A veces siento como motivación, no sé, por alguna razón creo que se pueden realizar algunos proyectos con los estudiantes, entonces sacó el celular con la aplicación de grabadora de voz abierta porque vamos a hacer un podcast y nadie habla, el silencio golpea fuerte en la cara, ninguno quiere que su voz quede grabada y los que quieren grabar porque les da igual que uno u otro oiga su voz no tiene nada que decir, aunque eso suena violento e incluso irrespetuoso, digamos que sí, que todos tienen algo que decir, pero no saben cómo decirlo, a Shakira se le agotaba el argumento y a estos les faltan las palabras, por eso ni van a hablar ni a escribir el guion ni a hacer entrevistas. Digamos que es así para poder seguir con el resto, lo que viene es empezar a elaborar la opinión de otro, preguntar una y otra vez, una y otra vez qué es lo que desean decir, darle vueltas a la idea de lo que el pelao cree que quiere expresar para irle dando la forma.
Se juega con esas palabras, se estiran y se encogen y se estrujan hasta que alcancen su punto exacto, como si uno estuviera tirando un alfandoque en medio de un trapiche de caña panelera.
No cuesta mucho dar una opinión sobre el entorno, o eso cree uno hasta que desea oírlas.
El otro problema es que esos proyectos que el tonto en el cumplimiento de su rol de profesor cree que son enriquecedores para la institución no significan nada para los estudiantes.
Venga deme su opinión para un podcast, digo yo, y ellos responden con una pregunta, y eso para qué, luego otra pregunta, con eso gano nota, con esa pregunta les alcanzan a brillar los ojos, convencidos de que articulando tres palabras frente a un celular que hace de micrófono están consiguiendo la nota final del periodo y entonces se puede relajar el resto de los días, cómo si no vivieran relajados en cada clase, cómo si les importara el colegio, cómo si no hubiera que tratarlos con una incómoda compasión porque pobrecitos es que trabajan en la casa y cogen café y cargan plátano.
Lo cierto es que uno empieza a darse cuenta de que con el tal podcast no se puede y entonces no se ilusiona más con ramitas secas y proyectos que nadie pide o exige y mira para otro lado y cumple con lo que le toca.
Aunque ahora no sé por qué, oyendo hablar a un par de pelados que ignoraban mi presencia en el pasillo, me dio por creer que tal vez podríamos hacer una especie de periódico escolar, un fanzine, aunque sea.
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