lunes, 6 de marzo de 2017

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“No hay marca por buena que sea que no tenga en su haber un producto que vendió menos de lo esperado. En el caso de Gato Plásticos S.A. el fracaso fue un balde muy ligero que se doblaba con el peso, su salida al mercado coincidió con los meses del corte, temporada en la que la gente debía cargar agua desde los parques públicos donde estaban los carros de bomberos hasta sus casas. El constante trajinar dejó rápidamente en evidencia las deficiencias de los baldes que se quedaron arrumados en las bodegas. Por fortuna para la empresa las sillas marca Gato son muy apetecidas por los compradores y se venden cantidades sin que haga falta ningún tipo de publicidad. Los compradores mayoristas son los directores de edificios y conjuntos cerrados Vivir así. En dichos lugares cada inquilino tiene derecho a más de diez sillas, suma que va acompañada por varios de los baldes ligeros que Gato Plásticos obsequia a sus mejores clientes. No hay marca que se considere buena donde un producto no cubra las perdías que deja otro”. Aparte de “la vida en burrito de parque de las empresas tulueñas de esta década” artículo de Néstor Tirado en el tabloide semanal. 

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