Vino una vecina nueva medio cabreada con un papel
arrugado de tanto manoseo. Se lo mostró a la mamá de Marcos a ver si ella había
visto alguna vez ese símbolo. La mamá de Marcos le dijo que no, sin detallarlo
mucho. El símbolo era un triángulo amarillo mal hecho que de escabroso no tenía
sino lo que la muchacha decía sobre él. Según ella el símbolo estaba pegado
como una etiqueta en todas las puertas de la casa y para ella que eso era pura brujería.
La mamá de Marcos le dijo a la muchacha que Alcira llevaba mucho tiempo viviendo
en el barrio y que ninguna de las personas que arrendó cuartos antes de usted se quejó de nada. La muchacha dijo que esa señora era rara. Lo que más me asusta
es lo que pasa cada que voy a abrir la puerta, usted viera la tembladera que a mí
me agarra cada que voy a meter esa llave en la chapa, es que no soy capaz de
abrir, y siempre tiene que venir ella y ayudarme. La mamá de Marcos lo llamó y
le mostró el papel. Marcos le dijo que él de símbolos no sabía pero que si le
daba miedo pues que se cuidara y cuidara los calzones, no los deje por ahí a la
mano. La muchacha miró a Marcos como si fuera un payaso de circo quebrado de
barrio bajo. Pero vea vecina el problema no es el símbolo, el problema es lo
poquito que le gustan a las brujas los chismes, dijo Marcos yéndose otra vez
para la cocina y desde allá le dijo que era verdad que la gente se iba de esa
casa no se quejaba de nada porque los muertos no se quejan. No le pare bolas
que es por joderla, dijo la mamá de Marcos acompañando a la muchacha a la
salida. No se preocupe niña pero si quiere le mando Marcos para que la acompañe.
La muchacha se fue.
miércoles, 11 de abril de 2018
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