Dicen los que saben, porque lo han oído y así lo cuentan, que en ese viejo local donde por muchos años funcionó una discoteca todavía suena una canción, cuentan que sigue sonando, aunque el edificio lleve tanto tiempo en el abandono.
Sin importar la hora o el día el que usted se anime a cruzar entre la mugre y el nuevo orden de los que decidieron invadir los alrededores del predio, podrá oír la canción, aunque para ser por completo transparentes con el fenómeno, lo que se oye es más bien un eco de la canción.
Para los académicos de provincia que se han dedicado a documentar el fenómeno resulta muy interesante que la canción o el eco de la misma se corresponda con un género como el de la electrónica, cuando en esa discoteca especializada en música antillana nunca se escuchó nada diferente.
Algunos afirman incluso que la canción que se puede oír ni siquiera se había estrenado en la época en la que la discoteca funcionó y por eso el eco no se correspondería con el pasado del local.
Hasta que se llegue a una explicación satisfactoria, la posibilidad de acercarse al lugar y oír esa canción que suena una y otra vez está al alcance de cualquier curioso.
Un día se murió el escritor insigne de la provincia, un señor muy distinto al escritor de provincia, y creo que no hace falta aclarar la diferencia entre un viejo insigne y consagrado que se supo posesionar en la cima del éxito y un escritor de provincia que sigue intentando hacerse con un nombre sin dejar de ser un permanente escritor incipiente que ya no es más una joven promesa, pero que todavía sueña con tener una carrera prometedora.
El entierro del escritor insigne fue multitudinario y los homenajes prolongados, sus ahijados en las letras, se rasgaron las vestiduras y recurrieron a todo tipo de performance que les permitiera enseñar su impostada pena y luego llegaron las penurias reales y los ahijados empezaron a perder sus lugares porque sin el escritor insigne para cuidarlos estaban a la deriva y así fue como el poeta de provincia no tuvo más su fácil trabajo en la universidad y perdió el control de ese sello editorial en el que pensaba publicar algunos textos del filósofo de provincia.
Ahora el filósofo y otros cuantos huérfanos del escritor insigne buscan inventar un nuevo escritor insigne de provincia, una voz autorizada y fiable que pueda cultivar el lugar y mantener el orden en la provincia y parece que el poeta de provincia será el más indicado y su nuevo poemario se promociona con ahínco entre la gente.
En un bus de transporte intermunicipal, un par de niñas sentadas de tras de mí, jugaban animadas a jalarme el pelo y a reírse taimadas, mientras, un hombre calvo observaba la situación desde otra silla con cara de nostalgia.
Supongamos que usted vuelve un día a su pueblo de provincia para visitar a su sobrina que lleva meses sin ver.
Una tarde cualquiera la lleva al cine y justo antes de que la película empiece usted y ella se sientan a comerse un helado.
En ese momento pasó yo por ahí porque también voy para el cine, la veo desde lejos y a pesar de los años que pasaron, la identifico entre la multitud, porque para mí eso resulta fácil.
Entonces buscó acercarme y noto que usted también me ve y me doy cuenta de que mira a otro lado y se pone las gafas de sol.
Intuyo que preferiría evitar el encuentro y entonces sigo de largo y no la incomodo y me llevo conmigo las ganas de abrazarla y de contarle un par de cosas y miro la película pensando en usted sin concentrarme.
Al salir de la sala con uno que otro encuadre y tal vez algún trozo de los diálogos del protagonista en la mente, entiendo que sí, que estuvo mejor así, que hay cosas que no necesita usted, entre esas, un saludo mío después de tanto tiempo.
Me gustaría darle nombre a un jugo, agarrar una licuadora y echar en ella una fruta cualquiera de esas con las que llenan las carretas y se rebuscan los vendedores ambulantes en tiempo de cosecha, licuarla bien licuada y luego darle un nombre, ojalá un nombre que no tenga que ver con la fruta, conseguir algo similar a lo de ese coctel que se llama Cuba libre, que es ron con coca cola, pero no se llama ron con coca cola se llama Cuba libre, en caso de que alguien en este instante diciendo que soy un pendejo porque un coctel y un jugo no se pueden comparar y que el licor es dañino y que la coca cola también, tengo otro ejemplo, el guarapo, que es jugo de caña, pero no se llama jugo de caña, se llama guarapo. Algo así quiero conseguir yo, decir por ejemplo: me quiero tomar un mejor frío en lugar de decir, quiero un jugo de maracuyá y lulo. Parece un deseo simple, una de esas ilusiones que desaprobaría un vendedor humo, pero cada cual sueña o desea lo que puede.
El pueblo duerme y un hombre cruza la plaza con un gallo de pelea muerto, lo lleva envuelto en un poncho y espera arrojarlo al corral de los hambrientos y por siempre corrompidos, como una especie de ofrenda a la derrota. Luego reclamará un gallo de pelea nuevo y regresará para intentarlo de nuevo. Como siempre ha sido, como siempre será.
