miércoles, 13 de abril de 2016

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Finalizó una mala canción y siguió de inmediato otra peor, Amparo apagó el radio, no sabía cómo conseguían algunos tipos sonar en las emisoras, eso la molestaba y no era que envidiara el éxito de otros, era más bien una conciencia de escases de calidad sonora en lo que se oía. Mirando el radio con expresión de desconcierto en su rostro recordó que cuando trabajaba en la editorial había rechazado la novela de un veinteañero que iba justamente de malas canciones. En la novela un tipo de mediana edad que vivía sólo, tiraban poco y comía mucho, buscaba a cantantes de canciones que él consideraba malas para secuestrarlos y obligarlos a grabar canciones de su composición, como parte del rescate a parte del dinero era obligación que las  canciones sonaran en la radio, muchas de esas canciones se convirtieron en un éxito de súperventas que motivó a buenos cantantes a grabar una o dos canciones malas esperando que el secuestrador del toque mágico los pusiera en su lista de secuestrables. Cuando leyó la novela le pareció malísima pero sentada ahí mirando su radio creía que tal vez no lo era tanto.

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