No existe la posibilidad de que simoncito obtenga su pescado y aunque eso es chistoso, no fue lo que me llamó la atención, lo curioso para mí fue el impuso que me llevó a imitarlo y la necesidad que sentí de verme así.
Corrí a mi casa y saqué un balde lleno agua al patio, agarré mi caña de pescar improvisada para acomodarme al frente con mi sombrero también apachurrado.
Pasé ahí las horas, sentado, sentado y mentiría, si dijera que durante ese tiempo pensé en el poema o en Rafael Pombo, en realidad no pensé mucho y creo que pescar como Simón el bobito debe ser la forma sustancial de la meditación.

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