divertía con la escena, verla empacando las maletas aunque era la confirmación de que se iban era también evidencia de que seguía ahí con nosotros. 

Cuando ya me vi bajando las maletas para guardarlas por la noche en el garaje porque se iban en la madrugada y no quería que ningún vecino la viera salir, entonces empecé a llorar. 

La cosa más boba del mundo, un tipo casi cuarentón que no ha podido irse de la casa de los papás de pie frente a unas maletas llorando sin ser capaz de pronunciar palabra, sin poder repetir de nuevo en son de burla lo incensario que era llevar ahí empacado un cortacutículas y una crema dental. 


Irse, quedando -75

Después de revisar los titulares de los periódicos en internet u oír la radio mañanera, la gente que se queda, los que están como yo, entienden que lo mejor es acostumbrarse a ver como las personas queridas se van, incluso aceptan que lo mejor es que esas personas queridas esten lejos. Lejos donde parezca que el futuro sí existe. 

viernes, 15 de septiembre de 2023

Irse, quedando -74

Esa etapa de la vida a la que llamamos adolescencia es un triunfo de mi generación. 

Todos esos que nacimos después de 1985 tenemos conciencia clara de ella y casi que es nuestro presente. 

Para mi papá y para mi mamá y mucha gente de esa edad no hubo adolescencia, ellos pasaron de la infancia a la adultez de un tirón, no tuvieron zona de transición. 

De niñas a esposas de un día para otro. De niños a obreros en lo que dura el canto de un gallo apestado. 

Aunque eso es propio de los pobres, claro está, con los herederos de fortunas sucede más bien permanecen en la pataleta de la infancia pagándoles a muchos para que oficien de cuidadores. 

Ahora dicen que nosotros, esta generación de flojos, está alargando la adolescencia, aseguran que buscamos extenderla a como de lugar y que por eso no queremos irnos de la casa y que por esto estamos empezando a tener hijos después de los 30 años y que por eso compramos juguetes y nos gastamos la plata en conciertos y cosas así. 

Pero si antes toca asumir el rol de adulto tan rápido y ahora no, cuál es el problema, y si las expectativas de vida siguen ampliando y los economistas proponen que cada vez tengamos que trabajar hasta más viejos para tener derecho a una pensión por qué afanarnos y si en cualquier momento una pandemia nos puede cambiar la vida y si la emergencia climática pone cada vez más en duda el futuro del capitalismo o de la humanidad, entonces cuál es el afán. 

El afán es escribir una novela en la que todo quede dicho de la mejor manera posible o tomar la decisión definitiva de no querer escribir esa novela y apostarle a un objetivo concreto, una Toyota blanca, porque siempre se puede tener una y la plata se puede conseguir por muchas vías, eso lo saben muy bien los adolescentes.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Irse, quedando 73

En el noticiero del medio día, una periodista visiblemente transpirada y despeinada por el viento reporta desde el municipio de Necoclí en el departamento de Antioquía. El pueblo está lleno de personas que buscan cruzar la selva del Darién en su tránsito hacia Estados Unidos. 

Ella habla con los hombres y las mujeres que están ahí esperando transporte en lanchas, casi varados. La periodista habla con venezolanos y haitianos que parecen ser la mayoría, aunque ella aclara que entre esa multitud registrada por la cámara hay personas de más de ocho nacionalidades. 

Miramos al televisor mientras la señora del restaurante se acuerda de que llevamos ahí más de diez minutos esperando el almuerzo. A mi lado, el compañero de trabajo con el que acostumbro a compartir ese momento del día, me dice que sobre ese asunto sí se debería escribir. 

Me compró un libro una vez, pero me aclaró que era solo por hacerme el favor porque a él no le gustaba leer libros de ficción, a él le gustan solo libros de la realidad, una persona de esas que está por allá pasando esas necesidades y cruza esa selva en busca de una vida menos mala que la que ya viven en sus pueblos natales, esa sí debería escribir, pero no, en vez de eso las editoriales prefieren publicar libros de viajes escritos por turistas. 

Yo le digo que hay libros para todos los gustos y él me dice que yo debería irme para allá y hacer esa travesía y hablar con la gente, así como hace la periodista y que ahí si yo escribiría un libro de verdad. Está claro que mis cuentos y novelas a él le parecen una patraña. Para finalizar dice que si a él le gustara escribir, escribiría sobre eso. 

Cuando por fin traen el almuerzo le digo que también podría escribir un libro de cocina, o de gastronomía, que no conozco nada más real que la comida y el hambre, y con un pedazo de carne en la boca me dice que cualquier cosa está mejor que un cuento. Me rio y lo imitó, me concentro en el plato y comemos en silencio.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Irse, quedando -72

Hace años que Nacho no es mi vecino, que no lo tengo ahí al frete para mirarlo por la ventana y pese a eso lo sigo recordando y dándole cierta trascendencia a su elección de vida. 

