Me pregunto por los amigos. La posibilidad de sobrevivir, de permanecer y crecer en la perspectiva y la ilusión y el sueño de otros.
Está el muchacho, imagínelo flaco, alto, ojeroso, peludo. Escribe cuentos y novelas, nada malo sobresaliente tampoco. Resulta publicado porque puede y cosecha lectores, en especial sus amigos, después se le antoja la muerte y entonces se mata.
Eso sucede en los años 70 y pasan cincuenta años sin que sus amigos dejen de hablar de él.
Los amigos también se van muriendo y los que van quedando siguen hablando de el que se fue primero y no de los idos después porque el que pega primero pega dos veces.
El que se muere primero se mata todos los días, se mata una y mil veces en el dolor y el amor de los que lo sobreviven. Así mismo debe renacer. Tal vez ser amigo sea gozar de esa disposición, la de ver morir y ver nacer a la misma idea del amigo que ya no puede ser abrazado.
Una obra perdura y esos cuentos y novelas se reeditan una y otra vez, los amigos lo tuvieron siempre en el centro de la discusión. Me pregunto por los amigos porque esos que señalo son amigos del pasado, son amigos de otro siglo incluso de otro milenio, pero qué pasará en 2023, será que los amigos de este año o los que vienen sabremos hacer lo mismo.
No me veo absolviendo a un suicida del olvido ni celebrando una novela regular como si fuera buena porque me hubiera gustado tener la pija del amigo muerto en la boca.
Seguro los amigos de antes eran mejores, seguro yo no sé como ser un amigo, tal vez nuestro tiempo impida que seamos esos amigos y nuestra amistad sea antropófaga.

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