miércoles, 8 de marzo de 2017

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Tres meses después de inaugurarse el primer conjunto cerrado de Vivir Así el deseo de los ciudadanos por ser inquilinos se propagó como una plaga. Con el precio de los arriendos en el resto de sectores residenciales de la ciudad era comprensible que así fuera. Pero no era fácil conseguir un apartamento en esos conjuntos, la posibilidad de ahorrar no estaba a disposición de todos. Uno de los requisitos era vivir solo, sin mascotas; había otras exigencias pero la más importante era esa. Hubo gente que regaló perros y gatos, tortugas y pájaros. Néstor no tuvo necesidad de eso, su solicitud fue aprobada con prontitud. Se instaló en un apartamento pequeño y austero como todos los otros. Se asomó a la ventana y vio la larga fila de solicitantes, se tiró a la cama y durmió sin apagar la luz. 

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