Empezó a llover después del medio día y eso no les impidió a los estudiantes pedir prestada la pelota para jugar.
Los vi mojándose felices desde la caseta en la que me escampé, casi realizados.
Un momento para quedarse a vivir.
La pura acción de contemplarlos me llenó.
Está claro para mí que el colegio más que generar experiencias de aprendizaje o escenificar métodos de control y alienación está hecho para construir recuerdos.
Desde ese supuesto entiendo mi rol en el colegio. No buscó interferir en la construcción de esos recuerdos.
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