Llamó la tía Edelmira, que se murió Martha la hija mayor ahora por la tarde. Cómo así y qué le pasó. No sé, no pregunté. Marcos usted yo
no sé dónde es que tiene la cabeza, cómo así que le dicen que alguien se murió y
a usted no se le ocurre que lo más lógico es preguntar cómo murió o de qué. No le
quise preguntar porque de pronto se ponía a llorar ahí y que incomodo uno
sosteniendo un teléfono pegado a la oreja que se le va poniendo caliente de
tanto esperar y una señora llorando al otro lado y yo sin saber que decirle ni
nada. Yo ni sé cuál es la tía Edelmira. La tía Edelmira es una hermana de mi
mamá, y qué más dijo. Nada más, yo le dije que usted la llamaba apenas llegara.
Lo mismo fue la semana pasada, llamó mi prima Carmen para avisarme que ya había
nacido el bebé y usted no fue capaz de preguntar ni cuanto había pesado ni
cuanto había medido ni nada. Llama el marido de su hermana a pedir plata
prestada y usted no es capaz de preguntar para qué la necesita. Deberíamos desconectar
ese teléfono cuando usted no está. Si tuviera trabajo no se la pasaría acá
metido respondiendo llamadas. La última vez que me ofrecieron trabajo era para
eso para contestar el teléfono.
miércoles, 28 de marzo de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
-
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario