lunes, 18 de diciembre de 2017

Ahora sí vamos a ser papás -7

Ricardo y Ana no iban al pueblo los viernes, las calles estaban solas y se les hacía extraño, tal vez por la costumbre de verlo siempre lleno los domingos días de mercado o los lunes de feria ganadera días en que la gente estorbaba para caminar.

visitaban los cinco pueblos cercanos los lunes de feria que se repetía cada mes en el mismo pueblo, cada lunes un pueblo diferente, siempre iban los dos, también por eso Ricardo había comprado camioneta, él decía que la necesitaba, Ana decía que no la necesitaban y le parecía que tener un carro era un capricho fantoche de Ricardo que les traería gastos innecesarios y problemas de inseguridad, su marido no le prestaba mucha atención él sabía que ella también prefería tener un carro propio para poder desplazarse con facilidad en un lugar donde el trasporte era por rutas, una por la mañana y otra por la tarde del pueblo a la vereda y de la vereda al pueblo en los dos horarios sin oportunidad de salir a una hora distinta.

Cuando no tenían ni un peso Ricardo no le encontraba problema al trasporte y soportaba la incomodidad como todos, sin quejarse, aún cuando los negocios comenzaron a ir bien y su posición económica mejoró no pensó en comprar carro, pero fueron las circunstancias la que lo llevaron a tomar la decisión.  

Ellos compraba ganado y lo entregaba a utilidades a personas que tuvieran potreros para cuidar de los animales, tenía una finca con potreros de buen tamaño pero a esa no se podían llevar más animales porque no había espacio. Ricardo no quiso hacerse cargo de la administración de la finca así que se la entregaron a un familiar de Ana para que la administrara, del mismo modo todo lo que tuviera que ver con esa propiedad estaba a cargo de Ana quien se enamoró del lugar cuando lo conoció y dijo que lo peor que podía hacer era dejar de comprar esa finca. A Ricardo el lugar no le había gustado pero confiaba en Ana, era una finca con capacidad para unas cuarenta reses y ellos tenían más de cien.

Un día recibió la llamada de una de las fincas donde tenía un importante número de animales, tres de sus vacas habían parido y otra había muerto, se había rodado por uno de los potreros, el administrador de la finca le pedía que fuera para que se cerciorara de la salud de las crías. Ricardo fue al día siguiente en la ruta que pasaba por el caserío a  las 6.30 de la mañana; el lugar al que iba quedaba a tres horas de distancia de su casa, tuvo que hacer el viaje solo porque Ana tenía que acompañar a su mamá al médico para que se hiciera unos exámenes. Ricardo odiaba viajar solo, siempre decía que se había casado para estar acompañado si le hubiera gustado estar solo hubiera permanecido como su hermano Antonio.

El viaje trascurrió en calma, el administrador y su esposa lo entendieron con amabilidad, las crías eran hermosas y se sentía muy satisfecho con el viaje. Como todo estaba arreglado con respecto a las reses y él estaba tranquilo porque todo le estaba saliendo bien con los animales no habló más del tema con el administrador y después del almuerzo lo acompañó a coger guanábanas, los frutales no estaba muy lejos de la casa pero mientras Ricardo disfrutaba del dulce sabor de una guanaba madura el carro que hacía la ruta que lo llevaría de nuevo a casa pasó por la finca sin que él estuviera listo, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde.

Llamó a Ana enfurecido por lo que le había pasado. Ana voy a tener que irme a pie, el carro pasó y yo no me di cuenta, dijo Ricardo. Y para que se va a apegar esa caminada  si son más de cinco horas andando y eso a paso largo, lo mejor es que se quede y se madrugue mañana, yo no tengo problema en pasar la noche sola, le puedo decir a  mi hermana que me acompañe, Ana dijo todo eso en tono tranquilizador para que Ricardo comprendiera que no había nada lo supremamente importante como para considerar caminar tanto. Pero Ana usted sabe que no me gusta quedarme en otro lado que no sea mi casa, además no traje cepillo ni ropa, eso me pasa por distraído, dijo Ricardo con voz desesperada sin acordarse de lo rica que estaba la guanábana. Tranquilo amor que por quedarse una noche sin cepillarte no se le van a caer los dientes, además conocemos a Juancho y a su mujer hace mucho tiempo, no entiendo porque le molesta tanto quedarse con ellos si solo es una noche, le dijo Ana que en ese momento se despidió.

