El parque fue
remodelado y la fuente de los tres chorros que siempre se estaba dañando fue
retirada y remplazada por una caseta para los lustra botas que llevaban años quemandose la nunca por trabajar bajo el sol. Había deseado desde
los días de mi campaña ver un parque distinto pero no sólo eso, también quería cambiarle
el nombre, si se veía distinto entonces merecía un nombre distinto. Nunca me imaginé que fuera tan difícil darle
un nuevo nombre a ese parque del centro de Maquetalia.
Esto ya no es un pueblo
y por eso merece un parque nuevo de diseño vanguardista, les dije. La gente lo
entendió bien y los trabajos se iniciaron con total normalidad. El parque como
tantos otros en el país tenía el nombre de un viejo libertador y yo con la
ayuda de mi equipo de gobierno lo que quería era ponerle el nombre de un
importante personaje local. Con mi equipo propuse estos tres:
El primero, Armando
Pardo sacerdote filántropo de los años sesenta que había fundado dos de los
albergues para ancianos más importantes de Marquetalia y era un referente del
trabajo comunitario para los marquetones.
El segundo, Fernando
Mosquera el poeta más destacado de Marquetalia un erudito que le dio a su
pueblo un reconocido lugar en los círculos intelectuales más famosos del país.
El tercero, Jairo
Márquez general del ejército y único marquetón que participó en la guerra de
Corea.
Lo que hicimos con el
equipo de gobierno fue socializar esas tres posibilidades con la gente para ver
que tal respondían a la propuesta, por mi parte la opción dos era la más
adecuada, valía la pena honrar al poeta teniendo en cuenta que su genio había convertido
a Marquetalia en referencia de la poesía nacional.
Para mí sorpresa y la
de mí equipo la gente no simpatizaba mayoritariamente con ninguna de nuestras
propuestas y esa antipatía la argumentaban basándose en rumores populares que era
más viejos que ellos.
El parque nuevo no
podía llamarse igual que ese cura ladrón que con las limosnas de la iglesia se
había comprado las fincas cafeteras más grandes de la montaña y que daba
sancocho de hueso de res con el mismo pedazo de hueso lamido toda la semana a
sus trabajadores y que además pagaba mal el jornal. No podía haber en
Marquetalia un parque llamado Armando Pardo y menos el del centro de la ciudad porque
eso solo serviría para recordar a un tipo que le cerraba la iglesia a las
familias que querían bautizar a sus niños por no tener un solo peso para pagar
la ceremonia. Era cierto que el cura Pardo había fundado los alberques de la
ciudad eso nadie lo negaba pero eso tampoco lo convertía en alguien de quien
sentirse orgullo.
Pero no sólo del cura
Pardo tenían algo que decir, del poeta Mosquera y del general Márquez también
tenía historias para desaprobarlos y desecharlos como una posibilidad. Mis
asistentes decían que me había equivocado eligiendo esos personajes. Yo les
decía que no sabía dónde estaba el problema porque el libertador que le daba el
nombre actual al parque tampoco había sido un santo, seguro también había
cometido una que otra irresponsabilidad que con el paso del tiempo y la
malquerencia de uno que otro detractor se le convirtió en una mancha para su
hoja de vida. Mis asistentes decían que tal vez fuera así pero que a ese
libertador la gente ya lo había aceptado en cambio a los personajes que yo
proponía no.
Ese poeta era un
pervertido el único lugar que debería llamarse igual a él es ese antro
asqueroso donde trabajó toda la vida atendiendo a todas las porquerías de
maridos que iban allá a buscar putas, decían algunas señoras. Mosquera lo único
que hizo fue robarse los versos de los borrachos que él atendía en el bar, no
era ningún genio decían algunos otros. Mosquera fue un mal marido un mal hijo y
peor que todo un padre de mierda y como si fuera poco la familia así lo
afirmaba y tampoco aprobaba que el parque de la ciudad se llamara Fernando
Mosquera.
El malestar entre los
marquetones por mis propuestas fue notable y la opinión pública estaba polarizada.
Muchos decían que la ciudad tenía verdaderas prioridades y la discusión sobre
un parque era innecesaria y que nada bueno se podía esperar de un alcalde como yo.
Empecé a creer que enserio me había equivocado y que lo mejor para zanjar las
discusiones era conservar el nombre del parque.
Del general del
ejército Jairo Márquez más que rumores sobre él lo que existía era desconocimiento,
la gente de Marquetalia simplemente no conocía al general Márquez no lo
recordaba o nunca había escuchado hablar de él.
Mi equipo sugirió
cambios en las propuestas y las hicimos pero la ciudanía siguió poniéndole pero
a todas. El parque de los fotógrafos no porque ya no había fotógrafos. El
parque Patricia Gutiérrez en honor a una de las profesoras más reconocidas de
Marquetalia no porque el esposo de ella era un alcohólico. Emilio Llanos ex
alcalde de Marquetalia no porque había sido mal alcalde y así con todos los
nombres.
El parque estaba listo
y la inauguración se programó para la navidad. Después de proponer un nombre y
otro sin elegir ninguno decidimos seguir llamando al parque como lo habíamos
llamado siempre, eso hasta que recibimos una carta en la que proponían que el
parque se llamara Copito de Nieve como el perro del vigilante del hospital
central que era muy bonito y le gustaba a todos en emergencias, la carta estaba
respaldada por las firmas de 350 ciudadanos. Como si la gente de Marquetalia
hubiera estado esperando desde el principio a Copito de Nieve y los
inconscientes hubiéramos sido nosotros al no tenerlo en cuenta esa fue la
propuesta definitiva y con la asistencia cientos de marquetones y la presencia
de Copito inauguramos el renovado parque municipal Copito de Nieve.
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