El cuidador de perros de provincia está seguro de que ella miente, lo hace cada semana en su columna de opinión publicada en periódico internacional.
Fueron novios cuando él era joven, ingenuo y tonto.
Nunca fue capaz de echarle un polvo destacable y le rompió el corazón como si él fuera de los tipos que reúne las características para ser mujeriego de respeto.
Ella se fue de provincia y ahora es columnista y él se quedó en provincia y cuida perros, aunque su sueño nunca fue ese.
Él, que lleva años sin hablar con ella, siempre la lee, ha leído lo que ella escribe y ha escrito desde que su carrera empezó a ser visible.
Su estilo y su prosa han mejorado de manera notoria, eso afirma el cuidador de perros de provincia si se lo preguntan, aunque cabe la posibilidad de que no sea objetivo.
Ahora él dice que ella miente en esas columnas porque en menos de dos meses ella ha hablado cuatro veces de salir a correr y volver y no encontrar comida en su mercado favorito y de detenerse y acordarse de un poema o de extrañar un paraíso que va a perder y él sabe que ella no corre.
El cuidador de perros de provincia está seguro de que la columnista miente y no le importa que sea así porque la seguirá leyendo porque leerla le hace sentir que la tiene cerca.
Esta es una felicitación para usted que alguna vez estuvo dentro de un salón, aburrido, viendo un video en el que un hombre de poco pelo habló de algo que a usted debió importarle, pero que por alguna razón en ese momento creyó que no le importaba.
Es posible que usted recuerde que no se acuerda de lo que trataba ese video, pero se acuerda de que allá estuvo casi ausente y distraído con ideas y pensamientos que tampoco recuerda.
Esto es un saludo para usted que sabe de lo que le hablo, para usted que se identifica y no se siente ajeno a la situación.
Son entonces estas palabras, una celebración de su actitud, porque usted pudo perder el control y desenfundar su arma y atentar contra las otras personas en ese salón y no lo hizo, supo controlarse y aceptar el aburrimiento con entereza para salir luego de ese lugar y volver a su entretenida y ocupada vida.
En la sala de espera de una oficina que no viene al caso, un señor que no voy a describir, se sentó a mi lado y después de saludar muy amable empezó a chupar mocos de una forma desesperada.
Tampoco será necesario explicar acá cuál es el sonido emitido por esa acción relacionada con ese fluido corporal, porque mocos hemos tenido todos y esta no es una redacción de divulgación científica que busque explicar el comportamiento de una especie alienígena.
Dando por hecho que la gran mayoría de las personas que pueden leer esto han chupado mocos y saben cuál es el sonido que se genera, continúo, el señor siguió ahí a mi derecha chupando sus mocos y minutos después junto a él se sentó otro señor que también chupó mocos y más tarde llegó una señora que se sentó cerca a ellos y también empezó a chupar mocos.
Se notaban muy cómodos con sus mocos y ahí sin planearlo mucho nació la competencia de chupadores de mocos en las salas de espera, el ganador se elige por aplausos, solo aplausos, sin gritos ni chiflidos, gana el que suene más fuerte y aunque yo estuve ahí en el momento de su creación y propuse algunas de las reglas no me encuentro inhabilitado para competir y soñar con ser en algún momento el ganador.
Los editores le dijeron al escritor de provincia que para conseguir un relato ambicioso capaz de leer con amor al mundo y reflejar la sensibilidad del artista que golpea con las yemas de los dedos el teclado de su computador es necesario salir y alzarse al hombro la mochila y viajar; la clave es estar en la carretera, permanecer en su casa y en su pueblo sin sumar kilómetros condena al escritor y a sus novelas, si es que las consigue, a la pequeñez y al tono parroquial y a la ausencia de horizonte porque el escritor debe ser un ciudadano del mundo y sus historias deben trascender las fronteras.
Por eso el escritor de provincia se subió un día a un bus y se fue a recorrer el centro de su país y a descubrir las cordilleras y a probar comidas que no se había imaginado que existían y a charlar con la gente en que se encontraba en las plazas de los pueblos y las terminales de transporte.
Meses después de dormir en camas que no eran la suya, regresó y le avistó a su familia que ya estaba en la casa y llenó la nevera y se sentó a escribir un relato en el que dos niños y un hombre de mediana edad observaban a un pajarito negro revolotear entre la gente que conversaba en las escalinatas de la iglesia de la plaza de su pueblo, el pajarito perseguía a un grillo verde de esos que dicen que dan buena suerte. El grillo escapó del primer embate y aunque intentó escapar del segundo, el pajarito tuvo éxito y alzó el vuelo con el grillo entre el pico para asentarse luego sobre un muro a engullir a su presa. El hombre y los niños seguían de cerca al pajarito, afectados por el destino del grillo, que apenas una hora antes había sido un mamífero y no un insecto.
