sábado, 22 de abril de 2023

Ocurrencia #59 - de 100

Había una vez un osito de antejos muy orgulloso de su álbum de fotografías. 

El osito de anteojos se lo enseñaba a todas sus visitas. 

En el paramo muchos de sus vecinos lo conocían. 

Llevaba muchos años sin salir de casa, pero había salido siendo muy joven. 

Se trató de un paseo por el pacífico. Estuvo en Buenaventura, Juanchaco, Ladrilleros y La barra.  

En las fotografías se veía al osito de anteojos en la playa enterrado en la arena. Comiendo pescado con patacón. Sentado al pie de una fogata. Dormido en una cabaña. Conversando con los lugareños que pelaban cocos. 

Algunos vecinos no quería ver más ese álbum de fotografías pero el osito de anteojos se los seguía enseñando. Le gustaba hablarles de esos días, de ese viaje. 

Uno de esos vecinos le preguntó una vez al osito de anteojos quién había sacado las fotografías y el osito no respondió. El vecino curioso quiso saber si el osito conservaba la cámara y el osito dijo que no y tomó su álbum y lo guardó y cambió de tema de conversación. 

El vecino le contó lo sucedido a su esposa y su esposa a una amiga y esa amiga a su mamá y su mamá a un hijo y ese hijo a un primo y de pronto en el paramo cada que el osito de anteojos quería mostrar su álbum de fotografías le hacían la mismas preguntas. 

Quién había hecho las fotografías, dónde está la cámara. Una tras otra las mismas preguntas una y otra vez y el osito de anteojos no respondía y guardaba su álbum y hablaba de otra cosa. 

Un día el osito de anteojos no enseñó ni habló más de su álbum de fotografías. Habló de las matas que sembraba y de las noticias en la radio, algo retraído, menos simpático. 







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