Estando en la universidad un amigo que se decía anarquista y de izquierda y ambientalista y animalista, decía que la única opción que teníamos para recuperar nuestro lugar en el mundo era teniendo conciencia de nuestra necesidad de colectivo y de la puesta en práctica de la acción directa, el sistema estaba para ser derrotado y eso se hacía a través de esos ataques que la oligarquía corrupta calificaba como terrorismo. 

Para ese amigo mío el mundo se podía salvar con ollas comunitarias y la vida iba a ser mejor cuando los hackers de Anonymous acabaran con el valor de todas las monedas del mundo y pudiéramos regresar al truque, yo me divertía mucho con él, tengo que decirlo también, lo conocía desde el colegio y cuando se fue para la universidad del Valle a estudiar filosofía lo único que tenía para defender su lugar en la vida era el América de Cali, pero en tres semestres en esa universidad se le olvidó el equipo y se convirtió en eso que describo.

Volvió a Tuluá porque lo iban a matar en Cali, eso dice todavía la mamá, aunque él dice que volvió porque la acción y el trabajo con la comunidad lo tenía que poner en práctica en Tuluá y en una ciudad que no sentía como la suya. 

Un día me agarró con tiempo y mientras me hablaba de la necesidad de liberarnos del sistema le dije que nos fuéramos para Caldas a visitar a mis tías. 

Me dijo que sí, como si no tuviera nada para hacer, no tenía nada para hacer, pero digo, tampoco disimuló, yo por lo menos disimulo en situaciones parecidas, el caso es que fuimos a dar al oriente de Caldas y antes de llevarlo a la casa de mis tías arrimamos a la vereda en la que había vivido yo hasta los 14 años y le mostré esa casa en la que vivía Nacho.

Yo siempre he llamado a esa casa, que más parece una choza, su casa, porque eso es lo que es. Le dije al amigo mío que ese era el único tipo que yo conocía que se había liberado del sistema. No daba la lata con discursos políticos y no dañaba a nadie con la tal acción directa, contaminaba poquitico y vivía ahí libre del sistema hacía más de 20 años.

Bajamos por entre palos de café y matas de yuca y de plátano y de maíz y de frijol y saludamos a un par metros de distancia de la casa, lo hicimos varias veces hasta que salió Nacho con la guitarra en una mano y sin saludarnos se quedó mirándonos como su fuéramos unicornios. 

Le dije que hola Nacho, que cómo le iba, que yo era de por ahí, que había vivido en esa casa, esa de allá del filito, y le señalé la casa y que me había ido, pero que siempre me acordaba de él y del cazador y del hare krishna, y bueno le expliqué un montón de bobadas más de la vida mía, como si algo de eso le pudiera importar. Nacho no habló. 

El amigo mío le habló luego, le preguntó por la guitarra y por la casa, que si la había hecho él y más cosas por el estilo, los sembrados, el fogón, y Nacho no habló, nos miró de arriba a abajo y se volvió a meter en su casa 

Esperamos un momento y luego dimos media vuelta y empezamos a subir a la carretera. Nacho volvió a pararse en la puerta y me gritó que volviera cuando quisiera, que él también se acordaba de mí. 

Según mi amigo hablando y tragando como si no hubiera comido en un mes, que no tenía ninguna gracia liberarse del sistema de esa manera, que ese señor estaba loco, que eso no era la dignidad y más cosas relacionadas con su discurso, que además no tenía sentido el aislamiento que los procesos tenía que ser colectivos, siempre pensando en el pueblo. 

El marido de mi tía le dijo que también podía irse a buscar a la guerrilla y le señaló un camino, por ahí a hora y media de acá caminando llega a un campamento que tienen en Samaná, yo a todos los universitarios habla mierdas así como usted los mando pa allá. Repetir palabras es fácil, pero la lucha por el pueblo con ellos, eso es otra cosa. 

Yo me reí y tranquilicé al amigo mío que se veía como confundido con los ojos muy abiertos y la comida atascada en la garganta. Tranquilo, parce, que lo está jodiendo, coma tranquilo. Todavía lo molestó con eso. Como no se pudo graduar de filosofía en la del Valle, terminó graduándose de licenciado en Tuluá y ahora trabaja en un colegio adoctrinando muchachos a su gusto, es un tipo feliz, aunque no lo acepta porque su reputación requiere que se vea siempre inconforme e indignado y maltratado por el establecimiento. 

martes, 12 de septiembre de 2023

Irse, quedando -71

Jaime vendió su moto en 2012 y siguió yendo al trabajo en bicicleta.