Cuando el escritor de provincia empezó a mostrar el cuento entre los editores, le dijeron que los viajes en el país no servían, que le hacía falta subirse a un avión y llegar a otros continentes y conocer otras culturas y oír otras lenguas. Entonces el escritor de provincia supo que no importaba hasta donde pudiera ir ni lo que fuera capaz de escribir, los editores siempre iba a pedirle algo que no tenía, podía viajar a Capadocia y meditar en el Tíbet y salvarse de la explosión de una bomba en Palestina y, aun así, todavía le faltaría visitar la luna y tener amigos en el infierno.
La siguiente es una importante recomendación para todas aquellas personas interesadas en tener una cita con un extintor.
Es una nimiedad, pero importa mucho tenerla siempre en cuenta para prevenir discusiones que puedan arruinar el futuro de lo que tal vez pueda ser una agradable relación de pareja.
Podría aprovechar la oportunidad y su atención, para entregar más de una recomendación y lo haría con gusto si lo considerara necesario, el punto es que no hace falta porque con una recomendación es suficiente.
Sin más rodeos, la recomendación es esta: no den por sentado que la música favorita de un extintor es el metal industrial.
Eso es todo, una recomendación muy puntual. Encontrarán extintores a los que les guste más el bambuco o el jazz. En una próxima entrega hablaré de lo que debemos tener en cuenta si queremos salir con la muralla china o una linterna.
En una banca de un parque en el centro encontraron a un hombre muerto. La primera en verlo fue una vendedora de tinto que pasó por ahí cargada de termos. Joven, limpio y sin marcas de sangre, explicaron las autoridades que siguen a la espera de la información que pueda entregar medicina legal. En el bolsillo de su chaqueta fue hallado un casete, dicen que era todo lo que llevaba encima.
Lo que usted oirá a continuación es un fragmento de lo grabado en ese casete:
Es un hecho, no tengo una piscina. A mí a estas alturas me hubiera gustado tener una piscina. Siete por una, siete, siete por dos, catorce, sirte por tres, veintiuno, eso debería sé suficiente para tener una piscina, saberse la tabla del siete. Bueno, ahora sí, vamos en serio, grabado el 19 de mayo,
otra vez te estoy mandando un saludo de viva voz porque sé que la bobada esa de que es más bonito y más cercano que nos estemos entendiendo con un casete en lugar de una carta te gusta más. Ya deberías volver, allá no vas a conseguir nada, en el último casete que me enviaste me quedó más claro que nunca, esa gente te está engañando y creo que no vas a conseguir demostrar que esa cosa está viva, aunque asumiendo que sea cierto, si consigues alguna reacción de esa cosa, entonces será peor, no te van a dejar volver, no confió en ellos, los tipos que vienen a recoger los casetes que te mando son diferentes a los tipos que me entregan los que envías tú y no me gusta ninguno de esos, llevamos seis semanas con esto de los casetes y siempre son tipos distintos, nunca me dijiste o insinuaste que fueran tantos.
Ahora les dio por hacerme madrugar, debo ir a un parque y esperar a que aparezcan. Estaba jodiendo con lo de la piscina porque un familiar me consiguió una, así como las de las películas gringas, de las que arman en los patios, se llaman dizque piscinas estructurales, te necesito para armarla, bien sabes que yo no sería capaz de armarla solo...
Acá no acaba la grabación, como les decía hace un momento, es solo un fragmento, las autoridades correspondientes permitieron su difusión y ahora se estudia la posibilidad de investigar, además de la muerte de un hombre, la desaparición de otro.
En el poeta de provincia se encuentra la mayor concentración de grasa abdominal conocida en un defensor de la lucha armada del que se tenga registro científico.
De la boca del poeta de provincia brotan las ideas rancias y los versos pichos de un nostálgico rojo que canta música antillana y desprecia al imperio.
El poeta de provincia supo muy temprano que si se descuidaba podía convertirse en el borracho de provincia y por eso público su primer poema, la estrategia funcionó y el poeta de provincia ahora es el borracho de la universidad en la que trabaja y el borracho de provincia es un señor que vive debajo de un puente y no lee poesía.
El poeta de provincia descubre nuevos talentos, ignora las críticas de sus malquerientes y cuida a sus amigos dispersos por el mundo. Lee y come y viaja y a veces también invita a una que otra muchacha a tomar café, no se hace lío el poeta de provincia con nada y no tiene por qué, él es el poeta de provincia.
El año pasado vi una ilustración de Simón el bobito en una librería. En ella un muchacho de sombrero apachurrado y pantalón arrugado y remendado está sentado al frente de un balde sosteniendo una improvisada caña de pescar
No existe la posibilidad de que simoncito obtenga su pescado y aunque eso es chistoso, no fue lo que me llamó la atención, lo curioso para mí fue el impuso que me llevó a imitarlo y la necesidad que sentí de verme así.
Corrí a mi casa y saqué un balde lleno agua al patio, agarré mi caña de pescar improvisada para acomodarme al frente con mi sombrero también apachurrado.
