Si
le hubieran avisado que las pilas estaban tan gastadas no se habría quedado a oscuras
en mitad de la noche. Guardó la linterna en el bolsillo de atrás del pantalón,
no tenía sentido seguirla sosteniendo en la mano sí ya no servía.
El abuelo había ido y vuelto por ese mismo camino durante treinta años noche tras noche, se lo sabía de memoria y lo que menos necesitaba era luz. De niño le decía que uno con tantos enemigos no podía puchar el culo así no más y que la luz de una linterna la veían desde lejos.
Lo mataron los años y la abuela dijo que enemigos no tenía ninguno pero le gustaba ver la cara que ponían él y sus primos cuando les narraba sus peleas que era siempre peleas de otros.
Se sentó al bordo del camino en lo que adivinó era una piedra y ahí se quedó esperando a que amaneciera. Sin luz no podía seguir, le daba miedo salirse del camino y echarse a rodar por uno de los tantos filos de esa montaña.
Si
no lo hubieran requisado tantas veces y si no hubiera tenido que mostrar su cédula y su carnet de estudiante universitario tantas veces y si esos tipos no
hubieran tardado tanto en encontrar al cura del pueblo para que lo mirara a la
cara y lo reconociera y dijera que sí estaba cambiado que estaba muy gordo y
peludo pero que sí era el nieto de doña Mercedes y que él no lo veía desde
hacías más de seis años, desde el entierro del abuelo y si luego no les hubiera
tenido que explicar que iba a visitar a su abuela y que llevaba el computador porque iba aprovechar los días en la finca para terminar de escribir una novela
y si en vez de haberles dicho eso les hubiera dicho otra cosa porque fue muy difícil
explicar que escribía pero no era escritor entonces seguro habría llegado a la
casa antes de que anocheciera.
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