Ricardo seguía muy molesto consiguió mismo por lo sucedido, se sentía muy torpe, pero el problema no era no tener ropa, para Ricardo lo más grave de todo era no tener un cepillo de dientes, no concebía el mundo sin cepillarse, para él eso era algo esencial. Si Ricardo tuviera que escoger un objeto solo uno para llevarlo consigo a una isla perdida el elegiría si pensarlo su cepillo de dientes. Se cepillaba fuerte los dientes hasta sacarse sangre de las encías, siempre había sido así, uno debe cepillarse inmediatamente se levanta de la cama eso es lo primero que uno hace, yo me acuerdo de la tía carlota ella no le daba tragos a nadie hasta que no hubiera visto que se cepillaba los dientes. Eso siempre lo dice Ricardo cuando se cepilla en las mañanas. Y se enojó más cuando entró a una tienda que estaba al lado del Telecom de donde llamó a su casa y cuando preguntó por un cepillo le dijeron que se habían acabado.

Tranquilo don Ricardo no se preocupe que mañana nos vamos, le decía Juancho sentado en una banca de madera esperando a que su mujer le trajera algo de tomar. Ricardo se dio al dolor y se sentó al lado del administrador, pues si Juancho qué más hacemos mañana será otro día por ahora le tocó darme posada esta noche y finalizó con una sonrisa de resignación.

La tarde pasó volando entre cuento y cuento de Ricardo y Juancho, a las 6 de la tarde la dueña de casa sirvió la comida, a las ocho de la noche ya se estaban yendo a dormir, Ricardo estaba acostumbrado a acostarse más tarde pero esa noche no tenía más opción que dormir porque no había televisión ni gente para seguir hablando.

Lo acostaron en el cuarto de las visitas que llevaba tiempo sin ser utilizado, Ricardo llevaba dos horas durmiendo cuando sintió que algo lo picaba, al levantarse se dio cuenta que toda la cama estaba llena de pulgas y Ricardo podía aguantarse las hormigas, las cucarachas, las ratas, pero las pulgas no las toleraba y menos cuando ya lo habían picado, esa noche se quedó sin dormir sentado en un rincón lejos de la cama, cubierto con su chaqueta para mitigar el frio.

Al amanecer picado por las pulgas y sin poderse cepillar Ricardo se tomó el tinto que le dio la esposa de Juancho después de hacer gárgara con el agua helada que salía de la llave del lavadero del patio, se despidió de los dos y se paró en la carretera a esperar que pasara el carro para que no le fuera a suceder los mismo del día anterior.

Ana había dormido sin problema, el que no dijo lo mismo cuando llegó a la casa y antes de saludar a Ana con un beso se cepillo los dientes fue Ricardo. Que cosa tan horrible Ana, pase una noche de perros, la cama en la que me acostaron estaba llena de pulgas puede creer mí amor pulgas, quien iba a dormir así, sabe desde cuando no veía yo pulgas desde hace como 15 años cuando jornaleaba cogiendo café, que lo mandaban a dormir a uno a cualquier lado, decía Ricardo indignado mientras se metía a la ducha, Ana se reía el drama que su marido armaba por una simple pulga, la divertía mucho.

Pero Ricardo deje el escándalo que fue una simple pulga y hasta donde yo sé usted alérgico a la picadura de esos animales no es, si no durmió fue porque no quiso, le dijo Ana que solía complicarse menos la vida. Cómo va a creer Ana por Dios eso lo dice usted porque durmió aquí pero las pulgas son horribles no dejan dormir a nadie, dijo Ricardo saliendo de la ducha. Bueno dejemos el cuento de las pulgas así, lo importante fue que ya vino y ahora puede desayunar y acostarse a dormir todo el día si quiere, le dijo Ana sirviendo el chocolate.

Lo que nos hace falta es comprar un carro, eso de estar dependiendo de las rutas es una alcahuetería dijo Ricardo mientras sacaba ropa del closet. Con que sea menos distraído es suficiente con eso se evita el gasto de un carro, dijo Ana en el comedor.