Pasé ahí las horas, sentado, sentado y mentiría, si dijera que durante ese tiempo pensé en el poema o en Rafael Pombo, en realidad no pensé mucho y creo que pescar como Simón el bobito debe ser la forma sustancial de la meditación.
Un tipo chaparro con la camiseta pegada a la barriga se encontró una vasija de esas mágicas en las que duermen los genios para ahorrarse lo del arriendo y sacarle el culo al los impuestos.
La frotó así como dicen en los cuentos que se frotan las vasijas con genio y aunque se hizo esperar el genio terminó apareciendo.
Dijo lo que suelen decir los genios que llevan mucho tiempo en su vasija, que él era un genio muy propio y de los más chimba, que había su tenido origen en Marruecos y que con los barcos y la globalización y los saqueos había terminado en el continente americano, lo dijo usando otro tipo de palabras, pero el que me echó el cuento a mí me lo contó así, entonces no me vaya a venir con el sonsonete de que los genios no hablan así, porque yo nunca he hablado con ninguno y me limito a compartir con otros la historia y ya no más.
Entonces el genio le dijo al chaparro que por haberlo liberado de esa terrible prisión que había sido la vasija, porque todos los genios posan de prisioneros y víctimas para negar con tranquilidad la fortuna que poseen y hacer del mundo su gran paraíso fiscal, que le iba a conceder un deseo, el deseo que se le ocurriera.
El chaparro se jaló la camiseta como para despegársela de la barriga sudorosa y le puso su freno al genio, que cómo así que un solo deseo si en el cuento que él había leído habían sido tres deseos y que cualquiera en cualquier parte al que se arrimara a preguntarle iba a responder lo mismo, que eran tres deseos.
El genio que se acariciaba su cabeza calva como si le resultara muy agradable al tacto le explicó al chaparro que el sindicato de genios se había reunido para examinar lo inviable de los tres deseos en el siglo XXI, la humanidad había transformado al mundo en los últimos 6000 años y ahora con un deseo era más que suficiente, eso teniendo en cuenta que los deseos era nada más que una cortesía, un genio que sale de una vasija después de que la froten no le tiene que cumplir un deseo a nadie, se podría ir tranquilamente para cualquier parte y a vivir como le plazca, el requisito de servir al que encuentra la vasija como si fuera un amo también hacía parte de un tiempo lejano en el que no existía la internet.
La camiseta se le podía pegar de la barriga y el sudor podía empaparla toda, pero el chaparro no tenía la decisión ni pegada ni mojada y previendo una situación en la que por no plantear rápido su deseo el genio se echara a perder, le dio las gracias al genio por ese único deseo y le dijo que le diera un momentito lo pensaba bien, el genio no tuvo problema y sin molestar al chaparro en su reflexión agarró la vasija y la estrelló contra el piso. El chaparro se giró asustado sin entender la acción y el genio le explicó que ese era el protocolo, romper la vasija.
Me dijeron que pasados unos cuantos minutos el chaparro le explicó al genio que él en ese momento no estaba necesitando nada, que si su deseo podía ser tener una vasija con genio guardada en la casa para cuando necesitara algo. El genio refunfuñó, nunca le habían salido con un deseo de esos, tal vez estaba pasando mucho tiempo encerrado en esas vasijas, cada que volvía se encontraba con gente más rara. El genio le dijo al chaparro que no le iba a responder, que dijera cuál era su deseo, el que fuera y él lo realizaría. Entonces el chaparro anuncio que su deseo era ese, tener una vasija con genio para usar ese deseo cuando de verdad lo necesitara. El genio se puso las manos en la frente y antes de cumplir el deseo le informó que en la nueva vasija se iba a encontrar con un genio muy distinto a él, que tuviera cuidado y dicho eso se esfumó. En el suelo quedó una nueva vasija que el chaparro abrazó contento contra su barriga.
Leí hace meses un artículo en el que hablaban de las montañas de ropa usada en el desierto de Atacama.
Señalaban la problemática que es crisis ambiental y muestra clara de nuestra indiferencia con la emergencia global y los retos que tendremos que asumir para salvar el hogar común.
Entregaban muchas cifras y con una de esas tantas demostraban que la industria textil es responsable de más del 20% de la contaminación del agua.
También enunciaban la importancia y la diferencia que hará el comercio circular, que en la práctica es vestirnos con la ropa que desechó otro, aunque también hablaron de algo así como la moda rápida y de evitarla.
Muchas palabras de introducción para llegar a lo que me pasó al leer esa información porque en lugar de querer salvar el mundo, pensé que la montaña de ropa que seguro ya no importa es también una montaña de recuerdos. Una montaña de recuerdos en un desierto.
Tal vez ese pantalón verde oliva que tenía ella esa tarde en la que salimos a montar en bicicleta y nos besamos junto a puente mientras discutíamos si debíamos seguir o ya estaba bien devolvernos esté en una montaña de esas.
