Me compré un café que me dice el estudiante es de calidad, según él, es tipo exportación y lo cultiva el papá y él también ayuda y aunque no tenga una etiqueta chimba o el logo de la federación de cafeteros es una grano de primera calidad, el muchacho habla con propiedad, se nota que el asunto del café le gusta y que no le da pereza aprender de conceptos específicos y formas de preparación.
Me dice que vale 25 la libra y de inmediato me señala cuanto vale una de Juan Valdez y que es mas barato el de él y pero mucho mejor.
Me quedé contento con mi café y ahora espero volver pronto a mi casa en Tuluá a meterme en la cocina a preparar un poquito y tomármelo sin pensar en el colegio ni en los estudiantes ni en la educación ni en el futuro de esos pelaos ni en la generación desastrosa a la que pertenezco y que a su vez engendro a esta generación rota de fanáticos de tiktok.
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