El filósofo de provincia recuerda que su padre tuvo un palito de papayo. No fue un acto pedagógico ni una transmisión de saber ancestral ni ninguna de esas posibilidades convertidas en embustes como consecuencia de la repetición. Se trató de un ejercicio de observación. El niño, que luego sería filósofo de provincia, observó en silencio y con respetuosa distancia como su padre puso en una bolsa con tierra las semillas de papaya. Observó la planta germinada y después estuvo allí cuando su padre la trasplantó en la tierra. Su padre cuidó el palito de papayo y él observó. Un día el filósofo de provincia oyó desde la sala a su padre decirle a la madre que ese papayo había salido macho, luego vio como el padre buscó un machete y tumbó el papayo. El filósofo de provincia, que era niño y todavía no era filósofo, no entendía lo sucedido y su cara de confusión debió ser muy notoria, razón por la cual su madre le explicó que los papayos machos no daban frutos y que por eso el padre no lo iba a cuidar más. El filósofo de provincia recuerda ese hecho y cree que tal vez su pensamiento sea macho y sus ideas sean macho y seguro todo él es un filósofo macho. Es posible que él, el filósofo de provincia, sea un filósofo macho, un filósofo ornamental.
viernes, 28 de abril de 2023
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