miércoles, 6 de abril de 2016

41



Chucho siempre me decía que además de sus ideas para un libro también tenía unas cuantas para dictar conferencias. Él, un hombre que había descubierto la toxicidad de las pizzas con piña podía dirigir unas cuantas charlas sobre estados de ánimo, especialmente de la tristeza. Me dijo un día que la alidada de un hombre feliz debía ser una esponja con mucho jabón quita grasa. Cuando me reí me reprendió. No se burle que es verdad, muchos dicen que lavar la loza relaja sus sentidos y les permite reflexionar al punto de encontrarse sosegados al finalizar la tarea, eso no me lo invente yo, pero lo que si me puedo inventar es una conferencia sobre eso. ¿Uno debe conformarse con los platos que tiene en su casa o debería salir a buscar más? Le pregunte a Chucho, no me respondió, las conferencias son apenas una idea, dijo. Yo me sigo imaginando a hombres y mujeres tocando puertas con esponja en mano como miembros de secta religiosa ofreciéndose a lavar platos gratis. A sí como eso que se paran en la calle con un cartel colgado al cuello regalando abrazos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...