martes, 17 de octubre de 2023

Irse, quedando -100

Don Elpidio decidía que música sonaba esa noche en el bar porque él era el gastador de la jornada. Había llegado de Queens, Nueva York, hacía unas horas y en lugar de quedarse en la casa descansando, se fue para el bar del barrio, porque, según él, nunca se había sentido tan solo estando por allá donde los gringos. Los paisanos hacían mucha falta, decía. Yo estaba ahí de canalero. Sabía que el señor era del barrio, pero no éramos precisamente amigos, aunque lo que importaba era que estaba comprando aguardiente por garrafas y había borrachera fija para todo el que se arrimara. Don Elpidio dijo que él ya no se volvía, que ni por el putas, que ya había comido mucha mierda por allá y que ya había traído plata para echarle un segundo piso a esa casa y hacerse unos apartamentos para arrendar, él ya estaba muy viejo para estar de migrante. Yo asentía con la cabeza para que al señor le quedara bien claro que lo estaba oyendo atento y me tomaba una copa tras otra con agrado, porque para esto estaba yo ahí, para volver a la casa agarrándome de las paredes. Don Elpidio me dijo que una de las hijas de él le había contado que yo escribía novelitas, que de dónde había casado yo eso, viendo que mi papá era un tipo tan trabajador y tan decente, me dijo, que él conocía a mi papá y aprovechó para preguntarme por él y por mi mamá. Le dije que ellos estaban muy bien, que la ida de Tuluá les había sentado bien y le dije que sí, que yo escribía, que ya tenía ganas de publicar un cuarto libro. Don Elpidio me sirvió otro aguardiente, la copa rebosada y se sirvió otro para él, apenas doblamos las copas y con la garganta caliente le dije a don Elpidio, como para disculparme por lo de escribir novelas que también era profesor. Don Elpidio me dijo, nadie lee mijo, eso no, puras mentiras en papel, menos mal que es profesor, eso no es para llenarse de plata, pero se trabaja poquito y se vive bueno, un hermano mío es profesor, nunca trabaja la semana completa, con eso le digo todo. Yo le dije que claro, que como no, que así era, no iba a ser un canalero desagradecido, si el viejo gastaba el viejo tenía la razón y estaba en lo cierto, a tener la razón se me hace muy fácil renunciar. Luego, mientras sonaba la canción del Caballero Gaucho, don Elpidio me dijo sin cantar, Recibe un consejo: el mundo es tirano, échame al olvido que engañao estoy. Sí, señor, así es, le dije a don Elpidio y llené esas copas hasta al borde y le dije, brindemos vecino, brindemos, porque usted volvió a su país y yo ya no voy a joder más con esas mentiras en papel, Eso, mijo, eso es, así es que hablan los tipos verracos, vamos es a beber, dijo y el señor y pidió otra garrafa. 

viernes, 13 de octubre de 2023

Irse, quedando -99

Carmen se casó y me mando una fotografía luciendo su vestido blanco. Rubén me explicó que se había asesorado y la misma cosa era meterse a pagar a un apartamento allá que dedicarse a mandar plata para que le construyan una casa acá, que con el sueldo de él y el de la mujer y moderando los gastos les da para pagar las cuotas, él para qué una casa en Colombia. Mis sobrinos me hablan con un acento que no reconozco y mi hermana se acostumbró a comer chontaduros de frasco. 

La gente sigue adelante y uno se preocupa porque de alguna manera entiende que se está quedando atrás, uno tal vez no se pregunta para dónde va, a dónde quiere llegar. Darse la oportunidad de esa pregunta revela, primero, que uno tiene la barriga llena y que está aliviado y con algo de tiempo libre, sin las tres anteriores no hay lugar para preguntas de ese tipo, y segundo, la respuesta puede descubrir la singularidad del objetivo al que cada cual apunta, en caso de que el objetivo exista, que tampoco tiene porque existir, justo por esa singularidad; si el destino de uno es distinto de los que van adelante, si uno quiere llegar a un lugar diferente, entonces no se está quedando atrás de nadie. Que si se detiene y mira a su espalda y me ve a lo lejos, no es que me lleve ventaja, campeón, es que yo no voy a donde va usted.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Irse, quedando -98

