Me niego a buscar estudiantes. Creo que, aunque sea un baboso que están apenas comenzando en esto de dar clases y pasarse el día completo en un colegio acompañado de estudiantes adolescentes que se comportan de la misma manera que me comporté yo a sus edades, no me corresponder buscar a nadie.
Claro que es bien sabido por los bien pensantes de este gremio que la experiencia de aprendizaje enseñanza es bidireccional, no tengo nada en contra de eso, sin embargo sigo creyendo que si preparo la clase, soy puntual, integro diferentes recursos o insumos para el aprendizaje y voy del video al audio y a la lectura y a la redacción y el ejercicio y además le sumo la explicación paciente, el problema o la interrupción en esa relación bidireccional ya no depende de mí.
Yo entro al salón de clases con el computador y unas
cuantas copias de material para la clase y la novela que esté leyendo durante
esta semana, busco el escritorio y dejó mis cosas y me siento.
Doy la clase a quienes estén ahí, si en ese salón no hay
nadie no me voy a andar el colegio buscándolos, nada de eso, el que no entra no
se obliga, si no tiene ganas no las tiene y ganas no se le dan a nadie.
Si la teoría dice que los estudiantes pueden construir su
propio conocimiento entonces también pueden saber a que horas y con quien tiene
clase. Eso creo yo, supongo que deben funcionar de otro modo. No sé, igual no
voy a buscar a nadie.
Lo comento porque hoy entre al salón de grado Once y
estaba vació. Los estudiantes andaban en otro lado y como ya dije que no busco
a nadie. Lo que hice fue sentarme a leer
y a escribir este diario y a cumplir el tiempo hasta que terminara la hora.
Una compañera habla de la desmotivación de los muchachos
y me gusta como ella usa la palabra, lo hace en serio, cree en eso, en que a
los chicos le falta motivación. A mí me gustaría creerlo, pero no puedo, yo
creo que los muchachos son perezosos, que son insensibles y que perdieron la
curiosidad, luego creo también que mi generación le hizo un daño enorme al
mundo trayendo niños al mundo, estos tipos y tipas que nacimos después de los
ochenta no debimos tener hijos.
Hablo en plural porque me refiero a la generación, pero
no niego que si pasados los veinte años me hubiera dado por tener un hijo, ese
muchacho sería igual a estos estudiantes con los que comparto a diario, no
ganaron las redes sociales, nos ganó la velocidad del internet, nos ganó la
ansiedad y la culpa, gente vencida criando muchachos que van al colegio dizque los inspire un docente que siente la misma
derrota que no asumen sus padres.
Si los muchachos hubieran entrado a clase hubiera escrito
algo muy distinto, o eso creo, aunque lo importante es que aproveche el tiempo
para escribir y ellos seguro aprovecharon la hora para perderla y para eso es
también el tiempo, para dejarlo ir, ya vendrá luego el arrepentimiento, pero
como digo, vendrá, para eso hace falta un poco más.
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