Asamblea en el coliseo de un colegio lleno de profesores a las diez de la mañana en lugar de estudiantes gritando en su descanso, movidos por sus hormonas enloquecidas. Los profesores que integran la junta directiva del sindicato se van rotando el micrófono y explican desde diferentes lugares como la reforma a la ley estatuaria afectada a los docentes, pero también al resto de las personas del país porque pone en peligro la educación pública.
Unos señores tienen más carisma y más capacidad de oratoria que otros, pero en general las personas no prestan atención, yo me entretuve hablando con mis compañeros de maricadas varias y el resto de profesores andaban en las mismas. Para que quede claro el nivel de desconexión entre los que empuñaban el micrófono y los asistentes a la asamblea, durante un momento una señora representante de una IPS empezó a explicar algunos temas de salud que deberíamos saber y como nadie la oía uno de los directivos tomo el micrófono y nos pidió respeto, regañados como cualquier estudiante excitado.
Vi gente conocida que no quise saludar y gente conocida a la que tuve ganas de abrazar pero a la que ni me acerque porque la ansiedad social me puede más. Vi a una muchacha muy guapa que no saludó a nadie y se sentó sola y se quedó sola toda la mañana, a esa tampoco me le acerqué.
No sé que pasará con el tal paro, no confió, no conozco el final, pero no conozco ningún final y creo que ninguno será bonito, así que mañana viernes también asistiré a la asamblea y seguro tampoco seré capaz de hablar con gente distinta a mis compañeros y luego iré a cine aprovechando que estoy en Tuluá y no en la vereda y luego vendrá el fin de semana y el lunes estaremos de nuevo en el colegio trabajando con los muchachos. Es raro, pero no estoy para explicarlo.
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