Ricardo y Ana no iban al pueblo
los viernes, las calles estaban solas y se les hacía extraño, tal vez por la
costumbre de verlo siempre lleno los domingos días de mercado o los lunes de feria
ganadera días en que la gente estorbaba para caminar.
visitaban los cinco pueblos
cercanos los lunes de feria que se repetía cada mes en el mismo pueblo, cada
lunes un pueblo diferente, siempre iban los dos, también por eso Ricardo había comprado camioneta, él decía que la necesitaba, Ana decía que no la necesitaban
y le parecía que tener un carro era un capricho fantoche de Ricardo que les
traería gastos innecesarios y problemas de inseguridad, su marido no le
prestaba mucha atención él sabía que ella también prefería tener un carro
propio para poder desplazarse con facilidad en un lugar donde el trasporte era
por rutas, una por la mañana y otra por la tarde del pueblo a la vereda y de la
vereda al pueblo en los dos horarios sin oportunidad de salir a una hora
distinta.
Cuando no tenían ni un peso Ricardo no le
encontraba problema al trasporte y soportaba la incomodidad como todos, sin
quejarse, aún cuando los negocios comenzaron a ir bien y su posición económica
mejoró no pensó en comprar carro, pero fueron las circunstancias la que lo
llevaron a tomar la decisión.
Ellos compraba ganado y lo entregaba a
utilidades a personas que tuvieran potreros para cuidar de los animales, tenía
una finca con potreros de buen tamaño pero a esa no se podían llevar más animales
porque no había espacio. Ricardo no quiso hacerse cargo de la administración de
la finca así que se la entregaron a un familiar de Ana para que la administrara,
del mismo modo todo lo que tuviera que ver con esa propiedad estaba a cargo de
Ana quien se enamoró del lugar cuando lo conoció y dijo que lo peor que podía
hacer era dejar de comprar esa finca. A Ricardo el lugar no le había gustado
pero confiaba en Ana, era una finca con capacidad para unas cuarenta reses y
ellos tenían más de cien.
Un día recibió la llamada de una de las
fincas donde tenía un importante número de animales, tres de sus vacas habían
parido y otra había muerto, se había rodado por uno de los potreros, el
administrador de la finca le pedía que fuera para que se cerciorara de la salud
de las crías. Ricardo fue al día siguiente en la ruta que pasaba por el caserío
a las 6.30 de la mañana; el lugar al que
iba quedaba a tres horas de distancia de su casa, tuvo que hacer el viaje solo porque
Ana tenía que acompañar a su mamá al médico para que se hiciera unos exámenes. Ricardo
odiaba viajar solo, siempre decía que se había casado para estar acompañado si
le hubiera gustado estar solo hubiera permanecido como su hermano Antonio.
El viaje trascurrió en calma, el
administrador y su esposa lo entendieron con amabilidad, las crías eran hermosas y se
sentía muy satisfecho con el viaje. Como todo estaba arreglado con respecto a
las reses y él estaba tranquilo porque todo le estaba saliendo bien con los
animales no habló más del tema con el administrador y después del almuerzo lo
acompañó a coger guanábanas, los frutales no estaba muy lejos de la casa pero
mientras Ricardo disfrutaba del dulce sabor de una guanaba madura el carro que
hacía la ruta que lo llevaría de nuevo a casa pasó por la finca sin que él
estuviera listo, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde.
Llamó a Ana enfurecido por lo que le había
pasado. Ana voy a tener que irme a pie, el carro pasó y yo no me di cuenta,
dijo Ricardo. Y para que se va a apegar esa caminada si son más de cinco horas andando y eso a paso
largo, lo mejor es que se quede y se madrugue mañana, yo no tengo problema en
pasar la noche sola, le puedo decir a mi
hermana que me acompañe, Ana dijo todo eso en tono tranquilizador para que
Ricardo comprendiera que no había nada lo supremamente importante como para
considerar caminar tanto. Pero Ana usted sabe que no me gusta quedarme en otro lado
que no sea mi casa, además no traje cepillo ni ropa, eso me pasa por distraído,
dijo Ricardo con voz desesperada sin acordarse de lo rica que estaba la
guanábana. Tranquilo amor que por quedarse una noche sin cepillarte no se le
van a caer los dientes, además conocemos a Juancho y a su mujer hace mucho
tiempo, no entiendo porque le molesta tanto quedarse con ellos si solo es una
noche, le dijo Ana que en ese momento se despidió.
