martes, 5 de julio de 2016

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Chucho vino a mi casa de madrugada y me despertó, bajé corriendo abrir la puerta sin saber aún que se trataba de él. Lo miré como pidiéndole una explicación por la hora. Póngase zapatos rápido que vamos a llevar esa banca al parque otra vez, me dijo Chucho cerrando la puerta y sentándose en el sofá de la sala. Hice lo que me pidió sin preguntar nada y nos pusimos manos a la obra. Yo era el más interesado en deshacerme de esa banca, aunque debo decir que después de tanto verla ya hasta me había acostumbrado a verla y hasta me gustaba. Teníamos menos fuerza que el día que la robamos o eso parecía porque sentíamos que la banca pesaba mucho más. Descansamos cada dos o tres pasos y hubo un par de machacones pero llegamos al parque. Fue más fácil cuando no la llevamos, así debe ser siempre creo yo, cuando los ladrones intenta regresarle a uno lo que le roban, con razón a uno no le devuelven nada, dijo Chucho. Debemos ser los únicos que se roban una banca de un parque para devolverla después, le dije a Chucho secándome el sudor con una toalla. ¿La estamos regresando porque James se fue y ya no hay nadie a quien queramos dejar de pie? le pregunté a Chucho. No señor, volvimos a traerla por lo que usted me dijo hace tiempo, porque Amparo no va a regresar.

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