Con esa plata compró un par de terneros y se los entregó a utilidades a un amigo que tenía varios potreros, decía potreros y no finca ganadera porque la diferencia entre una cosa y otra era de varios ceros, afirmaba el amigo de Jaime. 

Pasados unos cuantos meses esos dos terneros se convirtieron en cuatro y cuando en 2014 Jaime quiso volver a tener esa plata en efectivo y no en ternero pastando al sol, vendió siete animales. 

Tenía muy claro para qué era esa plata. Lo había planificado todo y así se lo comentó a sus amigos, familias y conocidos. 

El mundial de fútbol Brasil 2014 era la opción más clara que teníamos para asistir a un mundial, podíamos desperdiciar la oportunidad si así lo queríamos, pero teníamos que saber que si no íbamos a Brasil 2014 tal vez nunca íbamos a poder hacer parte de un mundial. 

Ninguno le prestó mucha atención y eso le importó poco, agarró la plata de sus terneros y se fue solo para Brasil un mes completo.

Renunció al trabajo porque solo le iban a dar una semana de permiso, según él, era el colmo que un tipo que decía ser amante del fútbol se negara a comprender la trascendencia del evento, él se iba para Brasil un mes y no se lo iba a impedir nadie. 

Subió fotografías a sus redes sociales del par de partidos que pudo ver y de las fiestas que se armaban entre los que, como él, habían llegado de tanto país vecino. 

Entre los que vimos los partidos por televisión comentamos más de una vez que nos había hecho falta ponernos las pilas como Jaime. Aunque tampoco es que nos hubiéramos perdido en lamentos chimbos porque todos los que ven futbol en la pantalla de un bar saben que uno se emociona como si estuviera en un estadio y si está con amigos y tomando cerveza todavía se emociona más. 

Finalizado el mundial y cuando todo andamos a la espera de que volviera Jaime para enredarnos con los relatos de sus aventuras, el tipo le avisó a su hermana y al primo con el que compartía la casa, que pusieran su cuarto en arriendo y le guardaran los chécheres en la casa de la mamá porque él se iba a quedar. 

Se demoró cuatro años en volver a aparecer por Tuluá. Cruzamos un par de palabras el día que nos vimos, me presentó a su novio, un flaco de ojos claro muy amable que me ofreció su casa para que fuera a visitarlo cuando quisiera. Supongo que era una mera formalidad, pero igual le sonó sincera. Jaime dice que se fue de tras del deporte que ama y encontró al amor que no buscaba y que por eso se quedó. 

lunes, 11 de septiembre de 2023

Irse, quedando -70

Raúl tuvo su primer hijo en el extranjero y ahora anda diciendo que se siente feliz, pero sobre todo motivado. 

Tanto que dijo él que no iba a ser papá y el día también le llego y según él ahora se siente hombre, se siente adulto y ahora sí, por fin puede entender a su papá. 

Su mamá viajó la semana pasada para visitarlo y conocer a su nueva familia, para chocholear al niño y ayudar a cuidarlo. Raúl dice que la mamá ya no vuelve, que él que la conoce sabe que ella se va a querer quedar allá.

A diferencia de mi mamá que ya tiene nietos porque se los dio mi hermanita, la mamá de Raúl decía todos los días que esos muchachos de ella la iban a dejar morir sin ser abuela y todos los días le decía a Raúl que él tenía que darle un nieto. Raúl decía que para eso estaba Lucas, su hermano, pero en esa familia todos saben que Lucas no va a darle un nieto porque la señora con la que se casó ya tiene cuatro hijos y se operó para no tener más. Rául dice que la mamá no quiere a la mujer de Lucas y Lucas así lo confirma. 

Lo que más gusto le da a Raúl es ser padre en el extranjero, el hecho de que su niño tenga otra nacionalidad le parece un triunfo, un miembro de su familia, un heredero suyo, un individuo con sus genes que no es colombiano, que no es tuelueño. Un muchachito que no está apestado le dije por joderlo y me dijo que sí, un niño suyo que no tiene que lidar con esa pesadilla. No hice ningún comentario. 