Y la falda blanca tan corta que se ponía con unos tenis converse, y los cacheteros rojos con una mariposa estampada al frente, y esa blusa azul tan ceñida adornada con pequeñas florecitas que tenía puesta el día que nos encontramos en una muestra de fotografía en el parque, también estén todavía en una montaña de esas.
El problema, según el artículo, es que mucha de esa ropa está hecha con poliéster que es un derivado del petróleo y por eso tarda cientos de años en descomponerse y entonces yo me voy a morir y se van a morir muchas otras generaciones más y esa camiseta roja manga sisa de letras amarillas qué no sé qué decían seguirá estando en una montaña de esas como si nada. Cómo si no hubiera cubierto en algún momento la suavidad de ella y como si no hubieran vivido en mi cabeza.
Resulta que soy incapaz de ignorar los afiches o carteles que pegan en las puertas de las casas y locales.
Debo saber qué dicen y no puedo seguir el camino sin acercarme para leer esa información.
Afortunados esos que ven muy bien desde lejos, ojalá los años les guarden esa visión.
La semana pasada en la puerta de un gimnasio había pegado un octavo de cartulina que decía: "cerrado hasta el próximo lunes, instructora agripada".
Ayer en una puerta cercana a mi casa leí en una hoja de blog tamaño oficio: "los mejores frijoles con garra de este pueblo, encargue los suyos". Apunté el número porque uno no sabe cuando haga falta.
También vi otro afiche en una esquina del centro que decía: "nos cambiamos de local, ahora nos puede encontrar dos cuadras más arriba".
Luego, ese mismo día, vi otro papel pegado en una ventana que decía: "evite el ruido, estamos cuidando a mi papá que está peleándose con un cáncer".
En otra parte vi un cartón con forma de guitarra que decía: "se busca guitarrista". Ese número no lo apunté porque yo no tocó guitarra y no conozco a ninguno que toque.
Tampoco es que por ir leyendo carteles la ciudad me diga más de lo que le dice a otros, ni que un día voy a encontrar un tesoro o algo parecido, es solo que no consigo ignorar esos afiches y que al parecer leerlos no me hace mal.
Hay contenida en la acción de buscar o solicitar sal una lucidez y un deseo por el balance. El comensal se sienta a la mesa; habrá alguno que se santigüe antes de tomar la cuchara para llevarla del plato a la boca, y otros que no lo hagan. Hasta donde se sabe, el plato humeante no hace diferencia entre uno u otro. El comensal saborea con inquietud, y busca en la mesa el salero sin verlo. Entonces lo hace, solícita la sal. No la pediría si no la necesitara. Con el salero a su disposición, el comensal agrega un poco de sal al plato y prueba de nuevo y le gusta como queda, deja el salero al lado y disfruta lo que come. Tiene la sal a la vista, pero ya no la usa más. Nadie pide sal para agregarla a su plato y renunciar después a él porque quedó muy salado. La sal se quiere para lo que es y no permite el exceso y nadie toma más sal de la que necesita.
Con esta iniciativa buscamos demostrar de una vez que todas las personas tristes en las calles y en las oficinas y en los buses y en las filas están tristes porque les hace falta una pata, una gelatina de pata.
Por eso con mi equipo de investigadores profesionales, preparados y comprometidos, salimos con canastadas de gelatina de pata blanca y negra para repartirla sin miserias.
El método es el siguiente: salimos a la calle acompañados de alguien que graba en video la situación y alguien que la describe en texto, ellos deben conservar la distancia para no ir a intimidar a la persona abordada.
El investigador o investigadora que sostenga la canasta con las gelatinas se le acerca a la persona triste y la saluda y le dice que le tiene gelatina de pata de la blanca y la negra, que cuál le gusta y le entrega su ración sin prisa y sin hacerle el quite a la interacción, ese simple suceso de inmediato saca a la gente de sus pesares y las imágenes registradas lo pueden corroborar.
Luego triangulamos los datos aportados por el investigador y el camarógrafo y el redactor y sacamos nuestras conclusiones. Una de ellas que a nadie le sobra un poquito de colágeno y panela
Nos dicen mucho que el método es chimbo y que no vamos a demostrar nada, pero cualquiera que tenga dudas de nuestra afirmación puede salir y buscar a una de esas personas que recibió una buena pieza de gelatina y se va a dar cuenta de que esa gelatina lo marcó y lo animó.
Otros dicen que esta es una patraña patrocinada por los fabricantes de gelatina de pata y que nadie sale a regalar gelatina de pata de manera desinteresada y esa ligereza tendría sentido si la gelatina de pata fuera un producto propio de una multinacional, pero no, cualquiera sabe que su fabricación es un proceso artesanal y ancestral que no está viciado por el inescrupuloso funcionamiento del capitalismo.
