Primero muerto y podrido en un hueco que tomarme un tinto de estos baratos sin azúcar.
Lo anterior dicho con más volumen del que hacía falta y las miradas en la funeraria no fueron ya más solidarias o empáticas.
Mi abuela se hubiera reído de la situación, pero en los velorios la familia que llora al muerto no está en disposición de considerar el sentido del humor como herencia.
De lo que le resultaba gracioso o no a mi abuela no se iba a hablar en su velorio.
Tal vez la herencia de la abuela iba a terminar siendo la predisposición genética a desarrollar un cáncer que nos matara a todos como la terminó matando a ella.
De eso se hubiera reído mi abuela.
Un chiste habría sacado de ahí, uno sobre lo mucho que los pobres tiene para dar, o algo así.
Me quedé afuera para no molestar más a la familia hablando de la muerte en vano, así calificó el comentario inicial uno de mis tíos, y claro, de eso también se hubiera reído mi abuela.

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