lunes, 30 de abril de 2018

Marcos


Marcos se sentó en la banca a menudo ubicada debajo del televisor que el abuelo tiene colgado en la pared, siempre prendido siempre con el volumen al máximo. La banca es de color naranja, la pintó el abuelo con una pintura que le sobró a un vecino después de pintar su casa, pero el abuelo no solo la pintó sino que también la hizo, el abuelo es inquieto cuando no está enfermo. Marcos guardó silencio y miró a su abuelo dormir, tenía que aplicarle una inyección, por eso estaba ahí, pero no sabía cómo despertar al abuelo, lo miró en silencio aunque en su cabeza gritaba y gritaba más, esperando perturbar el descanso del abuelo, pero si al abuelo no lo despierta el ruido del televisor entonces al abuelo no lo despierta nada, o por lo menos eso se repitió Marcos antes de apagar el televisor; ese silencio fue suficiente para que el abuelo se despertara gruñón preguntando qué había pasado con el televisor. Marcos le dijo que iba a inyectarlo y el abuelo le dijo que menos mal había ido él porque su mamá tiene esa mano muy pesada. El abuelo le preguntó a Marcos que si le gustaba la banca y Marcos dijo que sí. Ahí la tiene a la orden, dijo el abuelo como si la hubiera hecho ese mismo día. Marcos se despidió del abuelo asegurando que volvía al otro día.

viernes, 27 de abril de 2018

Marcos


Las visitas mañaneras se las inventaron las amigas de su hermana, o son viejas sin destino o madrugan mucho y a las diez de la mañana tiene todo listo y se pueden dedicar a andareguear por ahí. No señor no es lo mismo yo voy a la casa de su hermana porque yo soy la mamá y porque yo tengo más tiempo que ellas no ve que yo no tengo hijos chiquitos ni nada, aunque usted está viejo y también es un encarte. Bueno allá estaban dos viejas con las que estudió hablando de los maridos y de esa música maluca que les gusta. No señor cuál celosa no sea bobo lo que pasa es que me chocan ellas. Por chismosas por qué más me van a chocar, allá hablaron también de una muchacha de por acá de la cuadra que dejó al marido, llevaban once años juntos y se cansó y se fue, se aburrió, que todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y si hubiera hijos o algo pero nada solo ellos dos y la vida maluca de los dos juntos. Pues claro que puse cuidado que me choquen ellas no me impide escuchar. No señor si mañana vuelvo y me las encuentro otra vez mejor no voy más, que venga ella acá si quiere.

viernes, 13 de abril de 2018

Marcos


A Marcos le gusta un salchichón que se llama Don Juaco  y tiene dibujado un marranito con pinta de ir al gimnasio que parece hubiera estado posando para el retrato; debajo del marranito dice “salchichón de carne de res”. La gente cree que el salchichón es tan malo que ni siquiera se fijan en la falta de coherencia de la información que ponen en el empaque. Lo que Marcos cree y por eso le gusta el salchichón Don Juaco es que el marranito fornido está en el logo no porque el salchichón sea de carne de marrano sino porque el marranito es el que mata las vacas para hacer el salchichón. A Marcos le gusta creer que se come un embutido hecho con la carne de un animal cuadrúpedo que mató otro animal cuadrúpedo. 


jueves, 12 de abril de 2018

Marcos


Marcos leyó en el periódico una columna de opinión que escribió uno de sus amigos y ahí mismo lo llamó para decirle que era un pendejo. Usted porque se pone a escribir sobre corrupción y negocios chimbos en empresas públicas contando todos los detalles de cómo funciona; vea yo le leí eso a mí mamá y ella ahí mismo me dijo, ese señor sabe tanto de eso que está diciendo que parece que el negocio se lo hubiera inventado él. Yo que le iba a decir que usted lo que está es ardido porque antes el que robaba ahí era usted y ahora están robando otros que no son los suyos. No señor no tiene nada que ver con que yo sea amigo del alcalde ni nada de eso, no hable maricadas que usted mejor que nadie sabe que los próximos 20 alcaldes de este pueblo son amigos míos, es que el negocio mío es ese, tener amigos. A bueno pues por eso le estoy diciendo que piense antes de escribir, sino no le estuviera diciendo que cuando se pone a decir lo que dice creyendo que está encochinando a otros lo único que está haciendo es dando papaya para que lo jodan a usted. Dizque preguntando quién es el jefe político del gerente de esa empresa, qué tal este marica, acaso el primer jefe político de los gerentes no fue usted, no era usted el que ponía y quitaba empleados. No señor no me diga que no, conmigo no tiene que negar nada ni hacerse el inocente, yo no lo juzgo yo le digo que no sea bobo, no de papaya. Deje que en los periódicos escriban los que saben, usted siga trabajando en lo suyo. Marcos colgó el teléfono y le dijo a su mamá que si iba para la casa de la hermana ayudarle con una tarea del niño. 