viernes, 8 de septiembre de 2023

Irse, quedando -69

De Argentina me trajeron mate y fernet, ninguno de los dos me gustó. Me parecieron amargos y no me provocó saber más de ellos. También me trajeron alfajores y esos sí me gustaron, creí que para volver a comerme unos alfajores ricos tenía que pegar para la Argentina o esperar a que alguno de esos amigos que estaban viviendo allá volvieran de paseo, por fortuna no fue así y descubrí que en una panadería pequeñita de un barrio del norte de Tuluá una señora velezolana fabricaba unos alfajores que estaban mucho más ricos que los argentinos y entonces el deseo de viajar a Buenos Aires se me infirió. Todavía creo que quiero ir, pero como que eso no me afana. De México me trajeron tequila y mezcal y ají de diferentes tipos. Lo del ají estuvo muy bueno y los licores tampoco me gustaron de a mucho, para tomar cosas malucas acá yo tengo a la mano aguardiente y viche y tapetusa, todos feos y locales. De Australia me trajeron un Búmeran y por ahí lo tengo recogiendo polvo. De España me trajeron un jamón y mi papá y mi mamá me dijeron que les pareció rico, yo no lo probé porque no como carne. De Alemania me trajeron un cedé de Paul Kalkbrenner y ese detalle, si me generó una necesidad, creí cuando lo oí por primera vez y lo creo ahora que ya tengo el cedé rayado que no me puedo morir sin meterme una rumba de música electrónica en una de esas discotecas de Berlín. Mi hermanita dice, hermanito, no se olvide de mí, tiene que ir a visitarme y yo le dije que tenía que convencerme de que Canarias tiene algo, por lo que valiera la pena la ida y bueno, mientras se acomoda y trabaja seguro encontrará algo con lo que me pueda antojar de ir allá. Al parecer a ese archipiélago el número de turistas por año llega a los catorce millones y tal vez yo pueda terminar siendo uno de esos, todavía no lo sé. Lo que me genera mis sospechas es que tal vez uno se vaya de paseo por allá y termine por quedarse, porque una cosa es cierta, Canarias está más cerca de Berlín que Tuluá, Valle del Cauca, Colombia. 

Irse, quedando -68

Una de esas señoras que tuvo el gusto de ser mi suegra y con la que me cruce un par de veces no más, aunque tampoco es que con las otras hubiera tenido que relacionarme mucho, me dijo una tarde después de que le hablara de la sustanciación de mi trabajo de grado programado para esa semana, que muy bien por mí que ahora iba a tener un título y que lastima que hubiera decidido estudiar justo eso porque con eso nadie se aseguraba el futuro ni se resolvía la vida, me aclaró la señora.

Luego me dijo que yo estaba tomando la decisión de ser un hombre pobre y que para una mujer tener a un hombre pobre era como tener un brazo fracturado, uno sabe que lo tiene ahí, pero no le sirve ni para limpiarse el culo. 

Quise decir algo a mi favor, pero la señora tenía su dominio de la palabra y ni me dejo abrir la boca, rápido agregó que no me tenía que desanimar, que todavía estaba a tiempo de estudiar algo que sirviera, odontología, ingeniería civil, o ya con un título podía dejar de estudiar y dedicarme a hacer plata, meterme en algún negocio bueno, que tenía que aprovechar que vivía en Tuluá y que era joven, tenía que arriesgarme, apostarle a lo que importaba. 

Me le volé a la señora y creo que después de eso la vi una o dos veces más, un punto a favor para ella fue que no me mandó para el extranjero, de hecho según ella la plata la podía conseguir aquí. No sé qué sea de ella ahora, aunque sí sé que la hija sí se quedó con un hombre bueno que le sirve para algo.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Irse, quedando -67

Ruiz, un tipo bien, muy leído de Tuluá, vendedor de opiniones positivas a quien las necesite, columnista en el periódico local y acosador de muchachas bonitas y marido de un marica con plata, me dijo una vez que la única posibilidad de que una sexta o séptima novela mía, en caso de que fuera capaz de aguantar y seguir publicando mierdas hasta llegar allá era que me fuera. Los escritores se van, eso es lo bueno y lo necesario, que los escritores se vayan y miren sus realidades nacionales o regionales con distancia, que acumulen heridas y pesares, que sufran y les duela.  

Gabriel García Márquez se fue. Fernando Vallejo se fue, Álvaro Mutis se fue. Ricardo Cano Gaviria se fue. Marco Aguilera Garramuño se fue. Luis Fayad se fue. 

También están los escritores más nuevos que se van, aunque esos como que se van y vuelven. Juan Gabriel Vásquez se fue. Juan Cárdenas se fue. Santiago Gamboa se fue. Margarita García Robayo se fue. Andrés Felipe Solano se fue. Luis Noriega se fue. Humberto Ballesteros se fue. 

Le podría seguir ampliando la lista, pero no hace falta porque el punto creo que ya lo tiene claro. Usted me está vendiendo un tercer libro sin mostrármelo, sin saber cuál es el diseño de la tapa o la calidad del papel y espera que confíe en la sinopsis que me hace de la novelita esa y bueno, yo se lo compro, pero el problema es que usted sigue acá, no se va, no se va de la casa de sus papás, no se va de Tuluá, no se va del país. 

