Le voy a hablar al lector como si lo tuviera. Usted al leer esto da por hecho que yo le estoy diciendo la verdad, que yo estoy partiendo de la realidad y que esto es un testimonio, aunque usted no conozca mi nombre ni sepa quién soy yo, usted cree que es verdad que yo estoy metido en esto de la docencia y que lo que le comento en realidad pasa, y yo no estoy jugando con su credulidad, claro que pasan, pero son apenas una parte, yo cuento lo que quiero contar y sobre todo, decido no decir, y es en esa segunda parte donde esta el centro del asunto, yo decido no hablar de mí, de la persona que soy por fuera de lo que se relaciona con el rol de profesor que asumo porque estoy metido en esto de trabajar dando clases. Qué pasa si yo escribo esto en medio de la profunda tristeza, un sentimiento que no tiene nada que ver con que los estudiantes aprendan y tengan un futuro sino con algo más, con un hecho ajeno a esta realidad del gremio y del colegio y de la vereda y de los muchachos y de los compañeros y de los grupos violentos que operan en la zona. Esa tristeza permea todo lo que hago y digo y pienso, pero igual no estoy hablando de esa tristeza sino de otras cosas, no estoy escribiendo desde ese sentimiento, aunque tampoco lo puedo evitar, entonces qué queda, si lo real es la tristeza, todo lo demás es elaboración, postura, evasión, fingimiento, y al final otra vez termino en el punto de partida, que soy un impostor. Luego está lo otro, que los muchachos también están tristes y que yo no sé cómo ayudarlos, que me paro en mi precariedad emocional sin herramienta alguna para lidiar con lo que sienten ellos y peor aún con lo que sienten las otras personas que me rodean.
Ahora, el lector, (que no existe) debe estar preguntándose qué pasó, por qué después de un paro que se supone terminó bien, que según los sindicalistas fue gracias al paro que se hundió la reforma, yo vengo a comenzar la semana hablando de congojas y penas, cómo voy a estar escribiendo sobre esto cuando es esta la última semana de trabajo antes de irnos a las vacaciones de mitad de año, pues bueno, resulta que llegué a dar clases y me encontré conque uno de los estudiantes con el que solía conversar bastante y que me cae muy bien ya no va a estar en el colegio porque se fue a vivir a otra parte. No es tan trágico. Sus compañeros de clase hicieron un video bonito para despedirlo y verlo me hizo llorar, imagen bastante ridícula, en mayor modo porque yo no estaba llorando ni por el video ni por que el muchacho se fue.
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