No
hay sombreros, ya no los venden. Dejaron de fabricarlos cuando el crecimiento
de las cabezas superó toda dimensión conocida. La materia prima empezó a ser
siempre poca y ni usando el cabello para tejerlos hubieran conseguido una
producción estable. No fueron más el famoso pueblo del sombrero artesanal que protegía del sol las frentes de presidentes y reinas. Ahora intentan darle solución a los problemas
de vivienda que persisten en las periferias utilizando los cráneos de sus
muertos.
sábado, 25 de marzo de 2017
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