Marcos camina por la calle con la matera de barro pegada
al pecho, la sostiene con la mano izquierda, lleva la mano derecha en el
bolsillo y se arrepiente de haber salido sin gorra porque le emputa quemarse la
frente. La matera está llena de tierra y Marcos aprieta los sobres con semillas
de zanahoria, cilantro y remolacha que le regaló el tipo que lo atendió en el vivero.
Marcos compró la matera para sembrar una mata de sábila pero el discurso del
tipo del vivero con su barba tan cuidada y despoblada lo puso a dudar. De pronto
es verdad que uno puede salvar el mundo con las tales huertas caseras, Marcos
se repite eso en la cabeza sin dejar de caminar y sin dejar de ver al tipo del
vivero tan alto y flaco con eso dientes
tan blancos todo sonriente como si no tomara tinto ni fumara cigarrillo. Pero es
que yo lo que necesito es una mata se sábila porque la sábila es bendita y
sirve para todo. Marcos se repite eso y en su cabeza el flaco del vivero le
dice: hay que pensar en el medio ambiente y en el calentamiento y Marcos cree que
ese flaco también es bendito y sirve pa todo. Oiga Marcos ahí vino doña Dolores
y le trajo una sábila que usted le pidió. Marcos va hasta el patio donde su
mamá dejó la sábila y mete las manos en la tierra sin dejar de pensar en ese
tipo sonriente del vivero que olía a tierra aunque el overol que tenía puesto
estaba limpio. Siembra la sábila porque eso es lo que él necesita una mata de
sábila en la casa. De todos modos guarda las semillas con la intención de
volver al vivero a comprar otra matera porque hay que cuidar el mundo y combatir el calentamiento.
jueves, 15 de marzo de 2018
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