martes, 3 de abril de 2018

Marcos


Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa, pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua. Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir. 

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