En la sala de espera de una oficina que no viene al caso, un señor que no voy a describir, se sentó a mi lado y después de saludar muy amable empezó a chupar mocos de una forma desesperada.
Tampoco será necesario explicar acá cuál es el sonido emitido por esa acción relacionada con ese fluido corporal, porque mocos hemos tenido todos y esta no es una redacción de divulgación científica que busque explicar el comportamiento de una especie alienígena.
Dando por hecho que la gran mayoría de las personas que pueden leer esto han chupado mocos y saben cuál es el sonido que se genera, continúo, el señor siguió ahí a mi derecha chupando sus mocos y minutos después junto a él se sentó otro señor que también chupó mocos y más tarde llegó una señora que se sentó cerca a ellos y también empezó a chupar mocos.
Se notaban muy cómodos con sus mocos y ahí sin planearlo mucho nació la competencia de chupadores de mocos en las salas de espera, el ganador se elige por aplausos, solo aplausos, sin gritos ni chiflidos, gana el que suene más fuerte y aunque yo estuve ahí en el momento de su creación y propuse algunas de las reglas no me encuentro inhabilitado para competir y soñar con ser en algún momento el ganador.

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