En
las reuniones de tíos hay más sinceridad que en las reuniones de papás. Los tíos
dicen sin miedo y con algo de exageración lo que no quieren decir el papá o la
mamá. Yo por ejemplo en las reuniones de tíos soy el arrogante que presume de
lo cansones que son mis sobrinos, y digo ese huevón es un terremoto, ese
verraco es un huracán, es que no se lo mama nadie, no le puede devolver el libro porque los niños lo dañaron, si no viviera con mis
sobrinos leería más, y cuando digo eso evito decir que si no viviera con mis
sobrino cantaría menos. En las reuniones de tíos yo disfruto convertir en
relatos que no son atractivos y se quedan en el lánguido intento mío por ser
gracioso aprovechándome de lo que hacen ellos teniendo en cuenta que yo no hago
nada y ellos hacen mucho, y los tíos al igual que papá y mamá sabemos lo mucho
que hacen cuando nos toca limpiar los desastres.
En
las reuniones de papás y de mamás en cambio no hay nadie dándoselas de café con
leche porque el hijo le diga gorda marrana a la profesora o porque digan delante
de la visita que tienen ganas de echarse una cagada, o que hagan pataleta porque se acabaron las pilas de los juguetes, en esas reuniones entre
ellos los que se las dan de dueños de los sobrinos de uno lo que ahí es puros
cuentos aburridos de niños entrenando fútbol o de niñas inteligentes que son
excelentes en el colegio, en esas reuniones no hay adultos gordos y fracasados
o en camino al fracaso comentando los mejores capítulos de programas infantiles
que dicen ver sólo porque a los sobrinos les gusta.
Las
reuniones de tíos me gustan más que las de papás y mamás porque no hay mujeres
comentando con exactitud y sin elipsis los momentos exactos en que iniciaron
los dolores y lo traumático o no que fue el parto y lo mucho o poco que pesaron
los niños. Esas mamás no dicen con tanta frecuencias que sus hijos nacieron muy
feos pero uno de tío si lo dice y lo repite sin problema. Las reuniones de tíos
me gustan más porque incluso se dan muy poquitas veces, las reuniones son entre
papás y mamás y los tíos nos quedamos en la casa cuidando a los niños y descabezando
muñecos, deseando no ser tíos, regañando con estilo en vez de con autoridad
mientras los papás y mamás hablan entre ellos y se niegan a ver que sus hijos
se están pareciendo mucho a los tíos treintañeros y mantenidos que siguen en la
casa oyendo los ramones.
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