Su esposa tenía razón, no era la primera vez que le pasaba algo así, en el pueblo mucha veces le había tocado pagar de más para que un carro lo trajera hasta la casa porque salía la ruta y él no se daba cuenta sino hasta dos horas después, Ricardo no entendía que le tocaba a él estar pendiente de la ruta y no al contrario.

Ningún distraído Ana, lo mejor que podemos hacer es comparar una buena camioneta, yo no le veo tanto problema, se sentó a desayunar y miraba a Ana con complicidad pero ella lo evitaba, la idea de comprar un carro no le gustaba no sabía por qué pero desconfiaba de Ricardo como conductor.

Ricardo aprendido a manejar en un jeep de servicio público cuando tenía como 20 años se  había quedado sin trabajo era uno de esos meses de tiempo malo sin cosecha, así que se pegó a un amigo chófer y le ayudaba a cargar y a descargar a cambio de eso su amigo le prestaba el jeep y le enseñaba a conducir.

No paso una semana y Ricardo ya tenía la camioneta negociada, no importó que a Ana la idea de comprarla no le gustara. Cuando Ana vea los beneficios de tener carro particular va estar de acuerdo conmigo en que esta fue la mejor decisión, le decía Ricardo a su cuñado Eduardo que en esa ocasión tuvo que permitir que Ricardo ganara la competencia que llevaban al que más comprara cosas porque él no tenía con qué comprar un carro.

Otra de las cosas que preocupaba a Ana era que la compra de la camioneta los hiciera más notables entre la gente, tenían una buena posición económica pero no eran ricos y el hecho de conseguir carros los podía convertir en otros nuevos extorsionados ella le había dicho eso a Ricardo pero como después de que se encaprichaba con algo nada lo hacía cambiar de opinión Ana tuvo que aguantarse la compra de la camioneta que tal como lo dijo Ricardo después se convertiría en algo indispensable para ella.

Estaba tranquila en la casa una mañana cuando llegó Ricardo con camioneta nueva pitando como loco, desde ese día él decía que nunca más lo picaría un pulga en un lugar que no fuera su casa, ahora los esposos iban a comprar y a vender el ganado siempre en su camioneta, Ana decía que Ricardo era tan distraído que algún día olvidaría tanquear y terminarían varado por gasolina en plena carretera, a él esos comentarios lo sacaban de quicio pero como no le gustaba pelear con Ana siempre se tranquilizaba y le decía, pues si nos varamos en carretera dormimos en el carro y listo el problema, ahí no lo pican a uno ningún bicho y Ana se sorprendía con su marido que parecía más un niños de ciudad que un campesino de toda la vida, pero más que eso le gustaba pensar en la relación que tenían las cosas como la curiosa explicación del porqué de la camioneta que había sido una simple pulga, si esa noche lo hubiera picado una culebra seguro que hubiera pensado en comprarse un helicóptero pensaba Ana.

Ricardo se tenía mucha confianza para los negocios sin embargo nunca asistía a una feria solo, le gustaba que a la hora de comprar una res su esposa lo aprobara, él no lo decía pero sabía que su mujer tenía más mentalidad para los negocios que él, creía que su éxito y el dinero que tenían se debía solo a ella porque él solo no hubiera sido capaz de salir de la finca que había comprado en compañía con sus hermanos cuando recién se había casado con ella.

No era muy común ver en plazas feriales a los ganaderos acompañados de sus esposas sin embargo Ricardo no se despegaba de su lado, Ana nunca fue sola a una de esas ferias, no le gustaba tener que negociar con cierta clase de hombres que creían que ella iba incluida en el negocio.

La pareja no siempre compraba o vendía, a veces se limitaban solo a hacer contactos con la gente a mantenerse informados no solo de lo que pasaba con el ganado sino también con los cerdos, el otro negocio de la pareja. Para las próximas ferias a Ricardo le tocará  acostumbrase a ir solo, por lo menos mientras él bebe crece un poco, ya no serían solo ellos dos contra el mundo ahora serian tres, y el tercero dependería de ellos en todos los aspectos, esa idea generaba en la pareja un gran alegría pues toda esa responsabilidad era la que les permitiría llenar ese vacío que había sentido por tantos años.



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