sábado, 23 de abril de 2016

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Las monedas encontradas por Lucas esa tarde en una lata de galletas enterrada a la raíz de un árbol de chachafruto estaban oxidadas. Eran viejas y ya no circulaban. Nada se podía comprar con ellas. Lucas las pegó con cuidado en una tabla grande que colgó en la portada y en la que se leía el nombre de la finca: “El entierro de mi apa”. 

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