Hay contenida en la acción de buscar o solicitar sal una lucidez y un deseo por el balance. El comensal se sienta a la mesa; habrá alguno que se santigüe antes de tomar la cuchara para llevarla del plato a la boca, y otros que no lo hagan. Hasta donde se sabe, el plato humeante no hace diferencia entre uno u otro. El comensal saborea con inquietud, y busca en la mesa el salero sin verlo. Entonces lo hace, solícita la sal. No la pediría si no la necesitara. Con el salero a su disposición, el comensal agrega un poco de sal al plato y prueba de nuevo y le gusta como queda, deja el salero al lado y disfruta lo que come. Tiene la sal a la vista, pero ya no la usa más. Nadie pide sal para agregarla a su plato y renunciar después a él porque quedó muy salado. La sal se quiere para lo que es y no permite el exceso y nadie toma más sal de la que necesita.
viernes, 12 de mayo de 2023
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