Tiene que salir y ponerle el culo a la brisa y mojarse y de pronto así consiga algo que sirva o no, porque tampoco es que solo con eso tenga, igual sería por lo menos una manera diferente de intentar, una manera a la que usted se está negando. 




Irse, quedando -66

Parcero, qué se dice, pues, cómo va todo, le digo. 

Todo bien, papi, todo bien, camellando, me responde. 

Lo conozco de la universidad, nos graduamos juntos, ambos licenciados en ciencias sociales. 

En el mismo colegio o ya se cambió, me pregunta. 

Nada, yo me abrí de allá, les dije que por menos de millón seiscientos no me podía quedar y se mamaron. Les dije que bajaran horas y tampoco, le respondí. 

Cómo así, muy quejoso usted, papi, yo estoy enseñando de sexto a noveno por millón quinientos y estoy contento, aunque obvio toca voltear duro por fuera también para poder llegar a fin de mes, me dijo. 

Lo abordé para hablarle de mi tercer libro y de que andaba con lo de la preventa, yo no sé si había leído los dos anteriores, pero sé que lo tenía en mi lista de lectores porque le había regalado una copia del primero y le había vendido una copia del segundo, ahora quería venderle el tercero y por eso no podía ponerme con la lora de que por culpa de gente como él era que la plaza se ponía mala, porque regalaba el trabajo y no le daba valor al conocimiento y que uno pedía lo justo y siempre había quien trabajara por menos, nada de eso que acostumbro decir con frecuencia le dije, porque el propósito era agradar y vender un libro.

Ahora ando vendiendo mi tercer libro y haciendo unas encuestas chimbas para un proyecto de esos del programa nacional de concertación, un parcero se la rebusca con eso y me tiró una plata para que lo ayudara, más que nada por hacerme el cruce. Y a todas estas usted qué, lo apunto para el nuevo libro, primero estoy armando como una lista de los libros que sé que me van a comprar para mandar a imprimir lo justo, le conté. 

Yo creía que usted ya había dejado eso, parce, si yo fuera usted ya hubiera desistido, es que la gente no está para leer y menos para leer a gente que no salga en la televisión o en videos de internet, pero claro, hágale, apúnteme uno, vea se lo pago de una vez, me dijo, pasándome un billete de cincuenta mil, así sin preguntarme por precio ni preocuparse por la devuelta, como si me los estuviera regalando. 

Lo estoy vendiendo a cuarenta, le dije, y le entregué un billete de diez, apenas salga, yo se lo arrimo a su casa o al colegio, quiero vender al menos cien para ir sacando tirajes así de a cien, sale más barato si uno manda a imprimir mil, pero yo que voy a hacer con todo eso, si o qué, le dije. 

Claro, hermano, así es, mejor de a poquito, usted es el que sabe de eso, mi mujer leyó el primero, el de los cuentos y por ahí hubo uno que le gustó, ella me estuvo hablando de eso, oiga y hablando de todo un poco, qué hay de su hermana, hace tiempo no la veo, me preguntó. 

Pues como usted no volvió por allá por la casa, se casó y se olvidó de los pobres, tiene que dejarse ver, ella anda organizando todo porque se va para las islas canarias, el marido ya lleva como seis meses allá, le expliqué. 

Cómo así, pana, qué bueno, nosotros también tenemos muchas ganas de abrirnos de acá, mi mujer dice que para Alemania, pero yo también quisiera pegar para España, oiga, dígale a su hermana que si necesita quién la lleve al aeropuerto que me llame y se mandó la mano al bolsillo de la camisa y se sacó una tarjeta que entrego. 

Entonces también anda de transportador, le pregunté. 

Claro, no le digo, pues que toca voltear para llegar al fin de mes, ese carro no se paga solo y entonces mi mujer dijo, hagamos viajes al aeropuerto y vea, en esas andamos, ya sabe pues, dígale que me llame que yo la llevó barato. Luego nos despedimos. 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Irse, quedando 65

También es habitual que la gente que se va de Colombia para el extranjero a meter el culo sin asco en los trabajos a los que la clase media del primer mundo le hacen el feo se regrese pronto. Aunque sí sucede y conozco a un par que volvieron. 

Una muchacha se fue para México a trabajar en un salón de belleza y duro dos meses, un amigo se fue a prestar plata gota gota en Brasil y duró tres meses, aunque ese se devolvió porque lo iba a picar unos malandros, parece que una característica del colombiano es creer que en otros países no hay bandidos ni criminales ni bandas que detesten a los vivarachos que quieran operar en su zona. 