Lo nuestro es ciencia y academia, la gelatina de pata puede sacar a la gente de la tristeza, aunque en otros departamentos de esta misma universidad en la que trabajamos quieran demostrar que lo que puede sacar a la gente de la tristeza es saber que las vacas conservaran sus patas hasta que la vejez las mate, cosa que nos parece absurda porque si la vaca ya se murió de vieja qué de malo tiene cortarla las patas para hacer gelatina y contribuir al bienestar de la gente triste.
Lo cierto es que estamos trabajando y que seguiremos trabajando por la gente triste de nuestra ciudad.
Mayo 10 de un 2023. Hoy estás cumpliendo años. Hace más de una década que memoricé esa fecha, tanto tiempo ha pasado sin hablarnos y la recuerdo todavía.
Desde que el reloj indica la media noche, soy consiente de que es un día diferente. Desde ese momento estoy sosteniendo conmigo un diálogo en el que me preguntó si debería escribirte y presentar mi saludo y mis buenos deseos. Cada año es igual y cada año no te escribo.
La última vez que te saludé por tu cumpleaños sí la olvidé, habré dicho cualquier tontería, no me cabe duda.
Me parece que la fecha estará presente en mí como otras varías y que tal vez algún día te termine escribiendo. Hoy todavía no sé si lo haré. En caso de que no lo haga recordaré en 2024 que el 10 de mayo de 2023 no te dije feliz cumpleaños y que en el Giro de Italia un perro tumbó al campeón del mundo Remco Evenepoel y que en la línea de meta Canvendish también se cayó.
Señales de transito en la vía cada 100 metros. Curva a la izquierda, Curva a la derecha. Zona de derrumbes. Animales en la vía. Final del pavimento. Su tipo de sangre. El nombre de la mascota de infancia. El dibujo de las tetas que le gustan. LaFoto de la madre muerta. El conductor se detiene a un lado del carretera. Qué pasó. No sabe de qué se trata. No pasa ningún otro vehículo por ahí. A quién se le ocurrió remplazar las señales de tránsito por detalles de su vida, de su intimidad. Mira a todas partes con las manos en la cintura. Está confundido. Busca el celular, quiere hacer una llamada, pero no hay señal. Sube a la camioneta y da la vuelta no va a seguir. Prefiere llegar después a ese lugar al que se dirige. Debe haber más de detalles suyos remplazando señales y no los quiere ver. Tiene que entender primero.
A los nueve años ya sabía que nunca sería un piloto de la fórmula 1. Los domingos en la mañana miraba las carreras y me sabía los nombre de varios pilotos y de cuatro o cinco escuderías importantes. La señal de la televisión era mala y la imagen se veía borrosa y eso no importaba, lo asumía como un efecto más de la velocidad.
Creo que todos esos niños de la escuela con los que crecí también sabían que no serían pilotos y eso no importaba, igual comentábamos las carreras y teníamos nuestras preferencias. Uno de esos niños incluso se consiguió una gorra pirata de Ferrari. Se le veía bien y se molestaba cuando los profesores se la hacían quitar. Él decía que esa gorra era solo para cachaquear y que no la metía al cafetal porque de pronto la manchaba.
También hubo uno que le puso McLaren a un gallo de pelea que le había regalado su papá. Le decíamos que un gallo de pelea tenía que llevar el nombre de un boxeador, que eso era lo lógico, pero él estaba contento llamándolo así.
Podría decir que ese entretenimiento de infancia salió bien, vimos las carreras y luego ya no las vimos más, dejaron de pasarlas por el canal de siempre, el único que se sintonizaba en la vereda. Nos emocionamos con el rugir de los motores y luego ya no. Nunca quisimos ser pilotos y en efecto no lo fuimos.
Reciba un cordial saludo, señor Drácula, nos dio mucho gusto leerlo y es para la organización un orgullo enterarse de que una figura de su importancia quiere hacer parte de los nuestros, por eso también lamento tener que decirle que usted no puede ser un miembro de la organización Intrusos por convicción.
Señor Drácula, ni siquiera siendo el príncipe de las tinieblas, podría conseguir ser un intruso, no tiene ninguna posibilidad.
Cualquiera que haya visto un par de película sobre usted sabe que Drácula debe ser invitado a entrar. Estoy seguro de que usted también ha visto las películas basadas o inspiradas en su vida. Sé que entiende lo que le digo.
Nosotros, en cambio, no necesitamos que nos inviten a entrar, de eso se trata esta organización, señor, de ir por ahí, de entrometidos, siempre tercos y constantes.
La verdad es que es una pena que Drácula se encuentre impedido para ser un intruso porque usted podría ser un intruso eterno y cualquier situación complementada con la palabra eterno cobra unas características llamativas e intensas que nos vendría muy bien para comercializar la organización.
Señor Drácula, un intruso por convicción, trabaja en algo para lo que no estudió. Un intruso por convicción asiste a rituales que no le importan y luce con gusto la camiseta de una liga deportiva que no entiende. Un intruso por convicción escribe novelas sin saber poner las comas y publica libros sin mamársela a ningún poeta de pueblo.