Ve, papi, por qué no te quedas vos con Mateo y Rambo, viendo que ahora no vivís ya con tus papás, lo que necesitas es compañía, eso me dijo Emilio, un amigo del barrio que ya tiene los tiquetes comprados para irse a vivir a Portugal. Yo es que no se los quiero dejar a cualquiera, mejor dicho, papi, es que yo no los quiero dejar, pero, pues toca, porque la vuelta esa así, yo no tengo como pagarle pasajes a esos animales por ahora, y tampoco sería prudente uno pegar por allá a aventurear encartado con dos perros, eso sería poner a los animalitos a sufrir. Ojalá yo tuviera familia, papi, pero vos sabes que yo soy solo, no somos sino mi mujer y yo y como la familia de ella no vive acá, no hay quien se quede con los perritos, y el tema es que yo tampoco se los voy a dejar a cualquiera, luego resultan bien pailas con los animalitos y los ponen es a pasar hambre y los tiran por ahí en una terraza al sol y al agua, o los encierran y no los vuelven a sacar a correr en el parque. Le dije a Emilio que yo nunca había tenido perros y que tampoco me quedaba tiempo para cuidarlos y que para encerrarlos en la casa, todo el día solos, tiempo sobraba. Qué cagada, papi, qué cagada a lo bien, porque vos sos bien, papi, yo creo que los animalitos quedarían bien con vos, pero ni modo, si es verdad que no tenés tiempo, pues te doy la razón. Lo que no le dije a Emilio es que en últimas los perros son una responsabilidad enorme y que justamente había decidido no tener hijos para evitar ese tipo de responsabilidad y que no me iba a meter a cuidar a un perro al que toca comprarle comida y al que toca sacar y al que toca bañar y llevar al veterinario, menos iba a cuidar a dos animales que juntos deben pesar casi los 100 kilos y que deben comerse más de lo que me puedo gastar yo al mes en mercado. Es raro eso, pero muchos de mis amigos que prefieren no tener hijos por los gastos y porque dizque quieren conservar la libertad terminan teniendo un perro al que le pagan guardería y le celebran el cumpleaños con fiesta e invitados.  Raro. Por no decir que más de uno aplaza o cancela vacaciones porque no consiguen con quién dejar al animal. Lo que supe tiempo después fue que Emilio termino dejando a Mateo y a Rambo con un señor de una finca en Tres Esquinas y que cada mes le manda plata para qué les compré la comida mientras reúne lo que necesita para volver por ellos y llevárselos.

martes, 10 de octubre de 2023

Irse, quedando -97

Algo que yo reconozco y admiro de Nacho es que su decisión de aislarse, le otorgó una característica en la que se podría fundar la paz del mundo, una cosa simple, Nacho no necesito más de un favor, no necesito más que alguien le sirviera, en contraposición tampoco le sirvió más a nadie, aunque eso podría debatirse, a la luz de un par de adagios populares, el primero dice: "el que no vive para servir no sirve para vivir" y el segundo: "mucho ayuda el que poco estorba", el juicio depende del adagio al que decida darle prioridad. Siguiendo lo que dice el segundo, Nacho no le estorbó y no le estorba más a nadie. No pide una herramienta prestada para luego no devolverla, no pide plata prestada, no pide fiado en la tienda, no pide regalada una matica pa un remedio, no necesita que le cuiden el lugar en la fila, ni pide boleticas regaladas, no la caga y luego se excusa diciendo que la intención era buena. No sé si el tipo un día dijo, yo no sirvo para servirle a nadie y se hizo a un lado, como quien dice, si no voy a servir, tampoco voy a esperar que me sirvan y me abro de aquí y vivo entre el cafetal sin demandar el favor de nadie. Ese debe ser el triunfo de la independencia, el de no necesitar un favor, el de no esperar la vuelta. Nada de esto tiene por propósito poner en cuestión eso que dice el poema de John Donne: "Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo." Pero lo cierto es que ser una parte del todo sin necesitar de los otros debe ser un triunfo, no sé de qué, pero de algo seguro lo es. 


lunes, 9 de octubre de 2023

Irse, quedando -96

No sé si las personas que se van para el extranjero rezan, lo que me consta es que los que se quedan rezan a diario por los que se fueron.

Las madres prenden velas y velones de esos que trajeron benditos de la iglesia. 