Marcos


Hombre pero es que se tipo no duerme sino que entra en coma. Yo no sé quién será pero ahí lo vi en el noticiero dizque él se levantó y fue a la cocina a hacer tinto y luego salió al corredor con el pocillo en la mano y ahí vio que en el barranco del frente donde por la noche estaba la casa de Reinaldo no había casa sino un chorriadero, el señor dijo que él vio eso y se hecho la bendición y ahí mismo salió al patio y miro para abajo y allá estaban en el bordo del río entre barro y piedras las tablas y las hojas de zinc de las que estaba hecha la casa de Reinaldo. Es que cuñado diga usted que llueve toda la noche, que llueve tanto que se derrumba un barranco y se lleva una casa con él y uno ni oye ni nada y no se da cuenta sino hasta que se levanta, es que eso es morirse. Marcos miro a su cuñado que juzgaba al señor de las noticias como si dormir fuera un crimen o como si haber estado despierto le hubiera permito al señor salvar la vida de Reinaldo. Yo me duermo igual o peor, le dijo Marcos a su cuñado. No, es que de usted no me queda duda, pero es que usted es un vago que no sabe sino dormir en cambio la gente de por allá de la montaña es trabajadora. Pues si duermo yo que no trabajo según usted imagine esa gente que trabaja tanto, como se acostarán de cansados, normal que el señor no oyera nada. Marcos no dijo nada pero en su cabeza lo que se repetía era que si Reinaldo y el otro señor hubieran estado viviendo juntos en vez de ser dos viejos solitarios por allá tan lejos Reinaldo seguiría vivo. Seguro que eso les pasó por quererse de lejos. 

miércoles, 11 de abril de 2018

Marcos


Vino una vecina nueva medio cabreada con un papel arrugado de tanto manoseo. Se lo mostró a la mamá de Marcos a ver si ella había visto alguna vez ese símbolo. La mamá de Marcos le dijo que no, sin detallarlo mucho. El símbolo era un triángulo amarillo mal hecho que de escabroso no tenía sino lo que la muchacha decía sobre él. Según ella el símbolo estaba pegado como una etiqueta en todas las puertas de la casa y para ella que eso era pura brujería. La mamá de Marcos le dijo a la muchacha que Alcira llevaba mucho tiempo viviendo en el barrio y que ninguna de las personas que arrendó cuartos antes de usted se quejó de nada. La muchacha dijo que esa señora era rara. Lo que más me asusta es lo que pasa cada que voy a abrir la puerta, usted viera la tembladera que a mí me agarra cada que voy a meter esa llave en la chapa, es que no soy capaz de abrir, y siempre tiene que venir ella y ayudarme. La mamá de Marcos lo llamó y le mostró el papel. Marcos le dijo que él de símbolos no sabía pero que si le daba miedo pues que se cuidara y cuidara los calzones, no los deje por ahí a la mano. La muchacha miró a Marcos como si fuera un payaso de circo quebrado de barrio bajo. Pero vea vecina el problema no es el símbolo, el problema es lo poquito que le gustan a las brujas los chismes, dijo Marcos yéndose otra vez para la cocina y desde allá le dijo que era verdad que la gente se iba de esa casa no se quejaba de nada porque los muertos no se quejan. No le pare bolas que es por joderla, dijo la mamá de Marcos acompañando a la muchacha a la salida. No se preocupe niña pero si quiere le mando Marcos para que la acompañe. La muchacha se fue.

martes, 10 de abril de 2018

Marcos


Marcos no se le esconde a nadie. Marcos quiere que lo vean y lo saluden porque sabe que conocer gente sirve para conseguir cosas o para vender rifas o para vender arroz con leche. Pero a la profesora Jimena Marcos se le esconde siempre. Marcos la ve y se despeina y le sudan las manos y empieza a mirar para todas partes como si lo estuvieran persiguiendo para pedirle plata prestada. La profesora Jimena le enseñó economía y política en el colegio, él se enamoró de ella cuando la vio entrar al salón con un vestido sastre azul claro y el pelo suelto con mechones que le caían a la frente cuando hablaba y escribía en el tablero y que ella se acomodaba con una gracia que Marcos no ha vuelto a ver. Cuando Marcos oye hablar de segunda guerra mundial o del debe y haber lo que ve en su cabeza es a la profesora Jimena acomodándose el pelo. Desde que salió del colegio hasta hoy Marcos se ve como si tuviera cincuenta años más y la profesora Jimena por el contrario se ve más joven y más bonita. La mamá de Marcos no sabe que existe solo una persona capaz de poner a trabajar a su hijo y que esa es la profesora Jimena pero Marcos si lo sabe y por eso se le esconde. Le da miedo que lo juzgue porque no trabaja y que se dé cuenta que ella está más joven que él. Hablar con Jimena obligaría a Marcos a replantearse su vida y por eso cuando la ve mejor sale a correr.

