Chucho
vino a mi casa de madrugada y me despertó, bajé corriendo abrir la puerta sin
saber aún que se trataba de él. Lo miré como pidiéndole una explicación por la
hora. Póngase zapatos rápido que vamos a llevar esa banca al parque otra vez,
me dijo Chucho cerrando la puerta y sentándose en el sofá de la sala. Hice lo
que me pidió sin preguntar nada y nos pusimos manos a la obra. Yo era el más
interesado en deshacerme de esa banca, aunque debo decir que después de tanto
verla ya hasta me había acostumbrado a verla y hasta me gustaba. Teníamos menos
fuerza que el día que la robamos o eso parecía porque sentíamos que la banca
pesaba mucho más. Descansamos cada dos o tres pasos y hubo un par de machacones
pero llegamos al parque. Fue más fácil cuando no la llevamos, así debe ser
siempre creo yo, cuando los ladrones intenta regresarle a uno lo que le roban,
con razón a uno no le devuelven nada, dijo Chucho. Debemos ser los únicos que
se roban una banca de un parque para devolverla después, le dije a Chucho
secándome el sudor con una toalla. ¿La estamos regresando porque James se fue y
ya no hay nadie a quien queramos dejar de pie? le pregunté a Chucho. No señor,
volvimos a traerla por lo que usted me dijo hace tiempo, porque Amparo no va a
regresar.
martes, 5 de julio de 2016
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