Supongo que también debo hablar de mí, de lo que pasa conmigo estando acá, en medio de la montaña, en un colegio rural, un lugar del que nunca antes había odio hablar y al que de seguro no vendría si no fuera por razones de trabajo.
Cuando estoy en Tuluá la gente me pregunta que dónde estoy trabajando y después de oír el nombre de la vereda que tampoco conocen, pero que se imaginan muy lejos, me preguntan por la guerrilla, como si yo viniera a darle clases a los grupos armados y no a los pelados de la región.
El tema es que resulta más simple hablar de ellos, de los estudiantes, y de los otros profesores, y de las tareas y de la dinámica particular en que sucedemos juntos cada día en la institución.
Aunque claro que estoy hablando de mí, no necesito nombrarme ni decir si me da frío o calor, si estoy contento o aburrido, si me da diarrea el agua que no es potable o si me rayo la cara con una rama cualquier tarde de esas en las que salgo a caminar y me robo una que otra naranja.
Tampoco tengo que hablar de lo raro que resulta estar todo el tiempo sin señal de celular y tener un internet que funciona mal, porque eso afecta más a los estudiantes en su proceso de aprendizaje que a mí.
Tal vez el ejercicio debería buscar lo contrario, intentar en lo posible no hablar de mí, sacarme de la ecuación, hacerme a un lado, ser apenas un loro que repite, no querer interpretar ni reflexionar. Podría ser interesante conocer el resultado y seguro también sería aburrido, porque ese texto se parecería mucho a las decenas de trabajos de grado de las maestrías que tantos profesores haces buscando mejorar el sueldo.
Llevar un diario para hablar de mí de manera directa me hace pensar en el lector, si yo fuera el lector de un tipo que escribe como yo, no me leería más, renunciaría al texto y diría si este hijo de puta vive tan aburrido y frustrado porque no se mata y luego me iría a ver videos en Facebook, videos cortos de esos productores de contenido que hacen reír apelando a la capacidad que tenga el que los ve de identificarse con ellos y así ir acabando con el humor de una vez por todas.
El fin de la comicidad. El fin de la imaginación. El fin de la entrada de hoy.
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