Yo creía que esos que se tenían que regresar se sentían de algún modo el peso de la derrota y experimentaban la vergüenza con su círculo más íntimo y descubrí que no, que la gente regresa aburrida, pero lista para volver a empezar y que no sienten vergüenza porque su gente les reconoce fueron valientes y se arriesgaron y lo intentaron. 

Otro amigo, uno al que deportaron de Estados Unidos, está buscando la manera de volverse a meter por el hueco, que lo sacaran de allá a las malas no le genera ningún malestar y el hecho de que quiera intentar irse de nuevo también lo convierte en un valiente.

Irse y fracasar y volver y reclamar los cupos para los niños en el mismo colegio del que ya se despidieron y pedir trabajo en el lugar al que ya renunciaron y comprar colchones baratos para tirarlos al piso mientras hay conque comprar camas es mucho más noble y más honorable que escribir novelas, ser novelista no tiene presentación y en la familia es mejor tener un familiar deportado seis veces que un novelista autopublicado. 


Irse, quedando -64

Entre tanta gente comentando que iba a sacar el pasaporte o que ya lo había sacado porque la meta era irse para el extranjero, me dio por hacer comentario chimbos por el mero gusto de ser chocante.

Entonces usted se va para Australia y no le da miedo que se enferme su mamá, ella que anda tan achacosa, imagínese una venida suya desde por allá de afán si se llega a presentar una emergencia con ella. 

Si vio que las naciones unidas en un comunicado ya dijeron que el colapso climático ha comenzado, o sea que no importa si se queda acá o se va para Estados Unidos, igual esto ya se acabó, no hay ningún futuro y nos va a matar el calor, y ya pa que matarse trabajando si no vamos a poder comprar camioneta porque eso no se va a poder tener. 

Y a usted si le comentaron que allá la salud es muy cara, eso cualquier sacada de cordales vale un platal, usted ya fue y se hizo un chequeo general, no se vaya a ir a enfermarse por allá.

Al amigo de un amigo de una amiga lo devolvieron de Madrid, pana, pilas ahí, él dizque iba a bien y llevaba todo en orden y dijo como dicen todos que iba a de paseo, no más, pero se puso nervioso y yo no sé qué fue lo que dijo, pero de allá lo devolvieron. 

La gente responde molesta, esos comentarios no les resultan nada amigables, pero yo he descubierto ahí una fuente de placer que no voy a desperdiciar, además creo que puedo mejorar la técnica y conseguir comentarios más afilados. 

  

martes, 5 de septiembre de 2023

Irse, quedando -63

Por las tardes salgo a trotar, esperando que esa actividad me ayude a escribir. Haruki Murakami escribió un ensayo que se llama De lo que hablo cuando hablo de correr, reflexiona sobre eso, sobre correr y escribir, lo que siente cuando corre y como correr le ayuda a escribir esas novelas de cientos de páginas que escribe. No quiero escribir como Murakami, no me interesa eso, lo que busco es que mi escritura mejore y si trotar me ayuda entonces me pongo a prueba.

 Una tarde, cuando ya volvía de correr, despeinado y transpirado, me encontré con un viejo profesor del colegio que me saludó afectuoso y quiso saber que era de mi vida. Asumió por lo que mi apariencia le dijo que la estaba pasando mal, según él debía cortarme el pelo y usar ropa limpia. Le expliqué que estaba trotando, pero no pareció importarle eso, él insistía en la apariencia y el corte de pelo. Se puso peor cuando le dije que seguía viviendo en la casa de mis papás, pero si usted se veía como pilo en el colegio, como fue que no ha hecho nada con la vida, dijo el señor como decepcionado.

Le comenté que había publicado un libro, con una editorial independiente, omití esa parte de la coedición y de que yo había pagado los riesgos y que era como autoeditarse, pero con el respaldo de una editorial que es más una imprenta. Creí que con eso iba a salvar el encuentro, pero no, el profesor quiso saber de qué iba el libro y le dije que eran cuentos breves, eso para qué, los cuentos no venden, le dije que iba a publicar una novela, pero no logré convencerlo, me preguntó que había estudiado y le dije que licenciatura en ciencias social y que estaba trabajando en un colegio privado. 

