martes, 5 de julio de 2016

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El caso de los activistas ambientales asesinados seguía siendo investigado por las autoridades y uno que otro periodista terco. Los informes más recientes aseguraban que los activistas habían sido eliminados por orden del gobierno. En un inicio la opinión pública sospechó de los grandes empresarios que viendo afectados sus intereses por la posible  popularización de tendencias autosostenibles optaron por sacar del camino a los activistas. Esa idea cambió cuando un periodista independiente de credibilidad dudosa por su perfil de conspirador afirmó que los hombres muertos eran todos clones producidos en laboratorios. Otra teoría conspiratoria decían sus colegas para desacreditarlo. Según el periodista era posible que el proyecto de promoción de huertas caseras fuera ordenado por el gobierno como medida de emergencia para disminuir el impacto ambiental, el uso de clones seguro tenía que ver con la posibilidad de pagar un sueldo inferior al establecido por la ley, todo eso según el conspirador se había ido al piso por presiones internas de los grandes empresarios que obligaron al gobierno a eliminar a los activistas. El caso empezaba a tomar forma y yo no le perdía detalle, me gustaba el rumbo que tomaban las cosas.

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