Nacidos y criados en las montañas del
oriente de Caldas un día se aburrieron de lo mismo y les dio por soñar que de
pronto su vida estaba en otra parte y una vez cuando llevaban como seis años de
casados viajaron a Armenia en compañía de José el otro hermano de Ricardo. Invirtieron
el pequeño capital que llevaban en un bar que funcionaba en el centro de la
ciudad, el negocio era administrado por los dos hermanos y Ana
permanecía en la casa.
Aparte del licor en el bar también se
conseguían mujeres. Siempre había entre diez y doce por noche y de esa parte
del negocio se encargaba José. Ricardo cada que hablaba con una de ellas
terminaba regalándole la plata del realizo del día para que compraran comida o
medicamentos para sus hijos. La situación no le gustaba a José que no entendía
por qué su hermano se creía hermanita de la caridad, es que guevon ellas no son
obligación suya, y no me venga con cuentos de que pobre mujeres como les toca
de duro porque duro nos toca a todos y dígame a ver, quién viene acá a
regalarnos plata a nosotros, nadie, ningún malparido, decía José.
Ana que lo conocía como nadie decía, lo
que pasa mi querida es que Ricardo cree que todo el mundo es como él, que toda
la gente es honesta y honrada, por eso es que a veces pasa por pendejo el pobre
marido mío. El no tenia problema en sacar un o dos millones de pesos y
prestárselos a un medio conocido, a veces prestaba la plata sin cobrar intereses,
cuando eso sucedía Ana no para de regañarlo todos los días hasta que Ricardo
tomara las llaves de la camioneta y se fuera a cobrar. Nadie podía llegar a la
casa de Ricardo a decirle que no tenía con qué ir al médico porque ahí mismo le
prestaba. Don Ricardo es que no tenemos con qué comprar el mercadito de esta
semana hay mismo les prestaba. Don Ricardo que es que nos cortaron la energía
hay mismo les prestaba. Ricardo cree que está en capacidad de ayudar a todo el
mundo como si estuviera comprando el cielo a cuotas como si eso fuera más
rentable que el ganado y lo peor es que lo tumban y lo tumban y aun así no
aprende a desconfiar, le decía Ana a sus amigas.
Además de prestarles plata a las mujeres
que trabajaban en el bar Ricardo las aconsejaban para que se pusieran a
trabajar en otra cosa y consiguieran algo mejor. Una noche José llevó a una
muchacha de unos 17 años, el éxito fue inmediato, siempre tenía más clientes
que las demás, pero cuando Ricardo la vio se enojó tanto que no fue a trabajar
en toda una semana. José iba a buscarlo pero Ricardo decía que no volvía si esa
niña seguía trabajando en el lugar, es que mejor dicho deberíamos cambiar de
negocio. José para no pelear con su hermano y con Ana que respaldaba a su
marido decidió decirle a la muchacha que se marchara, pero no dejó de verla,
José era uno de sus mejores clientes.
Ana por Dios es que Ricardo es el colmo
mija como va a creer que le preste plata a las muchas y que además de eso les esté
diciendo todo el tiempo que es mejor que se dediquen a otra cosa, cuñadita el
no entiende que si todas esa viejas le hacen caso y dejan de rebuscarse la
plata a nosotros nos toca cerrar el bar y volvernos a coger café, le decía José
a Ana cuando Ricardo no estaba cerca. No sea exagerado José que si no hubiera
mujeres en el bar la gente igual iría a emborracharse con las mocitas que
consiga por ahí en la calle, le decía Ana burlona pensando que lo mejor que
podrían hacer era volver al caserío porque la ciudad no era pa ella.
No crea Ana, no crea, el éxito de ese
lugar son la viejas, eso sin viejas no es nada mi querida, yo no sé, usted tiene
que decirle a Ricardo que se concentre en trabajar que entienda que él no es el
papá de esa viejas y por más que quiera él no les puede arreglar la vida, si terminaron putiando eso no es problema de él y mio tampoco, a mí lo que me importa es el negocio y eso debería entenderlo Ricardo.
Fueron necesarios dos meses más para que
Ricardo aceptara que ese tipo de trabajo no era para él. El bar daba muy buen resultado y José estaba más contento que nunca. Ana no
quería estar más en esa ciudad porque sentía que no hacía nada, se la pasaba todo el
día en la casa y no le iba bien buscando trabajo y Ricardo estaba tan aburrido con el malestar que le generaba el bar siempre lleno de borrachos y de mujeres que cuando Ana le dijo que se volviera no la dejó ni terminar de hablar y esa misma noche empacaron las cuatro cosas que tenía y se volvieron. Es que uno como va a administrar un bar de putas sino le gustan ni los borrachos ni las putas, decía josé cuando le preguntaban por su hermano.
sigue en la próxima entrada
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