Profesor y novelista, no hermano, por lo menos córtese el pelo y cómprese una camiseta nueva, por lo menos cuidé la imagen porque ya no le queda mucho más que cuidar. Pero usted es profesor, profe, cómo me dice eso, le dije. Pues por eso se lo dijo mijo, la cagó, pero todavía está a tiempo, haga otra cosa, móntese un negocio, cómprese una finca y siembra aguacate, olvídese de eso, olvídese de escribir, si hubiéramos hecho las cosas bien con usted de pronto no me estaría contando esto, profesor y novelista, métase de ayudante de construcción, mejor, eso sí sería algo honesto. Para hacerle el quite al momento ridículo en el que me había metido ese profesor que en el colegio ni me agradaba, acudí a la vida de los otros y le dije al profesor que yo igual estaba, que me iba, que salía para España en un mes y ahí me felicitó el profesor, eso era lo que había que hacer, volarse de este platanal, que ahí me veía bien. Ahora estoy trotando, por otra parte, no quisiera volvérmelo a encontrar. 

Irse, quedando - 62

No es habitual para mí asistir hoy a babyshowers, pero hubo un mes hace unos años en el que asistí tal vez a seis, uno tras otro. Mi entorno se llenaba de nuevos papás y mamás. Mi hermana, un primo, un par de amigos, un par de amigas, todos felices midiendo barrigas y explicando como había elegido el nombre. 

Tengo buenos recuerdos de esos días porque el sueño de ser escritor todavía tenía sentido y yo podía decir que cuando escribiera y publicara mi primer libro iba a sentirme también como un padre y mis amigos se reían y me decían que no fuera idiota y yo me reía también porque era una idiotez que no estaba confirmada aunque diez años después no me quede ninguna duda de ella. 

No hablábamos de salir del país en esos babyshowers, supongo que la alegría de saber que todos esos bebés iba a llegar nos impedía hablar de otra cosa. Por esos días yo iba a esas reuniones con una novia que se emocionaba mucho cuando empezaban a abrir los regalos, suspiraba y decía que tan lindo y que tan hermoso, una y otra vez, como si se emocionara más que las mamás. Yo, que no había entendido que eso era una señal, me sorprendí cuando me dijo que ella quería ser mamá y que nosotros ya deberíamos irnos a vivir juntos. 

Dije que no podíamos hacer eso, que teníamos que conseguir los dos trabajos que nos permitieran hacer eso, trabajos en los que nos pagaran bien, como si eso fuera posible, dije también que yo no quería ser papá y esa parte resultó menos comprensible que lo del trabajo, ella dijo que no podía estar con alguien que no quisiera tener hijos porque ella quería una familia. 

No se nos acabó el noviazgo ahí mismo, la vaina siguió unos meses más, supongo que ella creía que yo podía cambiar de opinión y no sé como lo hizo, tal vez sea verdad que el que quiere puede, porque ella sí se salió de la empresa en que trabajaba y se encargó de la contaduría de una cadena de ferrerías en donde le pagaban el doble mientras que yo seguía en lo mismo ganándome lo mismo. Y como me hice el loco con lo de dejar mi casa para irme a vivir con ella y como seguí asegurando que no quería ser papá y pedí cita para una vasectomía, ese noviazgo se acabó. 

Un par de años después y no sé con qué propósito, esa muchacha me hizo llegar invitación a su matrimonio. No fui, a qué iba a ir. Ahora sé que ella tiene dos hijos y que parece muy feliz con su marido, que es odontólogo, cosa que confirma que yo siempre he sabido meterme con mujeres mucho más inteligentes que yo, mucho más hábiles y más talentosas. Una mujer que cambia a un bobo que quiere ser escritor por un odontólogo es una mujer brillante. Ahora, mientras ella es feliz con sus dos hijos, yo tengo dos libros que los que me avergüenzo y buscó publicar un tercero. 

lunes, 4 de septiembre de 2023

Irse, quedando -61

Catalina, una amiga mía graduada de una licenciatura en lenguas extranjeras, me dijo ayer que también se va, conoció a un tipo de Suecia con el que lleva varios meses hablando y se va con él, se lo topó en el trabajo y le gustó. 

Yo quise saber si un extranjero que se la pasaba metido en Onlyfans le generaba confianza y me preguntó que si yo le tenía confianza a ella y le dije que sí y quiso saber por qué, si ella se la pasaba metida en Onlyfans. Le dije que no era lo mismo y que no cabía la comparación, que ella estaba trabajando. 

Para Catalina era lo mismo, ella vendía contenido y al sueco eso no parecía molestarle y que él lo compraba y ella no le veía nada de raro. Que habían hablado mucho y parecía que las cosas entre ellos parecían funcionar. 

Catalina intentó como yo trabajar en colegios privados y se aburrió de los malos pagos. Un día como por joder le dio por abrir Onlyfans y empezó a vender contenido y para sorpresa de ella, que no para mí o para otra centena de hombres, le empezó a ir muy bien y a ganarse el doble y triple de lo que le pagaban por estar en un salón de clase. 

