Esa
noche hablaron de la quebrada. El tema no se tocaba desde hacía mucho y, sin
embargo surgió en ese momento mientras giraban las mazorcas sobre las brasas
para que se doraran bien. Atrapaban renacuajos en los charquitos con tazas de
totumo perforadas como cernidores. Ponían a los animales en baldes y al final
los contaban para saber cuál de los dos era el ganador del juego. En la quebrada
los vieron por última vez antes de que se los llevaran. Él fue sacado de la
pesebrera donde alimentaba las vacas y ella horas después detenida en la huerta
cuando llenaba bolsas negras con tierra para sembrar chapolas de café. Se
movilizaron por el camino de herradura que coronaba el filo de la montaña. Los
vieron alejarse antes de devolver los renacuajos al agua para irse a casa. Alguien
jugaba el mismo juego, pero atrapando papás que no devolvían.
miércoles, 27 de abril de 2016
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