Ricardo seguía muy molesto consiguió mismo
por lo sucedido, se sentía muy torpe, pero el problema no era no tener ropa,
para Ricardo lo más grave de todo era no tener un cepillo de dientes, no
concebía el mundo sin cepillarse, para él eso era algo esencial. Si Ricardo
tuviera que escoger un objeto solo uno para llevarlo consigo a una isla perdida el elegiría si pensarlo su cepillo de dientes. Se cepillaba fuerte los
dientes hasta sacarse sangre de las encías, siempre había sido así, uno debe
cepillarse inmediatamente se levanta de la cama eso es lo primero que uno hace,
yo me acuerdo de la tía carlota ella no le daba tragos a nadie hasta que no
hubiera visto que se cepillaba los dientes. Eso siempre lo dice Ricardo cuando
se cepilla en las mañanas. Y se enojó más cuando entró a una tienda que estaba
al lado del Telecom de donde llamó a su casa y cuando preguntó por un cepillo
le dijeron que se habían acabado.
Tranquilo don Ricardo no se preocupe que
mañana nos vamos, le decía Juancho sentado en una banca de madera esperando a
que su mujer le trajera algo de tomar. Ricardo se dio al dolor y se sentó al
lado del administrador, pues si Juancho qué más hacemos mañana será otro día por
ahora le tocó darme posada esta noche y finalizó con una sonrisa de
resignación.
La tarde pasó volando entre cuento y
cuento de Ricardo y Juancho, a las 6 de la tarde la dueña de casa sirvió la
comida, a las ocho de la noche ya se estaban yendo a dormir, Ricardo estaba
acostumbrado a acostarse más tarde pero esa noche no tenía más opción que
dormir porque no había televisión ni gente para seguir hablando.
Lo acostaron en el cuarto de las visitas
que llevaba tiempo sin ser utilizado, Ricardo llevaba dos horas durmiendo
cuando sintió que algo lo picaba, al levantarse se dio cuenta que toda la cama
estaba llena de pulgas y Ricardo podía aguantarse las hormigas, las cucarachas,
las ratas, pero las pulgas no las toleraba y menos cuando ya lo habían picado,
esa noche se quedó sin dormir sentado en un rincón lejos de la cama, cubierto
con su chaqueta para mitigar el frio.
Al amanecer picado por las pulgas y sin
poderse cepillar Ricardo se tomó el tinto que le dio la esposa de Juancho
después de hacer gárgara con el agua helada que salía de la llave del lavadero
del patio, se despidió de los dos y se paró en la carretera a esperar que
pasara el carro para que no le fuera a suceder los mismo del día anterior.
Ana había dormido sin problema, el que no dijo lo mismo cuando llegó a la casa y antes de
saludar a Ana con un beso se cepillo los dientes fue Ricardo. Que cosa tan
horrible Ana, pase una noche de perros, la cama en la que me acostaron estaba
llena de pulgas puede creer mí amor pulgas, quien iba a dormir así, sabe desde
cuando no veía yo pulgas desde hace como 15 años cuando jornaleaba cogiendo
café, que lo mandaban a dormir a uno a cualquier lado, decía Ricardo indignado
mientras se metía a la ducha, Ana se reía el drama que su marido armaba por una
simple pulga, la divertía mucho.
Pero Ricardo deje el escándalo que fue una
simple pulga y hasta donde yo sé usted alérgico a la picadura de esos animales no es,
si no durmió fue porque no quiso, le dijo Ana que solía complicarse menos la
vida. Cómo va a creer Ana por Dios eso lo dice usted porque durmió aquí pero
las pulgas son horribles no dejan dormir a nadie, dijo Ricardo saliendo de la
ducha. Bueno dejemos el cuento de las pulgas así, lo importante fue que ya vino
y ahora puede desayunar y acostarse a dormir todo el día si quiere, le dijo Ana
sirviendo el chocolate.
Lo que nos hace falta es comprar un carro,
eso de estar dependiendo de las rutas es una alcahuetería dijo Ricardo mientras
sacaba ropa del closet. Con que sea menos distraído es suficiente con eso se
evita el gasto de un carro, dijo Ana en el comedor.
