“No
hay marca por buena que sea que no tenga en su haber un producto que vendió
menos de lo esperado. En el caso de Gato Plásticos S.A. el fracaso fue un balde
muy ligero que se doblaba con el peso, su salida al mercado coincidió con los
meses del corte, temporada en la que la gente debía cargar agua desde los
parques públicos donde estaban los carros de bomberos hasta sus casas. El constante
trajinar dejó rápidamente en evidencia las deficiencias de los baldes que se
quedaron arrumados en las bodegas. Por fortuna para la empresa las sillas marca
Gato son muy apetecidas por los compradores y se venden cantidades sin que haga
falta ningún tipo de publicidad. Los compradores mayoristas son los directores
de edificios y conjuntos cerrados Vivir así. En dichos lugares cada inquilino
tiene derecho a más de diez sillas, suma que va acompañada por varios de los
baldes ligeros que Gato Plásticos obsequia a sus mejores clientes. No hay marca
que se considere buena donde un producto no cubra las perdías que deja otro”. Aparte
de “la vida en burrito de parque de las empresas tulueñas de esta década” artículo
de Néstor Tirado en el tabloide semanal.
lunes, 6 de marzo de 2017
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