Lo que se busca es que Dios proteja a los que están fuera. 

Ahora, no sé si los que se quedan rezaban por los que se fueron antes de que se fuera, o sea, si rezaban por ellos, cuando esos ellos estaban aquí y los veían y olían y sentía cerca. 

Eso no lo sé. Ahí no me consta nada. 

Supongo que cuando esos ellos que se fueron estaban tan cerca el rezó a Dios era por un nosotros, Qué se dice, Dios, cómo va todo, buena esa, así se habla, bien y mejorando, sí señor, nosotros ahí vamos, con la ayuda suya, claro está y bueno para molestarlo otra vez, para encomendarnos en sus manos, para que nos tenga siempre presentes a todos nosotros, Dios bendito. 

El problema es que cuando se van unos y se quedan otros, ese nosotros se rompe, se divide y queda el nosotros de los que estamos acá y el nosotros de los que están allá, que para nosotros acá es el ellos, como para ellos allá nosotros somos el ellos de acá, entonces si ellos, los que se fueron, rezan piden por ellos, los que se quedaron, nosotros. 

Es raro pasar de un nosotros a un ellos, rezar por mí y luego por ellos y preguntarse por ese nosotros, porque de pronto uno ya no sabe donde queda el nosotros. En dónde ubica el nosotros mi mamá cuando reza, en dónde lo ubica mi papá, en dónde lo ubica mi hermana o mis sobrinos, en dónde lo ubico yo. 

Tal vez si fuéramos ateos, no sería necesario gastarle palabras a esto, sería un tema menos para pensar, un asunto menos que considerar. También creo que cuando uno reza lo hace por muchas más personas de las que cree, por un nosotros que ni ve.  


viernes, 6 de octubre de 2023

Irse, quedando -95

Oiga, mijo, usted se acuerda del escritorio que teníamos en la sala, me pregunta mi mamá, sí señora, le digo, qué pasa con eso. Es que me dio por ponerme a organizarlo y encontré ahí unos papeles suyos y quiero saber si eso se puede botar o si se los guardo para que se los lleve en estos días que venga. Le digo que lo puede botar todo, que si en tanto tiempo no he necesitado nada de ese escritorio debe ser que nada de lo que tengo ahí me importa. Que hay una carpeta muy bonita, de Batman, y que ahí un montón de papeles que dicen proyecto de vida, me dice mi madre, como si estuviera buscando que me antojé de ver esos papeles de nuevo, como si no los quisiera botar, le voy a mandar una foto para que la vea, dice mamá. Le digo que no, que no hace falta, que yo sé de lo que me está hablando y que puede botar todo eso, puros papeles y maricadas de cuando estaba en el colegio. Según mi mamá que ella no sabía que yo venía con esa bobada de ser novelista desde que estaba en el colegio. Le preguntó por qué lo dice y me cuenta que estuvo mirando los papeles de la carpeta y que en una de esas actividades escribí que quería ser un novelista. Le digo que eso es viejo, que ya no importa, que bote todo lo que tenga que botar con toda tranquilidad, que no hace falta que revise. También me cuenta que hay una nota bonita de esa muchacha que me gustaba, de Milena, y le digo que la boté también. Que si todavía es lo que quiero, me pregunta mamá y le digo que no, que con Milena llevo años sin hablar, ya es un mero nombre; me dice que no, que bobo, que ponga cuidado, que si todavía quiero ser novelista. No le respondo y le digo que bote todo y que tengo que colgar y que hablamos luego que tengo muchas tareas por corregir.

Irse, quedando -94

No tengo hijos y no los voy a tener, tampoco los tienen muchos de mis amigos y a muchas de mis conocidas parece que eso las incomoda, no los tienen todavía, pero podría decirse que desean tenerlos, desean ser madres, y dudan porque la idea de albergar en sus vientres a niños de tipos como yo debe espantar y acongojar a miles. 

En la fila para la vasectomía, una propuesta podría cambiar la dedición. 

Si alguien pudiera dar alguna garantía, por ejemplo, a mí me dicen que si decido formar un hogar y ser padre, mi hijo será Messi, obvio Messi ya nació, ya tiene un padre, pero bueno, ese es el ejemplo de la lógica que tendría la garantía. 

