Imagínese está noche cuando lleguemos a la
casa con el bebé y estén ahí mis hermanos y mis sobrinos y mis suegros y todos
esperándonos para celebrar y conocer al bebé, que emoción tan berraca, decía
Ricardo con las manos en el volante apartando la vista de la carretera para
mirar a Ana.
Pero cómo van a estar esta noche en la
casa si no saben que vamos a ser papás, nadie sabe qué vamos al pueblo por
eso, solo lo sabemos nosotros y la doctora, dijo Ana divertida viendo el entusiasmo
de su marido.
Pero cómo así Ana, cómo así, no, no, no, hay que avisarle a mis hermanos ellos tiene
que conocer al bebé esta misma noche, y su familia también tiene que saber, no
podemos ser tan egoísta con esta noticia Ana por Dios, tenemos que llamarlos.
Ricardo paro el carro y le dio reversa, cuando su mujer le preguntó, ¿por qué
nos vamos a devolver qué se nos quedó? Pues a avisarle a la familia, o es que
no me estaba escuchando, les tenemos que avisar, dijo Ricardo- Ana lo miró y se rió. Claro que lo escuche pero no necesitamos devolvernos hasta la casa, ahora
cuando lleguemos al pueblo los llamamos y les avisamos a todos. Dijo la esposa
sin parar de reír, Ricardo tenía esos ojos vidriosos que siempre se le ponían así
cuando sentía que había hecho el ridículo. Es que la noticia me tiene
embobado, claro tiene razón del pueblo los llamamos, dijo Ricardo como
disculpándose y siguió concentrado en la carretera.
Después de un silencio prolongando Ricardo
preguntó cómo le iban a poner al niño. Ana no supo responder, el impacto de
la noticia había sido tal que ella no
había pensado aún en cuál sería el nombre de su hijo. No lo había pensado, no he hecho sino imaginarme al bebé, usted que nombre pensó. Pues la verdad tampoco he pensado ninguno o
al contrario he pesado tantos que ni sé cuál, dijo Ricardo poniendo la misma
expresión de fatiga de Ana. Al parecer el hecho de no saber cómo lo llamarían
les molestaba y a Ana la molestaba aún más que hubiera sido Ricardo y no ella
la primera en hacer esa pregunta, la primera en darse cuenta que en ese momento
su hijo no tenía nombre.
¿Se acuerda del niño que casi adoptamos
hace dos años? A este bebé deberíamos llamarlo igual, Ana lo dijo convencida de
que eso era lo mejor. Los dos se habían hecho mucha ilusión con ese niño que al
final había sido entregado a sus abuelos maternos, el niño se llamaban Jesús. Yo
estaba pensado lo mismo justo cuando le hice pregunte, a mí también me
parece que Jesús es un buen nombre, dijo Ricardo. El carro empezaba a ir más
rápido, acababan de dejar la carretera destapada para iniciar la pavimentada,
estaban a cinco minutos de llegar a la plaza del pueblo.
Cuando Ana y Ricardo comenzaron el proceso
de adopción los llevaron a un hogar infantil donde vivían los niños que
esperaban ser adoptados. Ricardo creía que un niño de menos de cuatro o cinco
años estaría bien y para Ana era necesario que el niño no tuviera más de dos
años. En ese hogar conocieron a Jesús y se encariñaron con él. Iniciaron los trámites de adopción y mientras
estos avanzaban ellos iba a visitar al niño una vez por semana. Daban por hecho
que ese sería su hijo y Ricardo llamó a sus hermanos a contarles que pronto
tendrían un sobrino. Compraron ropa y juguetes y lo prepararon todo para
recibir al niño cuando aparecieron los abuelos maternos y se lo
llevaron. Después de ese episodio Ricardo perdió
todas las esperanzas de ser papá y Ana aunque triste decidió seguir con los
procesos pero solo si podían adoptar a un niño recién nacido. Dos años después
esa mañana de viernes la llamada de la doctora les había hecho saber que un bebé
los esperaba en el hospital.
sigue en la próxima entrada
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