Me voy a vivir con él, no nos hemos visto nunca en persona, pero a mí me gusta. Me instaló en esa ciudad y si la situación se da me quedó por allá, yo acá no tengo a qué volver, ni quisiera volver. En caso de que no me vaya bien, de que todo sea una ilusión que desmorona en una semana me regreso, igual no voy a cerrar la cuenta y voy a seguir con el contenido, me dijo Catalina. 

Yo no sé cómo le irá a ir a Catalina, si las cosas van a salir bien o mal, lo que sí sé es que ella ya empezó a aligerar sus pertenencias y me regaló una docena de cedés de pop y rock que no se puede llevar porque el que se va piensa siempre en función del peso de la maleta. 

Irse, quedando -60

Que las tragedias del mundo y los sufrimientos de los ciudadanos que viven en las democracias liberales no nacieron conmigo ni se están inaugurando en mí o en mis contemporáneos, es algo que siempre me explican mis papás, mis abuelos, mis tíos y hasta los vecinos. 

Antes tocaba sufrir de verdad, antes uno trabajaba desde los 14 años y no podía terminar de estudiar. Antes la jornada laboral era de más de 12 horas. Antes de verdad había miseria. Me dicen, como aclarando, que estas quejas nuevas, las nuestras, son un berrinche de flojos. 

Antes uno se iba a de la casa sin haber cumplido la mayoría de edad y hacía su familia lejos de los papás y ahora los agarran los 35 años sin independizarse, me dice mi abuelo. A la edad que usted tiene ahora yo tenía a los hijos mayores criados, su mamá ya se quería volar con su papá y sus tíos ya trabajaban y yo ya tenía una finca mía y un caballo muy bueno, me dijo también mi abuelo, y yo dizque mostrándole que ya tenía un segundo libro publicado como si eso pudiera significar algún triunfo, si mi abuelo hubiera estado atento al mundo editorial, seguro me hubiera dicho libro autopublicado, que era todavía peor. 

Un tío me decía que lo normal para una persona de mi edad, o los jóvenes, porque yo ya me había envejecido, era acabar muchos pares de zapatos antes de conseguir un trabajo, pero que para él y para sus hermanos, entre ellos mi papá, lo normal había sido conseguir un trabajo para poder comprarse su primer par de zapatos. 

Por eso que en algún cuento me quejara de los trabajos con jornadas laborales de más de diez horas, o del salario mínimo, o ser profesor en un colegio privado de un grado segundo, y ganar un millón doscientos mil pesos al mes, y tener que ir los sábados a ayudar con el aseo de los salones, para cualquiera de ellos era una pataleta de flojos y por eso estaba claro que yo a diferencia de tantos otros no me iba del país, porque no me gustaba trabajar, porque no estaba dispuesto a meter el culo como otros. 

Y tenían la razón, claro que la tienen todavía y la van a seguir teniendo, ninguna de esas afugias de mis padres o mis abuelos son las mías, o las nuestras y, sin embargo, no estamos mejor y el futuro para nosotros y los que vienen pinta peor y tenemos a nuestra disposición decenas de conceptos nuevos para explicar lo que nos pasa y lo que sentimos y emergencia climática también, aunque a ellos y nosotros la frustración nos pueda seguir uniendo. 


viernes, 1 de septiembre de 2023

Irse, quedando -59

Nacho no supo, cuando decidió adoptar esa vida de asceta que sus vecinos atestiguamos, que con el paso de los años se iba a encontrar tan a tono con la agenda política y cultural del momento. 

Todavía no lo sabe porque Nacho, más viejo, y seguro, más perdido en sí mismo, no habla con la gente ni ve noticias, camina al pueblo y compra sal y aceite con la plata que saca por vender unas cuantas libras de café. Nacho no sabe que pasó de ser el hombre señalado de loco al ciudadano ideal, al sujeto soñado por los líderes mundiales que abogan por el cuidado del planeta y la lucha contra la crisis climática para salvar a la humanidad que se va a extinguir si no disminuye el consumo desbordado. 

Autosostenible, vegetariano, orgánico, sin carro, sin moto, sin vacaciones en el extranjero, sin latifundios, sin celular, sin internet, sin baño, sin nevera, ni Coca Cola fría, ni cerveza, sin detergentes, sin combustibles fósiles, sin energía eléctrica, sin plásticos de un solo uso, sin esposa, sin hijos, sin mascotas, sin boletas para festivales musicales de tres días, sin mirar a ninguna mujer de cerca o siquiera hablarle, sin dólares en caletas y sin una huella de carbono descontrolada, Nacho sí podría presumir superioridad moral, pero él está en otra cosa. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...