Mire, si usted decide ser padre, sin ninguna sombra de duda su hijo será, digamos, tan importante por lo que hará, como lo es Zuckerberg, Mourinho, Shakira, Nadal, Bezos, Ronaldo, King y decenas más de personajes de eso de los que usted se sabe el apellido o el nombre si siquiera querer, esos que son grandes e inspiran. 

Nunca, de ninguna manera, su hijo será un tipo como usted, nunca su hija será una mujer como usted, nunca usted como padre sentirá la vergüenza o la pena que justo usted le ha hecho sentir a su padre. 

Si la garantía fuera esa, yo seguro sería un padre, abandonaría esta tontería de escribir novelas y seguro como tantos correría lejos de este país y buscaría como migrante que ese niño pueda convertirse en eso que la garantía prometió. Pero no existe tal garantía y yo no puedo ser padre porque no tengo ni un cuarto del coraje y la valentía y la entereza y la fuerza que tiene mi papá, yo no podría soportar que un hijo me diga que quiere ser novelista.

jueves, 5 de octubre de 2023

Irse, quedando -93

Cuando uno de mis conocidos o amigos ya calvos me preguntan por lo que he hecho y lo que he conseguido en la vida, respondo siempre lo mismo. A diferencia de ellos, no tengo ni el carro, ni la finca, ni la casa, ni la maestría, ni la esposa, ni los hijos, ni las fotografías de los viajes al extranjero, entonces lo que les digo es que me he dedicado a conserva el pelo bien pegado a la cabeza. Cuando hablamos de pelo puedo yo presumir de abundancia como ninguno, eso he hecho yo, tener mucho pelo. Es una bobada, pero de algún modo con eso se acaba ese deseo de esos conocidos por realizar sus veedurías de lo mío. Podría hablarles de mis libros, pero para qué le habla uno de libros a gente que no lee, también, para qué va a leer un tipo que tiene plata. 

Irse, quedando -92

En la casa paterna, la casa materna, en caso de que esa casa exista, permanecen las fotografías de los hijos colgadas en las salas, las caras de esos que limpian el culo de una viejita a las seis de la mañana de un martes en Valladolid haciendo arcadas, pero con sus expresiones del pasado, esas tiernas e ingenuas de la infancia. No importa que ya estén viejos esos hijos, ni a donde vayan, no importa que estén de cobradores en Rondonía, de tenderos en Guayaquil, de cuidadoras en Turín, de putas en Madrid o Roma, de jíbaros en Londres o París, de ayudantes de construcción en Nueva York o Barcelona, no importa nada de eso, las fotografías siguen ahí acumulando polvo. En algunas casas, además de las fotografías, están también a la vista de cualquiera que llegue, los diplomas enmarcados de esos hijos, bachilleratos, técnicos del Sena o de institutos de garaje, cartones de licenciatura en idiomas, sicología, artes plásticas o enfermería, porque esos hijos que acomodan cajas de dientes de viejitos malolientes en Europa o cargan hierro en grandes obras en Estados Unidos, esos también estudiaron aunque no ejerzan y se dediquen a otras labores. Esas fotografías son en esas casas la celebración de la vida, una vida que nadie sabe cómo debe vivirse hoy y que nadie creía iba a ser vivida de esa forma cuando las hicieron. 

miércoles, 4 de octubre de 2023

Irse, quedando -91

La semana pasada compré tres rifas de un reloj de pared, las están vendiendo a cinco mil pesos cada una, la vecina que las vende y su familia están por todas partes con esos talonarios, necesitan plata para repatriar el cuerpo de un muchacho de 23 años que fue asesinado en México. Otra vecina me dijo mientras esperábamos a que nos despacharan en la panadería, sin que yo se lo estuviera preguntando, que al muchacho lo mataron por gota gota, se había ido de cobrador hacía seis meses. Yo no sé quién es el muchacho, o no me acuerdo de haberlo visto, le conté a mi papá y él supo de inmediato de quién le estaba hablando y que él había comprado seis boletas. Supuse que algo estaba sugiriendo al decirme con tanta claridad que él había comprado el doble de las boletas que había comprado yo, pero no quise decir nada. Según él, con eso de las transferencias y todas esas aplicaciones que se han inventado, lo de vender rifas ya era una operación de alcance nacional. Luego me dijo que fuera al entierro, le dije que yo no tenía tiempo y me dijo que no dijera bobadas y fuera al entierro.

