miércoles, 27 de diciembre de 2017

Ahora sí vamos a ser papás -10

Tantas veces había entrado Ricardo con Ana a la oficina de la doctora Adriana saliendo después con las ilusiones rotas y los ánimos por el suelo que ese día cruzar la puerta con esa supuesta certeza de ser padres no dejaba de inquietarlos. La puerta de la oficina estaba abierta y Adriana esperaba leyendo unos documentos. Ricardo y Ana saludaron desde la puerta y la doctora los invitó a entrar, la saludaron de beso y abrazo. Ella era para la pareja un miembro más de la familia, la conocía desde hacía mucho tiempo y ella había sufrido con ellos el dolor de los procesos tantas veces fracasados. Ricardo y Ana tomaron asiento. A él le sudaban las manos y le temblaban las piernas, estaba a punto de confirmar la veracidad del aviso de la mañana. Ana se sentía tranquila, tener a Adriana al frente le generaba la sensación de realidad que necesitaba para dejar de creer que todo aquello era un sueño. Ahí estaban los dos con su sueño a punto de ser cumplido esperando que les dieran los detalles de la situación.

Después de uno minutos de incomodo silencio que afectaban aún más los nervios de Ricardo la doctora Adriana habló, Yo mejor que nadie sé lo mucho que ustedes han buscado y esperado por esto, Ayer en la tarde ingresó a la sala de parto una mujer de cuarenta y cinco años, nadie la acompañaba y nadie la conocía, no es de aquí a sí que no conoce a nadie y nadie la conoce a ella, el niño nació en la madruga, pero antes que naciera ya la mujer había manifestado que su intención era dar al niño en adopción y que por motivos que no quiso confiar a los médicos no lo podía tener con ella. En la mañana el hospital nos informó de lo sucedió y yo me hice cargo de la mujer, el niño nació en excelente estado de salud, cuando lo vi el primer nombre que se me vino al cabeza fue el de ustedes así que me tomé el atrevimiento de ir adelantando papeles, cuando los llamé en la mañana estaba segura de que ese niño se tenía que ir con ustedes.

Ella no quería decir nada pero después de insistir mucho conseguí que la mamá del niño me contara lo que pasaba. El caso me pareció llamativo, no es muy común y de hecho es la primera vez que yo veo que una mujer de esa edad quiere dar en adopción a su recién nacido. 

La mujer tiene tres hijos, uno de ellos es resultado de su primer matrimonio, los otros dos son frutos de una segunda relación, ninguno de esos dos hombres vive en este momento con ella. el recién nacido que ustedes adoptaran es hijo de un muchacho de 17 años con el que la mujer estaba sosteniendo una relación que sus hijos desconocen. 

El hijo mayor de la señora que debe tener unos 21 años desapareció de la casa cuando tenía 17 y nadie sabe su paradero, según ella tuvieron problemas porque siempre la culpó de haber dejado a su papá y conseguirse otro marido así que después de una fuerte discusión él se fue, los otros dos muchachos adolescentes también decidieron permanecer con su madre, aunque desde eso la cosas cambiaron y las peleas son frecuentes. 

Después de unos meses de relación con el joven sus hijos empezaron a sospechar de ella y el miedo a ser descubierta la llevó a pedirle al muchacho que dejaran de verse por un tiempo, por esos días se dio cuenta que estaba en embarazo, la desesperación y el miedo de lo que pudieran pensar o hacer sus hijos la desesperó, no sabía qué hacer, no podía tener ese bebé ni decirle a sus hijos lo que sucedía porque estaba segura que los perdería igual que a su hijo mayor.

Buscó un lugar en la ciudad en donde le pudieran practicar un aborto y se encontró con las graves advertencias de peligro que corría su vida si se sometía a una intervención como esa por su edad, algunos de los médicos le sugirieron que lo mejor era que tuviera él bebé. Al encontrase con la imposibilidad de abortar se fue de la casa a buscar a su hijo mayor porque necesitaba saber dónde estaba, eso fue lo que les dijo a sus hijos. Viajó hasta Bogotá y se quedó con una amiga, le contó sus historias y le pidió que la ayudara y se quedó con ella todos estos meses y faltando una semana para el parto según sus cálculos vino a tenerlo por acá. 

Entendemos que ustedes no se quieran hacer cargo del bebé después de conocer la situación de la señora pues aunque ella se compromete cuando firma los documento a renunciar al niño no sabemos si después pueda aparecer uno de sus hijos o el papá del niño buscándolo, no me gusta hablar de esto pero debemos tener en cuenta todas la posibilidades además yo he estado con ustedes cuando los procesos de adopción sé lo duro que debe ser otro fracaso, de todos modos los dejo solos un ratico para que discutan y decidan. 

Terminando de decir eso Adriana se puso de pie dejó su escritorio y un lápiz con el que había estado jugueteando entre sus manos mientras hablaba y abandonó la oficina. Ricardo y Ana estaban en silencio ninguno de los dos decía nada, ninguno de los dos separaba la vista del escritorio y la carpeta amarilla donde estaban los documentos de adopción que la doctora había adelantado para hacerles todo más fácil a ambos. 

Qué vamos hacer, preguntó Ricardo con voz débil tomado a Ana de las manos y mirándola a los ojos. No creo que la pregunta haga falta, vinimos por nuestro hijo y no lo vamos a llevar tal como esperábamos hacerlo cuando salimos de casa, respondió Ana apretando las manos de su marido. En ese momento se sentían más unidos que nunca. 

La historia de la mujer era difícil para Ana y Ricardo pero no lo suficiente para atemorizarlos y obligarlos a dejar su sueño de lado. No les parecía posible que alguien apareciera tiempo después reclamando al bebé como lo hacen en las telenovelas donde los protagonistas llevan nombre compuestos y lloran todo el tiempo y no terminan un drama para iniciar otro. Lo de ellos era la vida real y en la realidad serian padres de un niño que no tendrías más familia que las que ellos estaban dispuestos a brindarle. 

Se pusieron de pie, la decisión estaba tomada y la historia de la mujer no les importaba, lo único que les interesaba era el niño el inocente de la historia. Tomados de la mano se dirigieron a la puerta, la doctora estaba en la sala de espera tomándose un café, le bastó la sonrisa en el rostro de los esposos para entender que su elección era firmar los documentos y adoptar al bebe.

Muy bien entonces creo que lo mejor que podemos hacer es ir al hospital para qué ustedes conozcan a su hijo y para que la madre y usted firmen los documentos que legalizan que son los padres del de niño. Dicho eso la doctora dejó el pocillo en su oficina y sacó los documentos, todos estaba listo, solo hacía falta la huella y firma de los tres involucrados. El hospital estaba a dos cuadras de la oficina de la doctora, caminaron sonriendo por un pueblo que bajo el sol de las tres de la tarde respiraba tranquilidad.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...