Su esposa tenía razón, no era la primera
vez que le pasaba algo así, en el pueblo mucha veces le había tocado pagar de más
para que un carro lo trajera hasta la casa porque salía la ruta y él no se daba
cuenta sino hasta dos horas después, Ricardo no entendía que le tocaba a él estar pendiente
de la ruta y no al contrario.
Ningún distraído Ana, lo mejor que podemos
hacer es comparar una buena camioneta, yo no le veo tanto problema, se sentó a
desayunar y miraba a Ana con complicidad pero ella lo evitaba, la idea de
comprar un carro no le gustaba no sabía por qué pero desconfiaba de Ricardo
como conductor.
Ricardo aprendido a manejar en un jeep de
servicio público cuando tenía como 20 años se
había quedado sin trabajo era uno de esos meses de tiempo malo sin cosecha, así que
se pegó a un amigo chófer y le ayudaba a cargar y a descargar a cambio de eso su
amigo le prestaba el jeep y le enseñaba a conducir.
No paso una semana y Ricardo ya tenía la
camioneta negociada, no importó que a Ana la idea de comprarla no le gustara. Cuando
Ana vea los beneficios de tener carro particular va estar de acuerdo conmigo en
que esta fue la mejor decisión, le decía Ricardo a su cuñado Eduardo que en esa
ocasión tuvo que permitir que Ricardo ganara la competencia que llevaban al que
más comprara cosas porque él no tenía con qué comprar un carro.
Otra de las cosas que preocupaba a Ana era
que la compra de la camioneta los hiciera más notables entre la gente, tenían
una buena posición económica pero no eran ricos y el hecho de conseguir carros
los podía convertir en otros nuevos extorsionados ella le había dicho eso a Ricardo
pero como después de que se encaprichaba con algo nada lo hacía cambiar de
opinión Ana tuvo que aguantarse la compra de la camioneta que tal como lo dijo
Ricardo después se convertiría en algo indispensable para ella.
Estaba tranquila en la casa una mañana
cuando llegó Ricardo con camioneta nueva pitando como loco, desde ese día él
decía que nunca más lo picaría un pulga en un lugar que no fuera su casa, ahora
los esposos iban a comprar y a vender el ganado siempre en su camioneta, Ana
decía que Ricardo era tan distraído que algún día olvidaría tanquear y
terminarían varado por gasolina en plena carretera, a él esos comentarios lo
sacaban de quicio pero como no le gustaba pelear con Ana siempre se tranquilizaba
y le decía, pues si nos varamos en carretera dormimos en el carro y listo el
problema, ahí no lo pican a uno ningún bicho y Ana se sorprendía con su marido
que parecía más un niños de ciudad que un campesino de toda la vida, pero más
que eso le gustaba pensar en la relación que tenían las cosas como la curiosa
explicación del porqué de la camioneta que había sido una simple pulga, si esa
noche lo hubiera picado una culebra seguro que hubiera pensado en comprarse un
helicóptero pensaba Ana.
Ricardo se tenía mucha confianza para los
negocios sin embargo nunca asistía a una feria solo, le gustaba que a la hora
de comprar una res su esposa lo aprobara, él no lo decía pero sabía que su
mujer tenía más mentalidad para los negocios que él, creía que su éxito y el
dinero que tenían se debía solo a ella porque él solo no hubiera sido capaz de
salir de la finca que había comprado en compañía con sus hermanos cuando recién
se había casado con ella.
No era muy común ver en plazas feriales a
los ganaderos acompañados de sus esposas sin embargo Ricardo no se despegaba de
su lado, Ana nunca fue sola a una de esas ferias, no le gustaba tener que negociar
con cierta clase de hombres que creían que ella iba incluida en el negocio.
La pareja no siempre compraba o vendía, a
veces se limitaban solo a hacer contactos con la gente a mantenerse informados
no solo de lo que pasaba con el ganado sino también con los cerdos, el otro
negocio de la pareja. Para las próximas ferias a Ricardo le tocará acostumbrase a ir solo, por lo menos mientras
él bebe crece un poco, ya no serían solo ellos dos contra el mundo ahora serian
tres, y el tercero dependería de ellos en todos los aspectos, esa idea generaba
en la pareja un gran alegría pues toda esa responsabilidad era la que les
permitiría llenar ese vacío que había sentido por tantos años.