  

Irse, quedando -90

Abrí el correo electrónico para revisar asuntos del trabajo y me topé con un mensaje curioso, por no decir otra cosa, por pereza de buscar la palabra adecuada, podría decir uno de esos tantos editores que me han dicho que lo mío no se puede publicar, pero que siga intentando, y sobre todo y con urgencia, que aprenda a poner comas, eso es lo primero, antes de creer que tengo una historia o de confiar en las anécdotas o de sentir que al mundo le urge conocer mi relato, lo que vale es aprender a poner las comas, mi novela puede ser una copia del capítulo de una serie o la descripción de 30 fotografías robadas de un periódico, eso no importa, lo que importa son las comas. Y no, el correo no es sobre comas, ni tiene las comas mal puestas, porque además es un correo muy corto y muy simple, lo firma Emilio García, me dice que se encontró en un café un libro de cuentos y que en la primera página estaba escrito mi correo, decía que le habían gustado dos cuentos, el del romance entre el cazador de animales de monte y la enfermera de la vereda que se había perdido por el camino cuando regresa al puesto de salud después de terminar una jornada de vacunación infantil y el del señor que era un viejo muerto que se había ido a vivir solo lejos de la carrera y que todos podían ver sin saber que ya no estaba vivo. Ya ni me acordaba yo de la persona a la que le había dado una copia de ese primer libro mío para que la dejara por ahí abandonada en cualquier parte de México. De los varios libros regados por ahí, por fin tenía noticias de uno, una de esas copias había encontrado un lector. Respondí el correo dando las gracias por leer los cuentos y por tomarse el tiempo de escribirme. Ojalá que con la alegría que me dio leer ese correo hubiera podido pagar los recibos, pensé luego, cuando el hecho perdió su novedad.


martes, 3 de octubre de 2023

Irse, quedando -89

Las videollamadas van y vienen entre los que están en el extranjero y los que se quedaron en su suelo. Ni por asomo alguien se detiene a pensar en esas comunicaciones por carta que sostuvieron los que vivieron antes del teléfono o el internet. Ni siquiera esos que van por ahí creyéndose los últimos románticos, mantiene una relación por carta. No sé si mi mamá hablaría con la misma frecuencia con mi hermana si tuvieran que comunicarse por teléfono fijo o por correo electrónico. Eso sí, con tanto desarrollo en el campo de las comunicaciones, el contacto con los amigos y la familia es siempre multimedia y se mezclan las fotografías con las notas de voz y los videos y el texto y las llamadas y las videollamadas, el afecto vivo a través de una máquina de respiración artificial que viene a ser el internet. Luego, tal vez el afecto pueda mantearse vivo a través de la inteligencia artificial y los que están lejos puedan saludar en las mañanas y ponernos al día de su cotidianidad programando a una aplicación que pueda mantener la fluidez mientras ellos siguen con sus vidas y sus tres trabajos y su disfrute de la tranquilidad.

Irse, quedando -88

No podría irme de este país, en caso de que así lo decidiera, sin antes ir de nuevo a la vereda en la que crecí para ver por última vez a Nacho. 

Muchos de los que se van visitan al señor de los milagros o al divino Eccehomo y rezan y se encomiendan, en mi caso sería volver a esa montaña para ver, aunque sea de lejos, esa choza que es casa y fue extrañeza y es ejemplo.  

A veces creo que yo soy como una especie de discípulo de ese señor.

Yo no he decidido aún abandonarlo todo y concentrarme en mí alejándome de la carretera como si lo hizo él, pero cuando él lo hizo tenía tal vez 40 años y yo aún no llegó ahí, tengo tiempo todavía. 

Lo mío tal vez ha sido y sigue siendo la busque da la aceptación de una vida minúscula como opción, aunque ahí tal vez me pierdo porque no sé si lo de Nacho fue una aceptación o una elección, y son dos cosas muy diferentes, o no, es algo que se podría discutir. 

Yo iría de nuevo hasta allá y no me importaría que saliera y se quedara de pie en la puerta sin responder ni el saludo, solo tenerlo al frente, verlo vivo y ahí, sería suficiente.

