Como se supone que este diario es para escribir sobre lo que pasa en el colegio y lo que me pasa a mí con el trabajo y lo que le pasa a los estudiantes con las clases y lo que le pasa a la educación con esos estudiantes y lo que le pasa al futuro del país con el sistema educativo y lo que hay entre un fin de semana y otro, se me había pasado comentar una que otra cosa sobre el entorno, aunque más que comentar es señalar que un poco más abajo del colegio, póngale cien metros, hay una casa pequeña y vieja llena de flores de colores, en esa casa vive una viejita sola, o vivía una viejita sola porque hoy vi un muchacho, un tipo de unos 24 o 25 años, estaba sentado en el corredor trenzando una cabuya. Lo saludé, pero no respondió. Pregunté por él en el colegio y uno de los estudiantes me dijo que es el hijo de la viejita, que vivía en cali y estudiaba en la universidad, no pregunté más, pero me quedó la duda, el tipo estaba sin camisa y le alcancé a ver un tatuaje que no imaginé encontrarme por estos lares, supongo que ese tatuaje a la gente por acá no le dice nada. Pensé en eso un rato y luego me distraje con los estudiantes hablando de perforaciones y de fiestas y del jeanday del pasado viernes, pero ahora que saqué unos minutos para escribir el registro correspondiente a este día me volví a acordar del tipo y del tatuaje.
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