Un intruso por convicción no solicita su ingreso a la organización y nunca esperaría una invitación formal. Un intruso por convicción un día no hace parte de la organización y al otro sí, de eso se trata, de encontrar la manera de burlar cualquier tipo de autorización.
En cada reunión somos más, en cada reunión veo rostros nuevos de gente que lo consiguió, hombres y mujeres que se infiltraron, que no reclamaron un derecho, por eso, señor Drácula, le ratifico nuestros agradecimientos por interesarse y me despido deseando verlo muy pronto en una de nuestras reuniones. Confió en que encontrará la manera.
Con respeto, se despide un vocero más de la organización Intruso por convicción.
Podrán mirar a la derecha y ver tu casa y decir tu nombre. Allá vive el señor que narró los últimos días del productor audiovisual más importante de este pueblo.
Murmuran entre ellos diciendo que sí, que recuerdan la fachada y el jardín que salía en los videos cuando el señor regresaba de la clínica y ayudaba a bajar del carro al paciente cada vez más reducido y más demacrado y más roto después de cada sesión.
Podrán tocar a tu puerta y verte abrir y podrán darte las gracias personalmente por haber hecho lo que hiciste.
Nadie creyó que un enfermero y cuidador se iba a tomar la cámara en serio para permitir que ese creador de contenido que ya no podía crear y se desvanecía en el mundo sin creer pudiera seguir en la pantalla de los celulares y computadores de millones.
Podrán reconocértelo porque fuiste tú. Por ti la gente pudo ver como ese creador de contenido perdió el habla y dejó de caminar y terminó postrado en una cama. Por ti la gente pudo ver como ese creador de contenido un día ya no pudo más limpiarse el culo solo.
Podrán oír tu voz, todos recuerdan tu voz y lo que decías mientras grababas al creador de contenido y la manera en que te mantuviste humilde y nunca aunque fueras el que sostenía la cámara y narraba la situación, nunca te sentiste un creador de contenido, porque siempre, siempre tuviste presente que lo tuyo era ser enfermero y cuidador.
Podrán preguntarte por qué después de la muerte del creador de contenido te quedaste con su casa que ahora es tu casa. Podrán preguntar cuánto pagaste por ella y cómo la pagaste. Podrán y lo harán porque ahora y aunque no lo creas también les importas y también quieren saber de ti y por eso el resto y yo les seguiremos indicando donde queda la casa, ahora es unaresponsabilidad que tenemos con los turistas y aunque no te guste, primero el turista.
Me encontré con un viejo compañero del colegio que no veía hacía más de 20 años. Muy formal, quiso estrecharme la mano y yo, impredecible para él, me le arrojé encima y lo abracé. No sé qué me pasó, no calculé la inconveniencia de ese gesto. Después de tantos años, un abrazo. Qué me pasó, en qué estaba pensando, que fue lo que vi en su mirada, que me conmovió así. Por qué me di esa libertad de ponerlo en una situación incómoda justo en ese lugar. Yo saliendo de un chochal y él entrando. Se río nervioso con mi efusividad y como si llevara equivocado el paso dio media vuelta y se alejó diciendo con nerviosismo que había sido un gusto verme de nuevo. Le dañé un polvo a ese hombre, con qué derecho lo hice, a un tipo que sentó a mi lado en el colegio todo el bachillerato. Qué vergüenza. Qué tarde tan difícil y qué culpa, igual yo ya había hecho lo mío en el chochal y había estado muy rico, pero de todas formas, qué culpa y que tarde difícil.
En todos los noticieros de la mañana anunciaron el calor y ninguno se equivocó. Caen las gotas de sudor al suelo y en el cielo azul no hay rastro de nubes con formas de caballos, carros, palacios o brujas. Me acomodo mis gafas para las que la nariz sudada resulta un tobogán y sigo subiendo las escaleras. Me imagino que abrirá alguien distinto a ella, un tipo barbado y alto y bello y flaco, de camisa planchada que dirá con voz varonil y perfecta dicción que ella no está, aunque respire nerviosa, escondida en el baño, luego dirá entregándome una caja que ahí están mis libros y las cenizas de Tango, que ella cree que lo mejor es que las tenga yo. Guardará silencio esperando de mí más palabras de las que podré decir y al oír mi desganado agradecimiento cerrará la puerta. Parezco marica, sí sé, si sabía desde que salí del apartamento, que así será, para qué voy, para qué vine. Hubiera mandado a mi hermana, o hubiera venido con ella, y la hubiera esperado en el carro mientras ella subía. Saludo al portero del edificio que me sonríe amable y me invita a pasar generoso, como si yo todavía viviera ahí, le digo que voy para el apartamento de ella y no me deja ni decirle el nombre, me dice que bien pueda. Toco la puerta y abre ella, sus ojos manzanillas frente a mí. Me da un saludo que es una muralla y me dice que creyó que iba a mandar a mi hermana. No le respondo.