Una vida exigua, una narración exigua, eso podría ser lo mío y podría incluir la aceptación y la elección. Aceptar que talento mío es muy limitado y que como profesor puedo labrarme un porvenir y elegir escribir para mí y para los cuatro o cinco que estén dispuestos a leer, y celebrar eso sin más quejas ni frustraciones, porque eso estaría bien, porque eso sería tan honesto y limpio como lo que hizo Nacho.

lunes, 2 de octubre de 2023

Irse, quedando 87

El síndrome de Ulises es una muy buena novela, una y otra vez su lectura me ha emocionado y estremecido, aunque su lectura no consigue que las personas que tiene una idea de migrar se queden en su lugar y no emprendan ese camino, tampoco es que tenga que hacerlo, no es para eso que está escrita. Lo de otorgarle esa cualidad fue idea mía y eso hasta debería saberlo Gamboa porque han sido muchas las copias de ese libro que he comprado, nuevas, usadas, piratas. Lo presté y lo regalé en muchas ocasiones, supongo que algunos lo leyeron y que muchos otros deben tener esa copia, por ahí recogiendo polvo. Todavía lo regalo, pero ya sé que nadie va a cambiar su decisión de irse por leer una novela. No sirven para eso las novelas, no sirven para nada las novelas. No sirve para nada escribirlas y para nada leerlas. No es que sea inútil, o incensarías, solo digo que no sirven para nada y el hecho de que uno pueda decidir que una parte de su vida puede estar dedica a eso, a escribir una novela o a leerla, aunque no sirva para nada, me parece lo importante. Leo la novela por el puro gusto de saberme leyéndola y me parece que hay grandeza en eso. También debe haber grandeza en el ejercicio de escribir una novela por el gusto de escribirla, si querer publicarla sin querer lectores, si esperar ser un novelista y esa grandeza todavía me es ajena. Lo cierto es que sigo leyendo El síndrome de Ulises sin saber qué ilusiones hacerme. 

Irse, quedando -86

 Sabe que no se tiene que quedar, cierto, me pregunto una vez Raúl, o sea, usted es consciente de que si quiere salir de allá mañana mismo, acá estoy yo para recibirlo y darle la mano, cierto, lo tiene claro, me dijo Raúl hace un par de meses y me lo ha dicho desde ese día cada que hablamos. 

Para qué se quiere quedar allá, muchos pueden quedarse porque tiene vocación y creen en eso de salvar al país y contribuir con lo que saben, pero usted no, usted no está enseñando porque crea que puede mejorar las cosas, enseña en esa escuela porque tiene que comer, es más, cada que le resulta un trabajo donde pueda ganar más abandona cualquier colegio y se dedica a cuestiones inesperadas, como esa vez que estuvo administrando un supermercado, o la otra vez en la que trabajo de secretario en esa oficina de abogados, entonces no hay razón para quedarse, usted quiere escribir y eso lo puede hacer en cualquier parte, eso me lo dijo Carmen, ella cree que debería salir de Colombia. 

Mi hermana cree que sé si ya no voy a vivir con papá y mamá y tampoco he conseguido mujer, la misma cosa es que me vaya para allá, no es ningún paraíso, es como estar allá, pero mejor, hay como una carga invisible que lo aplasta a uno allá que acá no está, también toca apretar para llegar a fin de mes, pero el cuerpo y la mente están ligeros, esa carga no está, la angustia es distinta. 

Lo pienso, yo lo pienso porque no sé qué hacer, porque sé que el dilema de irme o quedarme no es grave, que lo difícil es decidir, que no vale la pena dedicarle más vida a lo de ser novelista. Que así como los alcohólicos hacen un alto en el camino y se meten a un grupo de AA, yo debería hacer lo mismo, eso sí, cambiaria las cosas, yo no soy escritor, no seré novelista, esos libros autoeditados dan pena y llevar una vida minúscula como un no escritor que acepta su suerte sería más digno. 

Tengo casi 40 años y las huevas descolgadas y la seguridad de que nunca podré escribir una novela de la que me pueda sentir orgulloso, por eso escribo otra cosa, esta libreta de apuntes en la que me despido de la escritura y de las novelas y los cuentos. 

Así comenzaría mi nuevo libro, porque cuando pienso en dejar la escritura atrás estoy también concibiendo un nuevo párrafo de otro libro que también me avergonzará. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...