Comenzamos la semana con el anuncio de un paro nacional de profesores que busca hacerle frente a una ley de reforma estatuaria de la educación que cursa en el congreso y que según mis compañeros y los señores del sindicato y los expertos que escriben en revistas y periódicos, pone en peligro la educación pública gratuita y afecta al gremio docente porque pondría en practica la evaluación punitiva.
Según la rectora solo podían ir a la marcha y las asambleas convocadas, los docentes sindicalizados, y que como yo andaba sin sindicalizarme debía quedarme en el colegio dando clase. Aunque la señora expresó la situación de buena manera igual sonó a intimidación y por esa razón mis compañeros de trabajo agilizaron el tramite por mí y me sindicalizaron esta misma tarde.
Para hablar sin engaños estoy desinformado del motivo porque el que vamos a marchar, pero tampoco me daban ganas de ser el único que se quedaba en la vereda. Me gustaría creer más en el éxito de la movilización social, pero soy más bien un descreído.
Todo esto quiere decir que está semana escribiré desde Tuluá y no desde la vereda y que por un pequeño momento voy a tener los ojos puestos en los docentes y no en los estudiantes y que lo que vaya a escribir del miércoles, el jueves y el viernes tendrá que ver más con los colegas y con la forma en que ellos ven las cosas.
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