Lunes en la mañana de: fuerza compañeros, fraternal y combativo saludo, la lucha continua y el paro sigue. Lunes de: abajo la ultraderecha y abajo el coco, que siempre es el mismo viejito marica al que decidieron culpar de todo lo que les resulte incomodo. Lunes de: adelante docentes en pie de lucha que los malos son otros, que la responsabilidad nos pasó por el lado.
Nos encontramos en las piscinas de Bosque de Maracaibo y después de estorbar y dar lora un rato empezamos a la caravana, carros y motos y bicicletas, gritos y pitos y cornetas y la grabación mal hecha con el mismo discurso rancio reproduciéndose en le vehículo que va encabezando el desfile de gente del magisterio que deja clara su inconformidad con la reforma a la estatuaria de educación y pide que se caiga.
El sol abrasador a la espalda y yo de parrillero en la moto de uno de mis compañeros de trabajo recorriendo las calles de Tuluá sin gritar y sin pitar atento a la convicción de los otros a la fe en la "lucha" y yo pensando en lo cómodo que debe ser estar muerto en Islandia.
Eso de sentirme como un impostor no es algo que se me reserve solo para el aula de clase en la montaña, me doy cuenta que también me siento un fingidor en un paro, que también estoy ahí como por la inercia, por la presión de grupo, por no estar trabajando solo. Mi papá nunca en su vida a ha podido dejar de trabajar una semana o más, tiene mucho que reclamar, pero si lo hubiera reclamado a mí se me hubiera perdido la comida. Y yo puedo dizque luchar por mis derechos, cuáles derechos me pregunta mi buen amigo que está a la derecha de la derecha y obvio sé cuáles son los derechos, tampoco es que hubiera terminando estudiando ciencias sociales por nada, algo de mamerto tengo, pero sí, la pregunta también me la hago a veces, cuáles derechos. Cuáles derechos si pase diez años trabajando como contratista sin tener casi ni vacaciones.
Vamos así, en que pienso menos en lo absurdo que me resulta todo cuando tengo la vista puesta en los estudiantes y en mi interacción con ellos que cuando estoy entre gente que también está metida en esto de dar clases.
Llegamos a la plaza parque Boyacá a las once de la mañana y ahí hablamos mierda hasta que fueron las doce y luego como si nos picara el culo nos abrimos para nuestras casas a almorzar. Y la causa queda para el día siguiente, martes de salvar al mundo.
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