Buenas noches a todos y bienvenidos. Estamos una vez más en este programa hecho con mucha dedicación para todos los lectores y escritores y amantes de los libros que sabemos siempre nos sintonizan.
Como todos saben, en No escritores hablamos con esas personas que están relacionadas con la industrial del libro aún si escribir.
Hemos charlado con editores, ilustradores, diagramadores, directores de talleres de imprenta, fabricantes de papel y siguiendo esa línea hoy nuestra invitada es doña Babilonia, la señora que se encarga de llevarle el tinto y mantenerle la casa limpia y la comida lista a los escritores que se ganan la beca de creación Relojes de cuerda, proyecto que cada año le permite a dos escritores de cualquier lugar de Colombia pasar seis meses en Pijao, Quindío, dedicados solo a escribir.
Bienvenida, doña Babilonia, es un gusto tenerla en este programa, cuéntenos, cómo es trabajar con la fundación Relojes de cuerda.
Son muy buenos jefes, pagan bien y joden poquito, el problema son los escritores, lidiar con ellos no es fácil.
Por qué lo dice doña Babilonia, acaso a tenido algún problema con alguno de ellos o de ellas.
Con todos, con todos la paso mal, uno ve esos libros todos bonitos cuando por fin los publica, a mí siempre me regalan una copia de los libros publicados por los escritores ganadores de la beca, nunca los leo, pero igual se ven bonitos, entonces como le decía, uno ve esos libros y no se alcanza a imaginar la calidad de hijueputa que es el que lo escribió.
Fuertes declaraciones, como dicen por ahí, doña Babilonia y yo que pensaba que esta charla iba a ser más ligera. Deme un nombre, dígame cuál ha sido el escritor que más la molestó durante su paso por Pijao y la casa de la fundación.
Nombres, para qué le voy a decir nombres, confórmese con saber que todos son unos hijueputas, de ahí no se salva nadie, ojalá pudiera uno trabajar en algo que no tenga que ver con escritores, que clase de gente tan desagradable.
Justo por eso existe este programa, doña Babilonia, porque creemos que es importante hablar con esas otras personas que también con su trabajo permiten que un libro exista aunque su nombre no termine en la portada. Pero cuéntenos doña Babilonia, de qué le hablaban los escritores mientras están ahí entregados al trabajo.
Yo ya ni me acuerdo, es una tiene que escuchar y olvidar rapidito porque las bobadas que dicen son muchas, usted se imagina que uno memorizará toda esa mierda que hablan, quedaría listo para vivir internado. Uno de ellos se emputaba y rasgaba lo que había escritor durante toda la mañana justo antes de almorzar, dizque la voz de un personaje le estaba saliendo muy parecida a la de él, yo lo dejaba para que no me fuera a contar más. Otro ponía música y vez de escribir cantaba y me decía cuando me veía cerca que si me gustaba el rock. Pero no le voy a decir nada más, nada más detallado porque en el trabajo mío también se aplica eso de la confidencialidad.
Lo entendemos doña Babilonia, le damos las gracias por acompañarnos y a ustedes oyentes gracias por seguir ahí, nos vamos con la canción de la semana, Caspa, el éxito punk del pukero de provincia y al regreso hablaremos con un carpintero experto en construir sillas para escritores, nadie como él conoce lo que pesa el culo de las plumas nacionales. Ya volvemos, no se despeguen, esto es No escritores.
Un soltero en Londres quita sus sábanas de la cama y las sacude, las mira a contra luz y le parece que aguantan unos días más, las vuelve a poner y se queda tan tranquilo. Como debe ser. Abre un libro y se echa a leer. Mentira, esa ultima oración lo es. Leer, por qué habría de leer. Un soltero de Londres tiene que leer, acaso. Qué tontería. Debe pasar algo mejor. Se hecha a dormir, eso por muchas razones me resulta una elección ganadora. Sale a buscar una mujer amistosa que se anime a pasar la noche con él, está seguro de tener unas sábanas que después de tres meses sin lavar todavía pueden aguantar otros tres meses. Se lava los dientes y mientras se mira al espejo el soltero de Londres entienden que no existe manera de que unas sábanas que llevan tres meses sin ser cambiadas aguanten otros tres meses. Podría cambiar las sábanas por unas limpias y llevar las sucias a la lavandería. Cambiar una salida a buscar una mujer por una salida para lavar unas sábanas tendría sentido solo sí le garantizaran que en la lavandería habrá una soltera de Londres también lavando y también buscando un hombre amistoso que quiera pasar la noche con ella y que tal vez pueda ser él. No pasará, no es una película la vida del soltero de Londres y en últimas por qué cambiar unas sábanas que todavía aguanta si es soltero y vive solo y si quiere dormir en la mugre es problema suyo. Fin del soltero en Londres que dejó las sábanas como estaba porque todavía aguantan.