Teniendo en cuenta que es viernes y que pocos quieren hacer algo y que está ahí el puente festivo respirando en la nuca y que varios profesores pidieron permiso para quedarse en Tuluá haciendo sus vueltas personales, terminamos usando un par de horas del día de clases para ver una película.
Cualquiera creería que los adolescentes les gusta ver películas, o bueno, cualquiera no, eso creía yo porque como a mí siempre me gustó ver películas, pensé que a los otros también.
Para mi sorpresa deslumbró por acá en medio del monte que a estos pelaos no les gusta ver pelís, que les da igual, que no se sorprenden ni se entusiasman, que no consiguen concentrarse en la trama, que le resulta imposible aguantar hora y media sentados en una silla mirando a una pantalla. No entiendo todavía la relación tan extraña que tienen estos muchachos con la ficción. Por qué la ficción les repele. Qué pasa con la imaginación, por qué les cuesta tanto disfrutar de una película o una novela.
No sé si ponerme en plan de repartir culpas y decir que es culpa de los creadores de contenidos que se hacen llamar influenciadores o si es culpa de TikTok y su exitoso formato de videos cortos con un algoritmo adictivo. No sé. Tal vez estamos presenciando la muerte de la ficción y para estos muchachos resulten más atractivas diez videos de TikTok en los que una muchacha cuenta como rompió con su novio que sentarse a ver una adaptación de Drácula.
Una entrada muy aburridora para un viernes, también lo sé yo, nada de esto debería importarme. Con que yo pueda disfrutar todavía de la ficción me basta.
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