En
la calle sexta con carrera doce esquina del barrio Alameda hay una fritanguería
que está abierta todos los días desde las siete de la mañana hasta las once o
doce de la noche, el dueño se llama Edilberto y tiene una panza grande, también la tienen sus hijos y su mujer que me hace pensar en la cantidad de
fritanga calentada que han tenido que comer cuando las ventas van mal. A ese
lugar voy a tragar hasta la indigestión cuando estoy triste y hacer lo mismo cuando estoy contento pero a modo de celebración.Venden cualquier cosa que se pueda fritar y servir inundada en grasa, a mí me
encantan las empanadas y los pasteles de pollo aunque a veces hago mi
revolución y como otras cosas.
Como
la fritanguería está en la esquina tiene una puerta grande que da a la calle y otra
que da a la carrera, la acera es amplia en ambos frentes y en ella están
regadas cuatro mesas blancas cada una con cuatro sillas blancas marca
rimax, todas están amarradas al piso con cadenas delgadas, cuando cierran las
sueltan y las guardan dentro. La estufa y la vitrina de calefacción están también en
la acera puestas sobre una larga mesa de madera.
Ayer
que iba a comprar cordones para unos zapatos negros que casi no me pongo pasó
por mi lado un tipo alto y flaco corriendo, iba medio enredado en unas chanclas
horribles en las que me fije justo por el modo en que atentaban contra su estabilidad, gire en
una esquina y me di casi de frente con tres muchachos y dos muchas que también
venían corriendo y riendo a carcajadas, poco después al que vi fue a don
Edilberto corriendo con un machete en la mano en comparación a los muchachos él
no corría caminaba. La gente empezaba a amontonarse en las puertas de sus casas para ver esa
desigual persecución.
Cuando
pasé justo por la acera de la fritanguería vi que la esposa de don Edilberto
levantaba las sillas de suelo y el hijo mayor sin camiseta y en chanclas se
subía a su moto pidiendo que le pasaran el machete que él sí mataba a esos
jijueputas. Yo seguí caminando pero lento dando tiempo de que algo pasará pero
ya no quedaba qué, habían dado vuelta dos cuadras más abajo. Unos niñitos gritaban
que habían volteado por la cuadra de la iglesia. Lo niñitos informaban deseosos
de que algo pasará y yo envidioso de su deseo di vuelta también y a ver si me
encontraba con que el padre o el hijo los había atrapado.
Me
quede sin saber que pasó, compré los cordones y me fui para la casa y apenas a
los dos días uno de los niñitos que se las daba de informante me contó cómo
había terminado todo. Don Edilberto corrió cinco minutos y se le subió la
presión, los muchachos iban lejos y ya ni sé veían, don Edilberto siguió corriendo
y le dio un soponcio no sé si se infartó o qué el caso según el niño es que se
fue al piso y en la caída se cortó la pierna izquierda y se chuzo una artería,
los vecinos que estaban de chismosos tuvieron que correr con él para el
hospital antes de que la hemorragia se lo llevara. Después de que lo subieran
al taxi el niño corrió a la fritanguería a contarles lo que había pasado.
Él
dizque no había terminado de hablar y la señora ahí mismo se puso a llorar a
los gritos y que ella se iba para la clínica y que su marido su marido, rápidamente
guardaron la mesa con la estufa y la vitrina y cerraron y se fueron. Hasta
ahí me dijo el niño que había estado presente. Entonces le pregunté por los
muchachos qué si los había agarrado o no y me dijo que sí, que el primo de él
se había ido detrás del hijo mayor de don Edilberto en la bicicleta y que los
encontraron en el parque que queda al lado de la iglesia que estaban ahí sentados
riéndose y que el hijo mayor de don Edilberto se bajó de la moto con el machete
en la mano y les dijo que cual de todos pedazos de hijuputas malparidos me va
pagar lo que se comieron y que empuñaba fuerte el machete pero sin arrimarse
mucho a los muchachos y me dijo que me estaba contando así como el primo le
había contado a él.
Según
el niño y su primo los muchachos se dispersaron cuando vieron al tipo enfurecido
con el machete y salieron a correr y que solo dos se quedaron en el parque
porque el hijo de don Edilberto les cerró el paso y que a uno de ellos hasta le alcanzó
a dar un planazo que lo hizo gritar de miedo y cuando le iba a dar el otro apareció
la policía en una patrulla.
El
hijo de don Edilberto les explicó que esos dos y otros que se había ido se le
había volado de la fritanguería sin pagarle y que él los había perseguido
porque a él no lo iban a robar así. Los muchachos decían que ellos no eran
ningunos ladrones, la policía los sujetaba para que no se fueran a ir y vigilaban
de cerca al hijo de don Edilberto al que ya le había quitado el machete.
Uno
de los policías le preguntó cuanto le debían y él dijo que veinte mil pesos y
el policía le dijo que si por esa chichigua él había salido a perseguir a uno
menores de edad portando un arma y el hijo de don Edilberto le dijo que ningún
arma que era una herramienta de trabajo y que esa chichigua podía ser la ganancia
del día y que el papá y la mamá de él no se levantaban todos los días a
trabajar para que los vieran no más y que él no se iba a dejar robar de ningún
hijueputa y que de todas maneras había que buscarlo así la plata se perdiera no
más para que la gente viera que no era así no más que se iban sin pagar y que
no pasaba nada.
El
policía subió a al hijo de don Edilberto a la patrulla y le dijo que iba para
la permanencia. Los muchachos seguían diciendo que ellos no eran ningunos
ladrones. El policía les preguntó que si no eran unos ladrones entonces porque
se habían ido sin pagar y los muchachos sin vacilar le respondieron que lo habían hecho porque en una cadenas de whatsapp les decían que tenía que comer en
una fritanguería y volarse sin pagar y si no lo hacían los iba a perseguir la
mala suerte y se iban a quedar siete años sin culiar. Mi primo dijo que el policía se quiso reír pero que se aguantó y les ordenó subirse a la patrulla porque
también iban para la permanencia. Antes de arrancar Edilberto preguntó por su
moto y el policía le dijo que la grúa iba a venir por ella. Mientras eso pasaba
por la radio empezaron a reportar casos parecidos de fritangueros tumbados por
toda la ciudad.
El
niño me dijo que eso hasta había salido en las noticias y yo le dije que no
veía noticias, me miró como con pesar y antes de que se fuera le pregunté por
don Edilberto y me dijo que seguía en la clínica pero que estaba bien.
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