lunes, 27 de marzo de 2017

Cadenas de Whatsapp


En la calle sexta con carrera doce esquina del barrio Alameda hay una fritanguería que está abierta todos los días desde las siete de la mañana hasta las once o doce de la noche, el dueño se llama Edilberto y tiene una panza grande, también la tienen sus hijos y su mujer que me hace pensar en la cantidad de fritanga calentada que han tenido que comer cuando las ventas van mal. A ese lugar voy a tragar hasta la indigestión cuando estoy triste y hacer lo mismo cuando estoy contento pero a modo de celebración.Venden cualquier cosa que se pueda fritar y servir inundada en grasa, a mí me encantan las empanadas y los pasteles de pollo aunque a veces hago mi revolución y como otras cosas.

Como la fritanguería está en la esquina tiene una puerta grande que da a la calle y otra que da a la carrera, la acera es amplia en ambos frentes y en ella están regadas cuatro mesas blancas cada una con cuatro sillas blancas marca rimax, todas están amarradas al piso con cadenas delgadas, cuando cierran las sueltan y las guardan dentro. La estufa y la vitrina de calefacción están también en la acera puestas sobre una larga mesa de madera.

Ayer que iba a comprar cordones para unos zapatos negros que casi no me pongo pasó por mi lado un tipo alto y flaco corriendo, iba medio enredado en unas chanclas horribles en las que me fije justo por el modo en que atentaban contra su estabilidad, gire en una esquina y me di casi de frente con tres muchachos y dos muchas que también venían corriendo y riendo a carcajadas, poco después al que vi fue a don Edilberto corriendo con un machete en la mano en comparación a los muchachos él no corría caminaba. La gente empezaba a amontonarse en las puertas de sus casas para ver esa desigual persecución.

Cuando pasé justo por la acera de la fritanguería vi que la esposa de don Edilberto levantaba las sillas de suelo y el hijo mayor sin camiseta y en chanclas se subía a su moto pidiendo que le pasaran el machete que él sí mataba a esos jijueputas. Yo seguí caminando pero lento dando tiempo de que algo pasará pero ya no quedaba qué, habían dado vuelta dos cuadras más abajo. Unos niñitos gritaban que habían volteado por la cuadra de la iglesia. Lo niñitos informaban deseosos de que algo pasará y yo envidioso de su  deseo di vuelta también y a ver si me encontraba con que el padre o el hijo los había atrapado.

Me quede sin saber que pasó, compré los cordones y me fui para la casa y apenas a los dos días uno de los niñitos que se las daba de informante me contó cómo había terminado todo. Don Edilberto corrió cinco minutos y se le subió la presión, los muchachos iban lejos y ya ni sé veían, don Edilberto siguió corriendo y le dio un soponcio no sé si se infartó o qué el caso según el niño es que se fue al piso y en la caída se cortó la pierna izquierda y se chuzo una artería, los vecinos que estaban de chismosos tuvieron que correr con él para el hospital antes de que la hemorragia se lo llevara. Después de que lo subieran al taxi el niño corrió a la fritanguería a contarles lo que había pasado.

Él dizque no había terminado de hablar y la señora ahí mismo se puso a llorar a los gritos y que ella se iba para la clínica y que su marido su marido, rápidamente guardaron la mesa con la estufa y la vitrina y cerraron y se fueron. Hasta ahí me dijo el niño que había estado presente. Entonces le pregunté por los muchachos qué si los había agarrado o no y me dijo que sí, que el primo de él se había ido detrás del hijo mayor de don Edilberto en la bicicleta y que los encontraron en el parque que queda al lado de la iglesia que estaban ahí sentados riéndose y que el hijo mayor de don Edilberto se bajó de la moto con el machete en la mano y les dijo que cual de todos pedazos de hijuputas malparidos me va pagar lo que se comieron y que empuñaba fuerte el machete pero sin arrimarse mucho a los muchachos y me dijo que me estaba contando así como el primo le había contado a él.

Según el niño y su primo los muchachos se dispersaron cuando vieron al tipo enfurecido con el machete y salieron a correr y que solo dos se quedaron en el parque porque el hijo de don Edilberto les cerró el paso y que a uno de ellos hasta le alcanzó a dar un planazo que lo hizo gritar de miedo y cuando le iba a dar el otro apareció la policía en una patrulla.

El hijo de don Edilberto les explicó que esos dos y otros que se había ido se le había volado de la fritanguería sin pagarle y que él los había perseguido porque a él no lo iban a robar así. Los muchachos decían que ellos no eran ningunos ladrones, la policía los sujetaba para que no se fueran a ir y vigilaban de cerca al hijo de don Edilberto al que ya le había quitado el machete.

Uno de los policías le preguntó cuanto le debían y él dijo que veinte mil pesos y el policía le dijo que si por esa chichigua él había salido a perseguir a uno menores de edad portando un arma y el hijo de don Edilberto le dijo que ningún arma que era una herramienta de trabajo y que esa chichigua podía ser la ganancia del día y que el papá y la mamá de él no se levantaban todos los días a trabajar para que los vieran no más y que él no se iba a dejar robar de ningún hijueputa y que de todas maneras había que buscarlo así la plata se perdiera no más para que la gente viera que no era así no más que se iban sin pagar y que no pasaba nada.

El policía subió a al hijo de don Edilberto a la patrulla y le dijo que iba para la permanencia. Los muchachos seguían diciendo que ellos no eran ningunos ladrones. El policía les preguntó que si no eran unos ladrones entonces porque se habían ido sin pagar y los muchachos sin vacilar le respondieron que lo habían hecho porque en una cadenas de whatsapp les decían que tenía que comer en una fritanguería y volarse sin pagar y si no lo hacían los iba a perseguir la mala suerte y se iban a quedar siete años sin culiar. Mi primo dijo que el policía se quiso reír pero que se aguantó y les ordenó subirse a la patrulla porque también iban para la permanencia. Antes de arrancar Edilberto preguntó por su moto y el policía le dijo que la grúa iba a venir por ella. Mientras eso pasaba por la radio empezaron a reportar casos parecidos de fritangueros tumbados por toda la ciudad.


El niño me dijo que eso hasta había salido en las noticias y yo le dije que no veía noticias, me miró como con pesar y antes de que se fuera le pregunté por don Edilberto y me dijo que seguía en la clínica pero que estaba bien. 

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