Chucho
siempre me decía que además de sus ideas para un libro también tenía unas
cuantas para dictar conferencias. Él, un hombre que había descubierto la
toxicidad de las pizzas con piña podía dirigir unas cuantas charlas sobre
estados de ánimo, especialmente de la tristeza. Me dijo un día que la alidada
de un hombre feliz debía ser una esponja con mucho jabón quita grasa. Cuando me
reí me reprendió. No se burle que es verdad, muchos dicen que lavar la loza
relaja sus sentidos y les permite reflexionar al punto de encontrarse sosegados al
finalizar la tarea, eso no me lo invente yo, pero lo que si me puedo inventar
es una conferencia sobre eso. ¿Uno debe conformarse con los platos que tiene en
su casa o debería salir a buscar más? Le pregunte a Chucho, no me respondió, las
conferencias son apenas una idea, dijo. Yo me sigo imaginando a hombres y
mujeres tocando puertas con esponja en mano como miembros de secta religiosa ofreciéndose
a lavar platos gratis. A sí como eso que se paran en la calle con un cartel
colgado al cuello regalando abrazos.
miércoles, 6 de abril de 2016
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