lunes, 24 de abril de 2023

Ocurrencia #61 - de 100

Hola, Virgen María, soy yo, el gordo aquel de Patio Bonito, el frentón de gafas grandes, no le digo mi nombre porque usted ya se lo sabe, para eso es santa y madre del salvador. 

Debe parecerle extraño que le hable después de tanto tiempo, pero tengo una duda y a veces las dudas se toman sus años en aparecer casi agobiantes. 

Usted se tiene que acordar porque usted tiene una memoria celestial, yo lo sé.

Cuando yo era muchacho fui hasta un cerro que tenía su nombre y arrodillado recé un rosario frente a una imagen de bulto de esas que celebra su existencia, antes de encorar ese rosario yo le pedí que me ayudara con una muchacha que me gustaba, yo sé que usted se acuerda. 

Una mona de letra bonita que olía a romero, la que se sabía completo ese bambuco de las cuatro preguntas que cantaban Espinoza y Bedoya, yo sé que usted sabe de quien le habló, no usaba faldas, yo no la vi con una, iba en pantalones y no le gustaba peinarse. 

Yo me sentía enamorado de ella por esa época y por eso le pedí ayuda a usted. 

Me imaginaba besándome con esa muchacha y comiendo patacones con chocolate en una casa con jardín. 

Eran otros tiempo, yo lo entiendo, eso fue mucho antes de agarrarle el gusto a chupar cucas y tomar aguardiente. 

Me disculpa por terminar hablando de eso, pero igual para usted no hay secreto, entonces no tiene sentido disimular en donde he terminando poniendo la boca, madre santa. 

Yo recé con harta fe ese rosario y luego le hablé a la muchacha varias veces esperando que pasara algo y nada pasó. Me siguió gustando y le seguí buscando el lado hasta que me fui a vivir a otra parte y seguro alguna otra me gustó, ya ni me acuerdo. 

Qué pasó, Virgen Santa, acaso era muy difícil esa petición, de pronto usted que todo lo ve vio que no tenía sentido que no había futuro o algo así. 

Tengo la duda porque la escuché en estos día en radio, a esa mona, Virgen mía, estaba pintando una silla cuando la oí, y otra vez, Virgen bendita, sentí el olor a romero, el taller no me olió más a madera y a pintura, no señora, olió a romero y ella, la mona despeinada hablaba del aumento en la actividad de un volcán, una funcionaria del servicio geológico, le decían doctora. Dejé de trabajar y me quedé ahí quieto oyéndola. 

Ni para qué le cuento más, Virgen adorada, usted ya sabe todo, sabe lo que siento y lo que pasa en todas partes. La duda me vino entonces y por eso quiero saber, qué era lo que pedía la monita de letra bonita cuando le rezaba. 

Yo no dudo de su grandeza y su poder, madre santa, yo sé que usted lo puede todo, lo que creo es que yo pedí mal, no pedí lo que era, por eso quiero saber qué pidió ella, qué pedía ella, porque los dos rezamos en el mismo cerro, los dos nos arrodillamos. 

Respóndame madre, explíqueme que pidió ella, cómo lo pidió, tal vez todavía este yo a tiempo de pedir algo más, algo distinto o lo mismo de otro modo.  








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