jueves, 28 de diciembre de 2017

Ahora sí vamos a ser papás -12


Pablo se acercó al conductor pagó los pasajes y caminó con las maletas en las manos hasta la casa de su hermano que estaba justo al frente de la carretera, sus esposa y sus hijos ya habían tomado la delantera, la tarde caía y los grupos de gente hablado se dejaban ver en las puertas de algunas casas. Pablo se detuvo un momento para saludar algunas personas conocidas. La puerta de la casa de Ricardo ya estaba abierta y la hermana de Ana esperaba con una pequeña mueca que parecía una sonrisa que entraran a la casa. 

Los niños fuero directo al televisor, Pablo y Adelaida se quedaron en el comedor. El sonido de la licuadora se oyó en la cocina y minutos después la hermana de Ana les entregaba a cada uno de los recién llegados grandes vasos de jugo de guanábana, fruta que no podía faltar en la casa de Ricardo, llenaba su congelador de la pulpa de la fruta para mantenerla aunque no estuviera en cosecha. Han llamado a decir a qué hora llegan o cómo les ha ido, pregunto Pablo. Isabel dijo que no. De más que no demoran, dijo Adelaida. 

Martha empacaba en bolsas las preparaciones del día, Eduardo se bañaba, los trabajadores se iban después de comer y ella ponía las gallinas, la torta, unas arepitas, una empanaditas, y unas cuantas cosas en las bolsas. Todo estaba listo, solo le faltaba darse un baño, cambiarse de ropa, no quería ser la última en llegar. Su armario era gigante, tenía toda clase de prenda que estuviera de moda, jean, vestidos, faldas, zapatos por decenas de todas las clases, todos como nuevos porque Martha no salía. El armario de Eduardo no era muy diferentes era muy orgulloso al vestir y adicto a comprar zapatos, se vistió de la mejor manera como lo hacía siempre se bañó en perfume y se fue primero que su mujer, tenía que hacer una vuelta antes de subir al caserío para reunirse con Ricardo. 

Eduardo no tardó mucho en llegar al caserío, caminaba a paso largo con la espalda recta y el cuello ligeramente inclinado al cielo. Paso por el frente del billar donde sus cuñado Pablo tomaba con sus amigos, levantó la mano para saludar sin acercarse, continuó su camino y llegó a la tienda de uno de sus amigos, en la bodega de la tienda envuelta en papel y cartón Eduardo guardaba una cuna, la había comprado desde que Ricardo inicio los procesos de adopción de Jesús el niño que por problemas de última hora no se convirtió en su hijo. 

La compra de la cuna por parte de Eduardo tenía una explicación simple relacionada con él y con su rivalidad constante con su cuñado. Comprar una cuna le daría a Eduardo un punto que Ricardo nunca le podría quitar y que por nada del mundo igualaría pues él no pensaba tener hijos así que Ricardo nunca tendría la oportunidad de regalarle una cuna en cambio él compró una cuna las más cara para regalársela al hijo de Ricardo, quería quedar bien con la familia, con el niño por venir y de paso demostrarle en su propia cara en un día tan feliz a Ricardo que él era el mejor comprando. 

Ya deben estar sus hermanos esperándonos en la casa, usted se puso a invitarlos a venir y sin comida hecha ni nada para ofrecerle, dijo Ana. Eso no es problema nunca lo es cuando tienes una hermana como Martha, me parece que se le estaba olivando ese pequeño detalle, apuesto a que Martha aparece con comida para tres días, respondió Ricardo confiado.

Y sus papas, no les va a visar para que vengan, preguntó Ricardo con las manos en el volante y la vista en la carretera vigilando los huecos todos y cada uno para esquivarlos con cuidado y evitar los saltos que pudiera hacerle daño al bebé. No creo, mañana en la mañana es mejor, tenemos mucho tiempo, además es tarde para que los viejitos se pongan en la molestia de venir, contesto Ana. Ella comprendía muy bien a su marido y las ganas que tenia de compartir su alegría con sus seres queridos pero no dejaba de pensar que ese momento y la dicha que sentían merecía un poco más de intimidad, le parecía egoísta pensar eso pero la tranquilizaba ver a Ricardo feliz

Pablo estaba sentado en la fuente de soda y el número de amigos que lo acompañaban en la mesa había crecido, tomaban cerveza y escuchaban música, se contaban historias, se actualizaban, y reían a carcajadas, los niños seguían viendo televisión y Adelaida para no aburrirse se había acercado también a la fuente de soda, estaba sentada al lado de su marido y se tomaba una gaseosa. 

Adelaida se puso de pie y caminó hasta la camioneta cuando la vio llegar, Ana abrió la puerta para bajarse y Adelaida le recibió él bebe, lo miro, estaba dormido. Es hermoso, bendito sea Dios dijo la cuñada de Ricardo. Ana sonrió, mientras saludaba a Adelaida y Ricardo se bajaba de la camioneta. 

Entraron a la casa, el niño era la sensación, todos lo quería cargar lo querían ver lo querían tocar. Pablo dejo a sus amigos de inmediato y fue también a la casa, las personas que estaba con Pablo le preguntaron por Ricardo y Ana y el bebé con el que habían llegado pero él les respondió y les dijo que más tarde volvía. 

Pablo le dio una gran abrazo a Ricardo, los niños estaba mirando al bebé que Adelaida había a costado en la cama. Niños cuidado con él bebe, no se le hagan tan cerca que lo aplastan y dejen de acariciarlo con esas manos todas sucias le decía Adelaida a sus hijos. Martha abrazaba Ana la subía de suelo y volvía a bajarla, felicitaciones madrecita, que alegría tan grande, gracias a Dios, decía Martha. Ana se organizó el cabello que se le desordenó un poco con las sacudidas de su cuñada.

Estaban ahí todos juntos, con Isabel que acaba de llegar de las cocheras, hablaban y se reían, los niños seguían dentro de la casa con el bebé, de pronto vieron que se acercaba Eduardo con una carga al hombre que no parecía pesar mucho por que caminaba con su espalda tan recta como siempre.

Martha, mija eso que trae el cuñado no será comida porque si usted cocino todo eso ahora si es verdad que exageró dijo Ricardo asustado, todos rieron a carcajadas incluso Martha. Yo no sé qué traerá mi amorcito ahí pero comida no es, esa la traje yo y no exagere, respondió Martha.

Eduardo llegó hasta su lado y puso la cuna en el suelo, Vea pues cuñado el regalo para el sobrino, Dijo Eduardo, con orgullo en su voz, Ricardo lo miro sorprendido y empezó a rasgar el papel que cubría la cuna, era de color madera con pequeños tallados, el que más lo sorprendió era uno en la cabecera de la misma que decía Jesús. 

Y a qué horas compró Eduardo esa cuna si lo del bebé no lo avisaron a apenas hoy, o fue que usted estaba por ella al Pueblo también, preguntó Pablo. Mi amorcito no salió hoy, trabajo todo el día, cierto mi amor, dijo Martha mirando a Eduardo que asentía con la cabeza con una sonrisa en su rostro que no se borraba disfrutaba ese momento, estaba haciendo lo que más le gustaba, siendo el centro de atracción.

Ricardo estaba llorando de la emoción, esa cuna era el regalo más bonito Eduardo le podía hacer. Vamos y la armamos de una vez dijo Eduardo y Pablo lo siguió, los demás también entraron, Adelaida cargaba al bebé, Ricardo y Ana se miraron por un tiempo y entraron también a la casa tomados de la mano.

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