Marcos


A Marcos no le gustan los motoratones porque en las noticias han estado diciendo que los están desapareciendo. Imagínese que vayan a desaparecer a un tipo de esos y uno venga con él de pasajero y pague el pato por estar en la moto equivocada y resulte desaparecido también. Qué horrible que los amigos de uno lo encuentren por ahí en un caño, le dice Marcos a su mamá. Si no hubiera empezado a llover Marcos hubiera caminado pero tenía afán y no se quería mojar porque estaba triste y cuando está triste siente que todo el día le llueve por dentro con relámpagos y rayos y casas destechadas y vacas ahogadas. El motoraton era un señor de camisa curtida y brazos quemados por el sol de otros días. Marcos no habla con los taxistas cuando va en taxi y tampoco desea hablar con los motoraones cuando va en moto pero como el motoraton empezó a contarle a Marcos que él había sido joven y Marcos lo dejó hablar y se dijo en su cabeza que claro que como ese señor ya estaba viejo seguro había envejecido y no nacido viejo porque sería muy raro eso de nacer viejo. Usted ve esa señora que va ahí, yo ande con esa cuando era joven usted hubiera visto, le pegaba unas manoseadas, pero la vieja se pinchó, montó un asadero de arepas y se pinchó con eso porque empezó a irle lo más de bien. Hay gente así, se pinchan porque les va bien. El caso es que se pinchó con esa arepa. Marcos le decía que sí, que como así, que era verdad, que había gente así, que claro. Y vea usted como es la vida ahora está dizque sola la señora, dijo el motoraton. Marcos le dijo que la buscara y le volviera hablar y el motoraton dijo que no que ya pa qué, a uno viejo ya ni se le para. Marcos se dijo en la cabeza que si hubiera nacido viejo no se acordaría que antes sí se le paraba y ahora no. Marcos le pagó al motoraton y entró a la casa pensando en lo bueno que sería que a ese señor no lo fueran a desaparecer.

lunes, 9 de abril de 2018

Marcos


Un amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de cervezas que tenían una caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta. Marcos nunca ha ido a Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La verdad es que a Marcos a duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los aviones le tiene miedo a los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos amigos que viajan y por eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera directa. Lo que él hace es insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo que es muy rico y sería muy bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando sabe a qué lugar se dirigen. Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían una tapa morada que dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de dejarlas enteritas sobre una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de Marcos y Marcos le dijo este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista no soy, yo pa limpiar polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos y su amigo se tomaron las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que eso era pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos, bueno le dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino que despertó acostado en el baño.  

jueves, 5 de abril de 2018

Marcos


Yo no sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y no habla. Van por ahí por la doble calzada que son como seis kilómetros de caminata uno al lado del otro y callados sin decir nada como si tuvieran miedo de que los fueran a oír. Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que es el que camina por ahí sin estar interesado ni un poco en saber de qué  van sus putas vidas. Y es que a mí no me importa que ocurra con los otros pero cuando me pasan por el lado caminando y cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me descompone. Si es que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y hasta mejor porque si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice nada y uno camina hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan callados, seis kilómetros callados y yo digo será que si abren la boca explotan o se les escapa esa porquería que llevan con ellos que les da color en los ojos. No sé. Es que caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo y sabe que va a hablar los seis kilómetros y que no le importa si él le responde o si lo está oyendo y Marcos lo interrumpe y le dice que sí, que es mejor caminar hablando.

martes, 3 de abril de 2018

Marcos


Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa, pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua. Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir. 

lunes, 2 de abril de 2018

Marcos


Marcos está en la tienda, va comprar gelatinas de pata y espera que el señor las saque del frasco donde las tiene empacadas, las agarra con una pinza de aluminio que es muy corta para el frasco y no alcanza a llegar al fondo, el señor acuesta el frasco para que las gelatinas queden más cerca de la salida. El señor lleva cinco gelatinas empacadas en una bolsa de plástico pequeña, Marcos sigue esperando porque pidió ocho. Cuando el señor va a sacar la sexta gelatina entra una señora alta y gorda de pelo largo y mirada de no necesitar hombres en su vida porque con sus manos pega ladrillo y pinta paredes. Marcos le mira las manos untadas de cemento y se mira las de él que solo saben estar untadas del polvo blanco de las gelatinas de pata y como por reflejo las guarda en los bolsillos y sigue mirando a la señora que con voz grave le dice al señor que le de tres y el señor va apresurado a la nevera y saca tres cervezas y se las entrega a la señora que le paga y se va sin dar las gracias. Marcos se va para la casa con las gelatinas repitiendo en su cabeza que mañana él tampoco le va pedir al señor que le dé gelatinas sino que así como esa señora le va decir que le de ocho porque el señor de la tienda ya sabe lo que la gente va a comprar antes de que le digan, porque el señor de la tienda se acuerda de esa gente que siempre va a comprar lo mismo. Marcos entra a la tienda y pide ocho y el señor de la tienda le dice ocho qué, con el mismo tono de voz con el que diría, este malparido cree que yo soy adivino o que hice curso para lidiar bobos. Marcos cree que la pregunta del señor lo va tumbar y dice suavecito casi como susurrando, ocho gelatinas de pata me hace el favor. Mira al señor empacar las gelatinas y se mira las manos y le brillan los ojos como si hubiera entendido qué es un agujero negro, claro es que hay que venir con las manos untadas de cemento.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...