Tres
meses después de inaugurarse el primer conjunto cerrado de Vivir Así el deseo
de los ciudadanos por ser inquilinos se propagó como una plaga. Con el precio
de los arriendos en el resto de sectores residenciales de la ciudad era comprensible que así fuera. Pero no era fácil conseguir un apartamento en esos conjuntos,
la posibilidad de ahorrar no estaba a disposición de todos. Uno de los
requisitos era vivir solo, sin mascotas; había otras exigencias pero la más
importante era esa. Hubo gente que regaló perros y gatos, tortugas y pájaros.
Néstor no tuvo necesidad de eso, su solicitud fue aprobada con prontitud. Se instaló
en un apartamento pequeño y austero como todos los otros. Se asomó a la ventana
y vio la larga fila de solicitantes, se tiró a la cama y durmió sin apagar la
luz.
miércoles, 8 de marzo de 2017
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