El filósofo de provincia estaba desconcentrado. Algo lo dejó inquieto. Mientras cruzaba el parque afanado porque iba a llegar tarde a la función de las cuatro, la única en la que pasan las películas en idioma original y con subtítulos, oyó a unos muchachos hilar palabras una tras otra muy de prisa, lo hacía uno y después el otro y se aplaudían y chiflaban, y el filósofo de provincia notó que uno de los presentes dijo: papi, es que este bo es un filósofo. Era tal la seguridad del muchacho que había pronunciado esas palabras que el filósofo de provincia se alcanzó a ruborizar. Diógenes, pensó. El conocimiento en las plazas, insuperable Grecia está viva. Otro de los muchachos con el parlante en la mano, dijo: que va, filósofo éste, y le subió volumen al parlante. Los muchachos empezaron a mover las manos y la cabeza con cierto ritmo y siguieron la letra de la canción, seguros, sin interés por imitar la voz que salía del parlante. El filósofo de provincia empezó a ver la película sin dejar de darle vueltas a las frases de los muchachos del parque, cómo le iban a decir filósofo a un tipo que rimaba fría con creías, él se tenía que comprometer, iba a tener que grabar sus canciones, la labor estaba en la calle, pero podía comenzar después de la película.
martes, 11 de abril de 2023
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