lunes, 30 de abril de 2018

Marcos


Marcos se sentó en la banca a menudo ubicada debajo del televisor que el abuelo tiene colgado en la pared, siempre prendido siempre con el volumen al máximo. La banca es de color naranja, la pintó el abuelo con una pintura que le sobró a un vecino después de pintar su casa, pero el abuelo no solo la pintó sino que también la hizo, el abuelo es inquieto cuando no está enfermo. Marcos guardó silencio y miró a su abuelo dormir, tenía que aplicarle una inyección, por eso estaba ahí, pero no sabía cómo despertar al abuelo, lo miró en silencio aunque en su cabeza gritaba y gritaba más, esperando perturbar el descanso del abuelo, pero si al abuelo no lo despierta el ruido del televisor entonces al abuelo no lo despierta nada, o por lo menos eso se repitió Marcos antes de apagar el televisor; ese silencio fue suficiente para que el abuelo se despertara gruñón preguntando qué había pasado con el televisor. Marcos le dijo que iba a inyectarlo y el abuelo le dijo que menos mal había ido él porque su mamá tiene esa mano muy pesada. El abuelo le preguntó a Marcos que si le gustaba la banca y Marcos dijo que sí. Ahí la tiene a la orden, dijo el abuelo como si la hubiera hecho ese mismo día. Marcos se despidió del abuelo asegurando que volvía al otro día.

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